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“Mamihlapinatapai” es la palabra más concisa del mundo según Guinness World Records, procedente de la lengua Yagán de un pueblo indígena de la Tierra del Fuego, y describe “una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar“. Una sensación similar a cuando dos miradas reconocen esa canción especial en una abarrotada sala, y nada más importa que los acordes compartidos. También es el título de la primera canción y single de adelanto del último trabajo homónimo de los Holy Bouncer. Y ya me animo yo mismo a decirlo. Cualquier de sus nuevas 11 canciones tienen el potencial para provocarte esta sensación, todas dentro de un álbum más conciso y pausado, donde exploran sonidos más modernos pero sin perder su esencia de rock psicodélico, y consolida a los jóvenes barceloneses a algo más que un grupo de rock prometedor.

Su primer LP, Hippie Girl Lover (Gran Sol, 2016) tiene influencias más claras de la música de los 60 y los 70, con hits muy pegadizos como “Anticipation”, un buen disco debut de rock psicodélico más sucio y anárquico. Si bien es cierto que “Holy Bouncer” (autoeditado, 2018) no tiene quizás ese temazo que lo peta en las listas, tampoco tiene ninguna canción que desentone. 11 temas que funcionan de forma independiente, un álbum que se acerca más a la forma en la que consumimos la música actualmente, por canciones y no por discos. En este nuevo trabajo, han apostado por sonidos más modernos y actuales. Su esencia psicodélica y rockera no se pierde, pero le dan más protagonismo a los sintetizadores y utilizan bases de R&B, al estilo AM de los Arctic Monkeys. No creo que los veamos con traje encima de un escenario, pero su estilo hippie se difumina con este álbum.

Con diferentes matices en cada una de sus canciones, es innegable que se ha perdido un poco la energía de sus primeros temas, un camino que ya se podía entrever en los tres singles que publicaron el año pasado (Coyote, Mightly Mad y Sunrise). Menos ruido y más sonido, una evolución lógica de un grupo con mucha música en su cabeza. Desde canciones con un toque más funky como “Love & Hate” hasta canciones para flotar como “Wednesday Sunset”, e incluso un solo de saxofón en el emotivo final del disco “9th Gate”. Un saxo en Holy Bouncer sí. Ni tan Rolling Stones ni tan Tame Impala. Ya no es tan fácil decir a que grupo te recuerdan, y eso es sinónimo de haber hecho un buen trabajo.

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