Lee Ranaldo encontró buena respuesta en una ciudad imprevisible ante este tipo de eventos como suele ser Valladolid, en la que era segunda parada de su actual gira “Solo Acoustic Songs”. Unas fechas en las que, al igual que sucediese con su última entrega discográfica “Acoustic Dust” (El Segell del Primavera, 14), el ex Sonic Youth apuesta por desnudar una serie de canciones incluidas en sus álbumes más recientes –“Between The Times And The Tides” (Matador, 12) y “Last Night On Earth” (Matador, 13)-, ahora defendidas en soledad sobre el escenario.

Ubicado en un entorno tan apropiado para este tipo de presentación como el Centro Cultural Miguel Delibes, el neoyorquino anticipó con extremo cuidado el significado de las piezas seleccionadas para la velada, antes de ejecutarlas de manera impecable y, sobre todo, favorecedora proximidad. En realidad lo de Ranaldo podría ser un falso acústico, con el autor sirviéndose de un buen número de pedales y efectos que añadir a su colección de guitarras, hasta completar un arsenal con el que mutar la forma de esa rabia interpretativa latente en sus conciertos eléctricos. Porque la visceral ejecución del músico sigue presente, siempre intentado emerger a través de una intensidad que resulta voluntariosamente contenida en cortes semi-despojados de sus elementos originales y crecientes (a cambio) en honestidad. De este modo, composiciones como la inicial “Home Chds”, “Last Night On Earth”, “Angles”, “Off The Wall”, la versión del “Bushes And Briars” de Sandy Denny, “Lecce, Leaving”, o una “Key/Hole” reservada junto a “Late Descent #2” para los bises resultan tan emotivas como impactantes a lo largo de sus generosos desarrollos.

Una experiencia de noventa minutos ampliamente gratificante por cercanía y sinceridad, que también incluyó algún guiño a esa experimentación sonora de regusto noise que durante décadas fue principal seña de identidad del músico. Y es que la bestia -parte indispensable junto a Thurston Moore y Kim Gordon de la banda paradigma del indie americano en su versión más expeditiva desde los primeros 80- se mostró calmada en apariencia, pero mantiene encendida y a pleno rendimiento la llama de su expresión.