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Sandunguera

A todos los que creían que Nathy Peluso era una artista de trap, de rap, de música urbana o como queráis llamar a dicho movimiento, la argentina les responde entre sollozos en la primera frase que pronuncia en este  EP: “¡LA CONCHA DE SU MADRE!”.

Y es que Peluso, tras un 2017 cargado de hits de corte urban, patea su propio tablero y en vez de sentir la presión de las miradas al enfrentarse a la publicación de un nuevo material, hace el juego inverso: pone a sus seguidores a descifrar un nuevo código, como sucede con sus letras, cantadas en una especie de argen-spanglish ítalo-cubano que habrán llevado a más de uno a preguntar: “¿qué LA pasa?”.

Lo que nos presenta en “La Sandunguera” es una fusión y confusión entre la performance cantada, la jam session de música negra, la radionovela latina o un single (la de la canción que da título al disco, el único hit, un “jazz latino” que abre un nuevo melón) abrigado de una serie de estímulos en forma de canción en movimiento; como si hubiera cinco canciones que complementen, alimenten y sumen discurso (estético, sonoro, lírico) a la canción que reina como eje conector en el ecuador del EP, como un centro de gravedad permanente que hace ojitos a la música latina, la música urbana contemporánea, las cadencias del soul y el r&b y el particular ‘universo Peluso’, tan cerca de Rita Pavone, Gabriella Ferri y Nina Simone como de Missy Elliott, la Mala Rodríguez o el “The Miseducation” de Lauryn Hill.

Ese cancionero anexo a “La Sandunguera” parece sembrar una sana y rica discordia entre la Nathy de los hits directos y la de los permisos hacia otros estilos. Tanto cuando dedica una canción a la pizza con pepperoni con una base de soul profundo (“Gimme some pizza”), como cuando se acerca al sonido de Fania (“Ma Time”), se posiciona como cantante de blues (“La Passione”), cuando juega a ser una Rita Pavone en casa de Pimpinela (“Estoy triste”) o cuando se viste como una Lauryn Hill del sarcasmo (“Hot Butter”), Nathy Peluso parece decirnos una cosa clara, con tanto de reivindicación personal de la artista sin límites ni etiquetas como de socialmente combativo: “nadie me manda”.

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