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Los Oh Sees parecen no perder el pulso por muchos discos que saquen, y aunque algunos fans cenizos temíamos que tendría que ocurrir por fuerza algún día, ése no ha sido el de la publicación de “A Weird Exits”. Es cierto que algunas ideas empiezan a repetirse ya demasiado (no sólo respecto a otros discos, también dentro del mismo: las colas de los estribillos de “Dead Man’s Gun” y “Plastic Plant” usan exactamente las mismas notas), pero para un garage-psych-lover ellos son como esa tortilla de patata que una vez probaste, que te supo a gloria bendita y que difícilmente dejará de gustarte por muchas veces que te la sirvan. Además, aunque la repetición sea una característica idiosincrática del grupo (no olvidemos que lo de Oh See viene de O.C., las iniciales de “obsesivo compulsivo” en lenguaje médico), siempre que John Dwyer y los suyos regresan al estudio saben crear los matices y sensaciones necesarios para dar su color propio a cada nueva entrega.

En esta ocasión los fuzz gordos y aplastantes como planetas (“Ticklish Warrior”), los aullidos cavernarios y las secciones rítmicas cabezonas e infecciosas (“Dead Man’s Gun”) vuelven cortados de serie, pero después aparecen flashes robóticos y pseudocósmicos que empiezan a salpicarlo todo. “Jammed Entrance” deja tus circuitos echando chispas, cuando está a punto de despegar el cohete punk “Gelatinous Cube” sólo falta que suenen golpes de bombo y aquello de I am Iron Man, y la instrumental “Unwrap The Fiend pt.2” y “Crawl Out From The Fall Out” (apúntenla junto a “Lonely Steel Sheet Flyer” de King Gizzard para su próximo itinerario enteógeno) y “The Axis” aportan con audacia el pertinente ciclo místico y reflexivo a la exploración del universo interior.

Para ser sincero cuesta reconocer el hecho de que este sea el primer álbum grabado con dos baterías (en directo sí llevan tiempo haciéndolo), y quizá falten más elementos nuevos como para que “A Weird Exits” te dé la sorpresa del año, pero los discos de este grupo hay que valorarlos teniendo en cuenta lo prolífico que es. Y lo que es más importante para ti, que eres fan: la misma ansiedad, el mismo descenso a las aguas turbias de la mente sigue ahí, tentándote y penetrando canción a canción y mordisco a mordisco, como si cada vez que le dieras al play calentaras un cubo pegado a tus tripas con una rata dentro.

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