Aunque Smooth fuera una de las sorpresas de la temporada pasada en Francia –con su hábil mezcolanza de jazz, soul y pop con sabor a los sesenta y setenta– lo que el público de Razzmatazz quería verdaderamente ayer por la noche era que Yann Tiersen saliera al escenario y demostrara que su último disco en directo “On Tour” (Emi, 06) no es lo que “Idioterne” fue para Lars Von Traer hace casi ya una década. El archiconocido compositor de la banda sonora de “Amélie” decidió después de “Les retrouvailles” (Emi, 05) que quería volver a la intensidad primigenia de las primeras canciones que escribió en su adolescencia (y jamás publicaría). En recientes declaraciones a Les Inrockuptibles afirmaba que quería sustituir la riqueza de los instrumentos acústicos por la sencillez y efectividad de los instrumentos eléctricos: de ahí a la tormenta rock que ayer vivimos en Barcelona sólo había un paso. Con una alineación clásica –dos guitarras (Tiersen empuñaba una), bajo y batería– pero con el toque de distinción que aporta ese instrumento galáctico que es la onda Martenot, Tiersen empezó con la intensa “La Terrasse”, emulando a Dominique A (“Puis d’un coup tout c’est parti, tout s’est effondré”) y continuó con su “Bagatelle”, primer derechazo a “L’absente” (Emi, 01). Después de una versión descafeinada vocalmente de “A Secret Place” (¿quién puede superar a Stuart A. Staples?) el guitarrista Marc Sens sacó su Black & Dekker para perforar “La Perceuse”, inédita contundente. Con un público entregado tanto si sacaba el violín (“La Boulange”, “La Valse d’Amelie”) como el acordeón (“Le Banquet”), Tiersen triunfó con su nueva pose artística –intensa y potente pero un poco aséptica–, con temas nuevos como “La Rade” o “Esther” y hasta con alguna versión poco remarcable como “State Of Shock” (The Ex) o “All We Ever Wanted Is Everything” (Bauhaus).