El mundo del pop es cíclico. Lo hemos dicho ya una y mil veces, quizás por eso no nos sorprende del todo que aquello que se conoció como Tontipop haya vuelto a la actualidad gracias, por ejemplo, al sorprendente éxito de las madrileñas Cariño. En todo caso, vamos a echarle un vistazo a los que fueron los años dorados del género para que disfruten por igual nostálgicos y nuevos afiliados al género.

El tercer número de Yoyo, uno de los fanzines musicales más influyentes del underground español de finales de los noventa, incluía un informe sobre el nuevo pop cardíaco español, también conocido, a veces peyorativamente, como Tontipop o Nocilla pop (la versión española del twee pop anglosajón: léase el indie pop de melodías dulces, de sonido destartalado y de unas letras que mezclaban inocencia con pasajes cortavenas). El artículo de Yoyo repasaba una nueva oleada de bandas estatales que abrazaban las melodías yé-yé de los setenta, el amateurismo del indie pop DIY de Sarah y K Records, la frescura de la movida madrileña y un montón de referencias leídas como el donosti sound (Family, Le Mans, La Buena Vida, El Joven Bryan Superstar), Terry Cuatro y los grupos del sello Spicnic (Alpino, Meteoro, Astrogirls) o héroes de culto como Comet Gain y Helen Love.

La escena que explotó con el primer disco de Los Fresones Rebeldes, el ya legendario “Es que no hay manera” (97), dio forma a la segunda ola del indie español de los noventa y significó un soplo de aire fresco que supo mirar más allá de los grandes nombres anglosajones del género (Pixies, The Jesus And Mary Chain, Dinosaur Jr. o The Smiths). Ahora bien, además de oxigenar el indie de aquí, creó para siempre un estilo que a día de hoy sigue vivo y en buena forma. Desde el éxito arrollador de La Casa Azul, hijo de Los Fresones, a la fiebre actual que rodea a Cariño, la influencia del nuevo pop cardíaco español es aún palpable. Para celebrar esta herencia, hemos seleccionado siete canciones y grupos que dieron forma al género. Seguro que nos dejamos unas cuantas, pero es una muestra representativa de un era que fue pura efervescencia pop.

 

Los Fresones Rebeldes – “Al amanecer” (1997)

El himno más famoso del género que, con el paso de los años, ha llegado a convertirse en un clásico del pop en castellano. Los Fresones Rebeldes, con sus dos primeros discos, “Es que no hay manera” y Éxitos 99, fueron uno de los grupos estrella de Subterfuge. En Los Fresones militaban dos de los cerebros más privilegiados del pop patrio: Felipe Fresón y su background mod y sentimental, y las maneras punk y la ironía de Miguel López. De la colisión de esas dos maneras de entender el arte de hacer canciones, surgió una alquimia única que dio forma a uno de los mejores grupos de pop españoles de la historia. Por cierto, “Es que no hay manera” incluía versiones de La Mode y El Joven Bryan Superstar, y el primer single en vinilo de Los Fresones, una de Helen Love: los referentes fundacionales del nuevo pop cardíaco.

 

TCR – “Tengo que beber” (1999)

TCR son la gran banda de culto del género, y fueron los primeros en demostrar de forma más palpable lo oscuro que podía llegar a ser el mal denominado tontipop. En su primera etapa contaron con la ayuda de Felipe Fresón, pero pronto volaron solos. “TCR” y “Paro, siesta, días de fiesta” son discos impregnados de vitriolo que hablan sobre lo jodido de hacerse mayor, la bajona de las relaciones afectivas y todo lo que está mal en el moderneo (a veces con ajustes de cuentas personales). “Tengo que beber” fue uno de sus primeros hits, una canción que detrás de su melodía y aires de pop intranscendente esconde una historia triste y misántropa.

 

Vacaciones – “Poppy Girl” (1999)

Los primeros alumnos aventajados de Los Fresones Rebeldes y uno de los orgullos pop de Murcia. Su fórmula abrazaba el twee pop más emocional y de colorines que llevaba al límite la parte más dulzona del género. Eso sí, también se atrevían con la autodefensa, el verso de “Poppy Girl” que rezaba lo siguiente: “Poppy girl, poppy girl/yo llevo gafas rojas, ¿y a ti qué?/Poppy girl, poppy girl/ y si a ti te molesta…”. Y es que la inocencia del pop piruletero pronto se convirtió en el blanco de los inquisidores musicales. Algo que, tristemente, sigue pasando hoy. “Poppy girl” estaba incluida en “Dani”, un EP de cuatro canciones que, ojo, tenía la primera versión en castellano que se hizo de una canción de los ingleses Heavenly (héroes del twee pop), un “Cool Guitar Boy” rebautizado aquí como “Cool Groupie Boy”.

 

Niza – “Tengo hambre de bombones” (1999)

Silvia y Roberto de Niza fueron unas pequeñas estrellas del género gracias a su dos primeros singles de vinilo para Elefant, los hoy descatalogados “Niza” (con una portada chulísima de Rubenimichi) y “Topolino”. Su hit “Tengo hambre de bombones” es una piedra de toque del género y uno de los hits más frontales del nuevo pop cardíaco español. “No hay nada en el mundo/Que pueda tranquilizar/El insomnio de esta noche invernal/Bajas tú o bajo yo/No hay nada en el cajón/Me pongo calcetines de distinto color/Tengo hambre de bombones/No lo puedo remediar/Tengo antojos y caprichos/que no puedo soportar”.

 

La Monja Enana – “Como Lovecraft” (1999)

La Monja Enana fue una de las bandas más extremas del nuevo pop cardíaco español por su estética y sonido: era un dúo de chico y chica de aspecto normal (parecían dos administrativos grises) que apostaba por el pop electrónico DIY almibarado sin cortapisas. Eran hijos de la parte más tecno pop del sello Spicnic y no tenían ningún tipo de complejos como se puede apreciar en esta actuación para los Conciertos de Radio 3. También era unos adoradores de la cultura pop y de referentes inesperados para una propuesta como la suya. Un buen ejemplo es este “Como Lovecraft”, la primera o una de las primeras canciones pop españolas dedicadas al genial escritor de Providence. Conviene reivindicarlos con urgencia por su atrevimiento y a la vez falta total de pretensiones. Unos héroes de culto.

 

Juniper Moon – “Volverás” (1999)

La mejor banda de indie pop adolescente de la historia, fuera y dentro de nuestras fronteras con permiso de Redd Kross. Su andadura fue relativamente corta y sus canciones, a pesar de tener todo el potencial para ser un éxito masivo dentro del circuito independiente, se quedaron en el estatus de culto. El grupo de Ponferrada debutó con el single “Volverás” en 1999, para luego rematar la faena tres años después con “El resto de mi vida”, un disco de debut en llamas donde repasaban los altos y bajos de la adolescencia con una riqueza poética callejera y costumbrista de aires casi literarios. Debería haber sido un álbum generacional, como el primero de Los Planetas, pero se quedó a las puertas de conseguirlo. El año de la salida “El resto de mi vida” Juniper Moon sufrió un grave accidente de tráfico del que, milagrosamente, salieron ilesos. Ahora bien, algo se rompió ahí y después de eso la luz del grupo se fue apagando poco a poco hasta separarse.

 

La Casa Azul – “Cerca de Shibuya” (2000)

El rey actual del pop cardíaco y emocional, antes de debutar de forma oficial en esto de la música, era uno de los fans que iba a ver en directo a Los Fresones Rebeldes, TCR y a los grupos de la escudería Elefant que se dejaban caer por Barcelona. Su leyenda empezó en el 2000 con la edición de “El sonido efervescente de La Casa Azul, un mini-lp que contenía un buen puñado de canciones que los fanzineros de la época conocíamos ya gracias a sus dos primeras y hoy codiciadas maquetas en CD que venían acompañadas con unos sobres de Tang de Naranja y de Limón. “Cerca de Shibuya” se convirtió en un clásico instantáneo, y Guille Milkyway, desde hace dos décadas, no solo ha entregado discos brillantes, sino que se ha convertido en el mentor de un montón de grupos jóvenes afines a su ideario del pop total.