Cass McCombs, entre las sombras
Conciertos / Cass Mccombs

Cass McCombs, entre las sombras

9 / 10
Xavi Sánchez Pons — 16-05-2011
Empresa — The Project
Sala — Razzmatazz 3, barcelona
Fotógrafo — Fernando Ramírez

Ayer tras el concierto de Cass McCombs en el Razz 3 se despejaron algunas de las incógnitas que rodeaban al esquivo músico norteamericano. Primero, debido a la poca asistencia de público, queda claro que McCombs lo tiene difícil para liberarse de la etiqueta de “artista de culto” que le acompaña, y es que, a pesar de tener ya cinco excelentes discos y una carrera de diez años a sus espaldas, aún no ha llegado a calar como lo han hecho otras propuestas afines y difíciles como son las de Will Oldham y Bill Callahan. Segundo, que esa figura de outsider se la ha ganado a pulso y a mucha honra. El concierto del estadounidense en la ciudad Condal fue muy exigente, muy para fans irredentos, y con apenas resquicios de luz a los que agarrarse. En una atmósfera casi de duermevela (McCombs exigió que se apagarán casi todas las luces del escenario), asistimos a un bellísimo e hipnótico pase donde el torturado espectro del californiano paseaba en público sus demonios personales. El cuarteto de canciones que abrió el concierto, “County Line”, “The Lonely Doll”, “Buried Alive”, “Hermit’s Cave”, todas del reciente “Wit’s End”, dejó a las claras que la cosa iba a doler. Luego, con un dominio del tempo alucinante y una contención emotiva al alcance de pocos, McCombs y la joven banda de inadaptados que le acompañaba, con la que tenía una conexión casi de otro planeta, subieron y bajaron la intensidad a voluntad. De “Dropping the Writ” cayeron “Windfall” (una de las mejores de la noche) y “Pregnant Pause”. De “PREfection” un trío ganador formado por “Equinox”, una casi irreconocible “City of Brotherly Love”, y “Tourist Woman”. De su primer disco, “A”, pudimos disfrutar de “Aids in Africa”. Y ojo que de “Catacombs”, su anterior trabajo, nada de nada, dejando claro que McCombs disfruta poniéndoselo difícil al público. También pudimos disfrutar de una canción nueva y muy velvetiana de la que no logramos retener el título exacto. Como era de esperar no hubo bis, pero tampoco hizo falta. El estadounidense demostró en Barcelona que la tristeza y la desesperación pueden ser cosas bonitas, y esa capacidad para convertir las miserias en algo bello, le convierte en un artista único.

Un comentario
  1. “El estadounidense demostró en Barcelona que la tristeza y la desesperación pueden ser cosas bonitas, y esa capacidad para convertir las miserias en algo bello, le convierte en un artista único”. Esa frase es cojonuda, Xavi, es quizá la mejor forma de describir a Cass. Enhorabuena.

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