Más allá de una falsa justificación, más allá de esa incompleta asimilación del factor edad, más allá de una serie de piezas que encajan por sí solas, “Emmaboda” es el tránsito hacia una nueva muesca vivencial en clave pop, el espíritu de seis en un colchón hasta sus últimas consecuencias. Difícilmente encontrarás un grupo con menos pretensiones, más rematadamente dispuesto a no ahogarse (ni ahogarte) en lo insalubre, a no exigir lo inexigible. Flotando desde el magnífico “Sonreír” y el Ep para "De Paseo hacia otra cosa", efectivamente emparentada con aquellos pero distinta -más agua con soda, menos refresco gaseoso-, “Emmaboda” establece un equilibrio en el que nadie podrá tachar a Vacaciones de demasiado twee, ni de demasiado adultos (mil años y cien viajes iniciáticos no podrían conseguirlo).
“Emmaboda” es un disco con el que arroparse en tiempos de dudas, un camarada amigable que ayuda en las fluctuaciones del sentimiento, del te echaré de menos al suelta los problemas, que sabe bien de sus erupciones y reveses, y está dispuesto a indagar contigo en ellos, amparándose en lo más adecuado para el menester: Canciones y estribillos. El alivio habitual para estas cosas, vaya. Una compañía poco dada a maniobras de riesgo, pero al fin reconfortante.
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