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Segador de Almas

Todo comenzó en las profundidades del SounCloud rap, rebuscando entre canales que empezaban a configurar desde la admiración a MC Lars, pionero en esto de samplear temas de post-hardcore, pop-punk o emo en temas de hip-hop, el sonido de lo que luego asentaría y abanderaría un colectivo de chavales de varias partes de EEUU conocido como Gothboiclique (y en el que terminaría militando con el tiempo el fallecido Lil Peep). Precisamente gracias a Peep y a otros artistas que aprovecharon la explosión de la plataforma, como Lil Tracy, XXXTentación, Lil Xan o Lil Uzi Vert, el emo rap, una etiqueta que en definitiva viene a actuar de cajón de sastre o de atrapalotodo para esa mezcla entre un fondo de guitarras arpegiadas y una forma fundamentada en el hip-hop, logró colocarse en las listas de éxitos y reflotar como una corriente mainstream. Lejos quedaban (aunque no tanto; su trabajo no se remonta a más atrás de principios de los 2010) los días más oscuros y minoritarios de nothing,nowhere, y la dirección que el emo parecía haber tomado podíamos encontrarla en el synthpop, una ruta que emprendieron bandas reputadas de la época más reluciente de los 2000 como Paramore o Panic! At The Disco, así que el género daba señas de empezar a atravesar un gran momento de relevancia.

Era cuestión de tiempo que cientos de chavales de todo el mundo, con las posibilidades que evidentemente ofrece internet, se interesasen por ese no tan nuevo sonido y comenzaran a incorporarlo a sus respectivas tradiciones locales. En España los que han estado más rápidos han sido Goa y Pochi. Con sus primeros temas, muy en la línea del estado de la cuestión en 2017, llamaron la atención de Yung Beef y el capo de la escena, que tiene respeto y rodaje de sobra en el mundo del hip-hop, además de firmarles en La Vendición, les sacó a la palestra con un disco conjunto que puede ser, para más inri, la primera piedra sólida del emo rap puesta en nuestra geografía. Y lo más importante de todo: les presentó a Fish Narc. Uno de los miembros más imaginativos e incisivos de Gothboiclique y uno de los más claros responsables de su sonido, sintetizando bien las influencias más grunge de su Seattle natal con el sonido más canónicamente pop-punk/hardcore heredado de Washington y la oscuridad paradójicamente rutilante del punk neoyorquino y llevándolo bien al lenguaje de las 808. Junto a él Goa ha conseguido dar forma a su disco más rotundo hasta la fecha, sin apartar a un Pochi que se mantiene al frente ejecutivo y como segundo productor. Y sigue apuntalando su personalidad artística, de vampiro, confiesa él, entre la oscuridad y un trágico romanticismo, entre la elegancia y la maldición, entre lo ritual y lo obsceno, entre el hedonismo puro y el consumo autodestructivo. De hecho el emo en Goa es más bien hiperestesia, emoción pasada de frenada e intensidad emocional, no tanto depresiones personales e intentos de suicidio. Y las drogas, cualquier tipo (cocaína, licor, MDMA) pero especialmente las antidepresivas (Xanax, Tramadol, Trankimazim), protagonistas recurrentes en el trabajo del de Fuenlabrada, cobran un sentido siempre recreativo o sanador y se alejan de lo autodestructivo.

“Segador de Almas” enseña como nunca todo esto, desde las guitarras pesadas y más cercanas al metal o al hardcore de “Sleepy Hollow” al hit mayúsculo que es “No Tú”, de nuevo de la mano de un inspiradísimo Yung Beef que se hace con el “público” de Goa y lo convierte en su “punto”. Haciendo paradas en estribillos tan “cruel pero cute” como el de “Dinero Verde”, liviana como un dólar; momentos mucho más clínicos y puramente trap como “Drogas” junto al GBC Lil Zubin o la excepción de la regla que es “Más Amor”, una producción más cercana al PC Music en la que Goa cede prácticamente todos los focos a Kaydy Cain y a AC3. Y se hace fuerte en torno al cuidado extremo de la melodía (donde se pueden encontrar referencias a grupos de emo más blandito como blink-182) y a esas guitarras casi seculares, ahogadas en una reverb ampulosa y henchidas de ganas de ocupar todo el espacio disponible, como los órganos en los catedrales, dejando en los arpegios ecos a Jawbreaker (“Hennesy”, “Ciego”) o a baladas emo (“9AM”) y a Sisters of Mercy en sus momentos más afilados.

Pero solo es una mitad de la veintena de canciones que Goa, Pochi y Fish Narc compusieron en apenas un mes y dos viajes, uno del productor de Seattle a la casa de Goa en Fuenlabrada y otro de él y Pochi a su estudio de Nueva York. Inconformistas y prolíficos, seguirán seguramente expandiendo los límites de la zona de confort del género (hacia el post-punk, punk, glam o rock apuntan algunas de las pistas dadas) hasta llegar a un techo que, de momento, no se divisa en el horizonte.

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