Miércoles 15 de mayo, aterrizamos después de 12 horas de vuelo en el aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México, y el comandante del avión nos da la bienvenida con el parte meteorológico correspondiente. Anuncia una fina lluvia vespertina, unos primaverales 22° y unas altas cuotas de polución suspendida sobre el valle del Distrito Federal, que ha llevado a las autoridades a activar la alerta climatológica por contaminación – a partir de ahí tema recurrente de conversación con taxistas y camareros – y que, entre otras cosas, recomienda a la ciudadanía permanecer en sus viviendas y evitar excursiones innecesarias a la ciudad. Sin embargo, mi exposición al nocivo aire sí que estaba justificada. Llegaba a la ciudad invitado por el Festival Marvin y no quería desaprovechar la oportunidad de asomarme a la escena musical de una de las mayores urbes del planeta. Además mis pulmones, curtidos en el centro de Madrid, no iban a notar gran diferencia. Sin perder un minuto, y una vez hecho el check in en el hotel, me dispuse a hacer mi primera incursión nocturna por las calles de la preciosa colonia Roma, ahora mundialmente conocida, gracias a la joya cinematográfica de uno de sus más ilustres vecinos, Alfonso Cuarón, y en donde acertadamente la producción del festival, gente encantadora donde las haya, decidió alojarme.

El jueves 16 tocaba asistir a la rueda de prensa donde se presentaba la novena edición de este festival urbano que se desarrolla entre las colonias Roma y Condesa de la capital mexicana. Un encuentro que poco a poco se ha ido consolidando como la cita anual de referencia de la escena underground de este país. Para esta edición apostaron por un cartel ecléctico y exquisitamente seleccionado, al que además de las propuestas locales se suman destacados artistas internacionales como los históricos del post punk británico Wire, el prolífico artista japonés Damo Suzuki o la artista multidisciplinar Lydia Lunch.

Dentro de la variada oferta musical de este año, destaca la numerosa presencia de bandas españolas. Concretamente fueron 11 los grupos de nuestro país que ofrecieron sus directos en los 8 escenarios con que contó el festival (7 salas de conciertos y el escenario al aire libre Parque España con acceso gratuito). Estas bandas fueron: Solo Astra, Arizona Baby, Cala Vento, Kings of the Beach, Biffanah, Los Nastys, Ramos Dual & Jul Navarro, Barbott, El Meister, Gaf y la estrella de la muerte y Bronquio.

El viernes 17 por la mañana era obligado acudir a los speed meetings. Citas de ocho minutos de duración en las que, aunque de manera breve, tuve la oportunidad de conocer un buen número de propuestas de lo más interesantes. Por la tarde el programa de actividades lo marcaron las conferencias en el auditorio de la Universidad de la Comunicación, donde la comitiva española conformada por representantes de la industria musical como Tali Carreto, director del festival sevillano Monkey Week estuvo dando su perspectiva acerca del estado actual de la música independiente de nuestro país. También pasó por allí Carlos Galán, fundador del sello Subterfuge, quien ofreció una conferencia en la que hizo un repaso sobre los 30 años de historia de la mítica disquera por la que han pasado alguno de los nombres más representativos de la historia musical de nuestro país de las últimas décadas.

El sábado 18 era el día deseado para darnos el atracón de conciertos. Más de 60 actuaciones desarrollándose a la vez en espacios distintos de la ciudad. Toda una yincana musical en la que son vitales tres cosas:  El programa de mano con todos los horarios de las actuaciones y las ubicaciones de las salas en un mapa; un patinete eléctrico de esos que abundan ahora en todas las grandes ciudades; y una botella de agua para evitar caer desplomado por deshidratación antes de finalizar la jornada.

Mi periplo de conciertos arrancó en la sala Caradura (Escenario Monkey Week), donde llegué a tiempo para ver el directo de los mexicanos Belafonte Sensacional. Grata sorpresa en directo de una banda  de los que ya había escuchado algún tema pero que, por alguna razón, no había logrado entusiasmarme tanto como cuando los vi derrochando energía sobre el escenario. Frenéticos frente al micrófono, interpretando temas con una cargada jerga mexicana que, por momentos, me recordaron a sus paisanos Café Tacuva pero a ritmo de un folk fronterizo adornado con la dulce melancolía de la trompeta. Lograban trasladarte sin esfuerzo a algún desierto polvoriento del norte del país. Una auténtica maravilla para comenzar la tarde.

Belafonte Sensacional

Mi siguiente plato de este delirante buffet musical  de Pedrina (foto principal). Su música me  esperaba en el escenario al aire libre plantado en mitad del Parque España. Oasis de tranquilidad y sosiego ideal para bajar los niveles de adrenalina alcanzados minutos antes con los Belafontes Sensacional. La colombiana ofreció un concierto emotivo, cargado de una especial conexión con el público. Pop vanguardista con matices electrónicos y alguna que otra canción romántica de las de verdad, como la versión de “Quizás, porqué” de la mítica banda argentina Sui Géneris, con la que logró una atmósfera que invitaba a paseos de domingo por la tarde con la persona amada, todo amor.

A media tarde las actuaciones se iban sucediendo con normalidad y con salas muy animadas llenas de público deseoso de bailar hasta desfallecer. Quizás algún ligero retraso, pero en general todo marchaba según lo previsto por el programa. Mi tour turístico/musical continuaba en la sala Pata Negra (Escenario Red Cola) donde  el beat maker de Afromega calentaba al público con escratcheos y bases de rap old school. Fue entonces cuando nos sorprendió un bocinazo que anunciaba la salida al escenario de la artista mexicana Paola Castillo a.k.a. Afromega. Su rap tradicional y combativo me recordó a la chilena Ana Tijoux, sobre todo por el componente social de sus letras y el elaborado discurso reivindicativo. Otro flechazo de una jornada que comienza a ser idílica.

Vuelvo a la sala Caradura (Escenario Monkey Week) para ver como recibía el público mexicano a Arizona Baby. Viejos conocidos que siguen sonado tan potentes como al principio de su carrera y que, tal y como afirma  su cantante Javier Vielva (actuaba unas horas después como el Meister), siguen emergiendo. Fue precisamente ese  espíritu l que les mantiene siempre frescos, siempre a la vanguardia en su estilo. Country-folk trepidante que desata bailes allá donde va y que se erige como un valor seguro en cualquier festival. Llevaban siete años  sin pisar México y para más de uno la espera no fue en vano.

Arizona Baby

De regreso al Parque España soy testigo del fenómeno fan que desatan los mexicanos The Guadaloops. Un verdadero mar de personas agolpadas frente al escenario esperando la actuación de los de Guadalajara. Superados algunos problemas técnicos la banda arrancó la actuación con el tema “Meta Crush”. Todo un himno coreado por los asistentes de principio a fin, dejando claro el momento dulce que vive el grupo a nivel de popularidad, siendo uno de los nombres consolidados dentro de la efervescente escena mexicana. Tienen como objetivo a corto plazo atravesar el charco para visitar nuestro país. Ojalá concreten una gira pronto, porque son unas de esas figuras imprescindibles dentro de la nueva ola funk mexicana.

Cae la noche del sábado sobre la Ciudad de México y las calles comienzan a ser un hervidero de chavos y chavas que salen a divertirse. Estéticas de lo más diverso conviven en un evento que se presta a ello. Todos estamos peregrinando en busca del concierto perfecto, y yo estaba a punto de encontrar el mío. Pasadas las ocho de la tarde entro a la sala El Departamento y me encuentro con espacio de lo más curioso  de grandes ventanales con vistas a la avenida Álvaro Obregón y ambientado como si realmente viviera alguien ahí una vez terminados los conciertos. Sobre el minúsculo escenario ya está instalada Renata Nieto, cantante de la agrupación ecuatoriana La Torre, un grupo con una propuesta de electrónica intimista con recursos sinfónicos y que recurre al sonido “Andes step” popularizado por sus paisanos Nicola Cruz o Mateo Kingman. Sin embargo ellos lo hacen de forma más sutil, incluso más elegante. Saben explotar muy bien  la mística voz de Renata para completar  una propuesta redonda y con un potencial enorme para despuntar dentro del panorama de la pujante electrónica Latinoamericana.