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La Casa Azul son uno de los pocos grupos españoles que de no serlo, tendrían más suerte y mejor prensa en nuestro país. Se convertirían, sin dudarlo, en uno de los secretos a voces más cool del mundo, a la altura de maravillas de la talla de Helen Love o Pizzicato Five, otros héroes del recorta y pega, del arte de homenajear a tus ídolos con canciones grandiosas, que detrás de su aparente ñoñez, esconden un conocimiento casi sobrenatural de lo que consiste el pop de verdad, el de toda la vida, ese que dura para siempre y vive ajeno a las modas.

De ahí que “La revolución sexual” sea, más que un disco, el nuevo auto de fe de Guille Milkyway, un auto de fe que vuelve a mirarse en la obra de la ELO, Wizzard y ABBA, máximos adalides del pop más pasado de vueltas, extremo y sin manías, para presentar una colección de canciones de altura. Este Jeff Lynne con pasaporte español sigue en sus trece, en esa forma de entender el pop en que las citas a sus ídolos son constantes, esa en la que el estado de euforia más hortera se da la mano con las tristeza más absoluta, en una fórmula que es mucho más compleja y rica en aristas de lo que parece a primera vista. Como ha pasado con sus maestros, de aquí unas cuantas décadas los discos de La Casa Azul serán un inagotable oasis en el desierto del pop del futuro, y un Milkyway encallecido esbozará una sonrisa sarcástica desde el sofá de su casa. Habrá conseguido su objetivo.

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One thought on “La revolución sexual”

  1. Anónimo dice:

    Superbly ilmnainltiug data here, thanks!

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