Grandes canciones y vibrante pasión
Conciertos / Bbk Bilbao Music Legends Festival

Grandes canciones y vibrante pasión

8 / 10
Jon Bilbao — 17-06-2024
Empresa — Dekker
Fecha — 14 junio, 2024
Sala — Bilbao Arena, Bilbao
Fotografía — Stuart MacDonald - MusicSnapper

Muchos momentos destacables y algún que otro pinchazo durante la nueva edición del BBK Bilbao Music Legends Fest, con una selección de bandas locales de lo más atinada, que cumplieron y suscitaron en ciertos momentos similar o superior interés al de las internacionales.

La extremeña Susan Santos —cuya carrera hace tiempo que está abierta a lo internacional— salió al escenario con su habitual formato de trío para descargar su potente blues rock pero algo falló, al menos durante las primeras canciones. Dudosa ecualización y un volumen insuficiente en la guitarra de la protagonista hizo que sonase todo enmarañado, hasta que durante el tercer tema, “What I Want” de su reciente “Sonora”, el sonido comenzó a equilibrarse, al menos hasta cierto punto, y comenzamos a conectar más con la zurda y su propuesta. “Rattlesnake”, “Hot Rod Lady” o “Skins & Bones” —durante la que salió corriendo y bajó a puntear al foso— dieron cierta idea de lo que esta guitarrista y cantante, una especie de Rory Gallagher femenina chutada de rockabilly, es capaz. Finalizó con la certera “Let It Ride” dejando la sensación de que se hubiese disfrutado mucho más en un local pequeño, por la acústica, por la cercanía.

Susan Santos

En el escenario exterior ya estaba arrancando sus motores el grupo bilbaíno Arnau & The Honky Tonk Losers, con siete músicos y mucho y buen country rock que ofrecer, localizado en el único disco corto que han publicado hasta ahora “First Of All”. Algún que otro tema rápido y varios medios tiempos, entre los que se encontraba el maravilloso “The Lonesome Way”, que hizo que la gente se acercase a curiosear. Por momentos una especie de Waylon Jennings con los Allman más country como respaldo, es probable que algunos asistentes se hiciesen fans allí mismo al descubrir a una de las grandes bandas de sonido americano de la actualidad.

Habiendo tenido que lidiar con dos espantadas de uno de sus compositores principales, Mark Olson, The Jayhawks han sabido seguir a lo suyo, evolucionando y sin detenerse. El concierto del viernes de los de Minnesota lo inauguraron con “Waiting for the Sun”, que si ya tenía querencia por el sonido de Neil Young, esta vez fueron más allá anticipando una intro con punteos a lo Young & Crazy Horse y confiriendo una factura mucho más eléctrica que la de la original. Todo lo salvaron como pudieron, como han hecho otras muchas veces, olvidando aquella segunda guitarra y supliendo con elegancia los coros y segundas voces principales entre el batería Tim O’Reagan y la teclista Karen Grotberg. En realidad nada sonó forzado, solo ligeramente distinto. Interpretaron “Smile”, “I’m Gonna Make You Love Me” o “Big Star” de la época sin Olson y tiraron de otros ya clásicos como “Save It For A Rainy Day”, la preciosa “For All The Right Reasons” o el inevitable final con “Blue”, coreado con ganas por gran parte del público.

Tha Jayhawks

Ziin & The Melody Breakers estaban en el exterior tocando versiones que fueron del “Crossroads” de Robert Johnson vía Creem a la bailonga “Miss You” de los Stones, con alguna que otra balada y un tema reggae durante su corto pero interesante pase.

Liderados desde hace más de cuarenta años por la vocalista y guitarrista Chrissie Hynde, los ingleses The Pretenders (foto encabezado) salieron en escueto aunque efectivo formato de cuarteto —esta vez no llevaban teclados— dando una clase magistral de pop rock y demostrando, de paso, que su carrera es sólida y que da para hablar de varios discos muy buenos y un gran puñado de canciones ya inmortales. Abrieron con “Losing My Sense of Taste”, de su disco del año pasado, y a lo largo de hora y media se explayaron entre pasado y presente, siendo muy ovacionados clásicos como “Kid”, “Back on the Chain Gang” o “Middle of the Road”. Cuando la jefa pidió que todo el mundo bailase y comenzaron con la famosísima “Don’t Get Me Wrong” lo que la mayor parte del público hizo fue alzar sus móviles como desvelando que lo que prima hoy día es registrar el momento más que vivirlo intensamente. Excelente tarea guitarrística por parte de James Walbourne (The Rails, His Lordship), con el sonido perfecto para cada canción y creando grupalmente una simbiosis ideal entre pop y rock. Uno de los grandes conciertos del festival.

Sotomonte desplegaron en el exterior su folk duro con bastante rock progresivo y psicodélico, soltando canciones no exentas de crítica social —ya localizadas en su álbum de debut— como “Culture for Vultures” o “Moral Blindness”, unidas a tres nuevas composiciones que, por lo escuchado, prometen, y que verán la luz en su próximo álbum. Folk rock de querencia hippie que conectó con la peña.

Se mascaba la expectación por volver a ver a The Screamin’ Cheetah Wheelies sobre las tablas. No sólo por ser un grupo con mucho culto sino por lo que contaban las crónicas sobre su concierto en Bilbao del pasado año, cuando se reunieron casi veinte años después y ofrecieron, según dicen, un concierto apabullante. No fue el caso durante la madrugada del viernes. Estuvieron demasiado planos durante muchas de las canciones y su sonido de “The Black Crowes pasados por la batidora de Aerosmith” no conectó con el público a nivel general. Canciones que convencían en estudio, como “Magnolia”, “Boogie King” o la esperada “Shakin’ the Blues” sonaron algo deslavadas y sin alma, y eso que el frontman, Mike Farris, va sobrado de chorro vocal y de transmitir con su voz. Desconozco cual fue el motivo, pero no fue un concierto satisfactorio. Cerraron con “Hello From Venus” y a otra cosa mariposa.

The Screamin’ Cheetah Wheelies

Lo del sábado empezó bien, ya desde el principio, en cuanto a sonido y canciones. El cantautor navarro Petti sonó bastante menos folk y mucho mas rock de lo que imaginaba. Acompañado además de su habitual escultor musical, Joseba Irazoki a las seis cuerdas, el repertorio se encendió estimulante e inesperado. Clásicos folkies de su catálogo como “Argia Heldu Da” fueron rockerizados para que encajasen naturalmente en el formato de cuarteto eléctrico, y temas de su más reciente disco como “Zure begia, haien zizare” sonaron como en estudio, es decir, potentes y con verdadera pegada. Algunos sonidos de rock pantanoso ayudaron a arrancar con una sonrisa el comienzo de la jornada del sábado.

El quinteto de Berango The Ribbons ya estaba con su rock enérgico en marcha al salir a fisgonear el escenario situado en la calle. La juerguista “Hey You Baby!!” o la desafiante “Cobardía” fueron algunas de sus balas, entremezclando inglés con castellano, con una banda robusta y una vocalista desatada y pasional.

Canned Heat llegaban un año tarde tras la repentina cancelación de última hora que se sufrió en 2023, así que sus muchos fans estaban esperándoles impacientes minutos antes de aparecer en escena. Ya los había visto en directo unos pocos años atrás, con tres miembros clásicos, y no defraudaron, pero la desconocida formación actual hacía que las dudas sobre su solvencia en escena aflorasen, aunque en realidad fueron infundadas. El batería, Fito de la Parra, formó el grupo hace más de cincuenta y cinco años y ahí sigue, esparciendo el legado de uno de los grandes grupos del blues rock, que tuvo su cima creativa entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Y sus componentes lo saben, por eso tiran de esas canciones en su mayoría. De un modo discreto pero efectivo iniciaron con el clásico “On the Road Again”, mostrando también sus más recientes composiciones “One Last Boogie”, el instrumental “East/West Boogie” y “Goin’ To Heaven (In A Pontiac)”. La mayoría fueron cantadas por el guitarrista Jimmy Vivino, y alguna que otra recayó en la voz del armonicista Dave Spalding. Se van hacia el campo, pensando en Woodstock, con la necesaria “Going Up the Country”, que crea la inevitable ovación del público y en la que la flauta es sustituida por la armónica, y rematan ese tramo del concierto con la vitalista “Let’s Work Together”, la versión de Wilbert Harrison que ellos mismos ayudaron a popularizar hace tantos años. Cierran el set con su ya mítico “Woodstock Boogie”, una jam que lanzaron en el mencionado festival y que aquí adaptaron la letra para dedicarla a Bilbao, cruzándola también con el “Let the Good Times Roll” en pro de tener una buena fiesta de sábado noche. Un concierto en el que se pudo ver a tipos y tipas que venían a ver a “esos hippies de los que aún conservo un disco heredado de mis padres”, a la vez que algunos de esos padres (ahora abuelos) se encontraban en el lugar para rememorar algunos viejos buenos tiempos y recordar que nunca es tarde para disfrutar con el boogie. Y es que nunca lo es.

Canned Heat

El quinteto Nevadah, proveniente de Durango, ya había arrancado con su show cuando gran parte del público comenzaba a acercarse prevenidos por el olor a rock n roll y glam. Mezclando en sus temas propios euskera e inglés, atraparon la atención por su sonido emparentado con Iggy y Turbonegro en temas como “I Fell Alright” y lograron levantar más de un puño con su revisión del celebrado “Suffragette City” de Bowie y sus arañas de Marte.

Ya era hora de ver a Deep Purple sobre un escenario, al menos personalmente, ya que hacía casi veinte años me los perdía por motivos aún no demasiado claros. “Highway Star” abre la veda para el desarrollo del rock progresivo, el hard rock y el proto heavy del quinteto inglés, capitaneado por el miembro original Ian Paice a la batería y los miembros totalmente clásicos, Ian Gillan a la voz y Roger Glover al bajo, en el grupo desde 1969. Gillan no llega a las notas más altas de la canción ni a alguna que otra de otro tema, pero su nivel es notable durante la gran mayoría del repertorio. Tiene setenta y ocho años y entre tema y tema —o en medio— sale a tomar el aire y a enjuagarse el gaznate con propóleo para dar el callo. Y es que lo raro sería que no lo hiciera. Lanzan temas nuevos del álbum que verá la luz este verano, como “Bleeding Obvious” y otras tantas en onda progresiva, y regalan clásicos de su etapa más recordada, como en el caso de “Into the Fire” o “Space Truckers”. Hacen solos de todo lo que se les ocurre, y uno, que no es nada de solos de cuatro minutos en los que el tipo del instrumento se masturba a destajo, traga saliva y escucha, para descubrir que no han sido momentos tan repudiables como podría esperarse. En una de las divagaciones de teclado, Don Airey toca el himno del Athletic para gozo del despierto recinto, que corea como si no hubiera un mañana. Destacable también la labor a la guitarra de Simon McBride, que tenía muy complicado huír de comparaciones con los seis cuerdas pretéritos, pero que sorpresivamente cumplió con creces con su labor. Una intro con el “Green Onions” de Booker T & the Mg’s dio pie para adentrarnos en “Hush”, el primer single del grupo, que en realidad era una versión, y que propició que todo dios corease el “nanananana” de turno. Después “Black Night” y todos para casa. No, mejor no.

Deep Purple

No todos, pues algunos nos plantamos en la zona exterior para que la estimulante música de Kinki Boys explotase ante nuestras narices. El trío bilbaíno cuenta con Marga, bajista de Moonshakers, y dos músicos que vienen de tocar con Loquillo, el batería Vila, y el guitarrista Mikel. Su rock n roll en castellano engancha desde los primeros acordes, con temazos como “Dímelo Tú”, “El País de las Maravillas” o “Voy a Morir”, con un riff que me lleva hasta Dead Moon. Los tres músicos cantan y logran conectar con los asistentes de forma natural.

En realidad lo siento por toda esa peña que abandonó el festival —que no fue poca— al finalizar el concierto que realmente habían venido a ver, Deep Purple, porque lo que se dio a continuación, en el exterior con Kinki Boys y en el interior con Blues Pills, sería de lo más destacable de todo el festival. El cuarteto sueco salió a conquistar y lo hizo sin grandes complicaciones: tres tipos creando una base musical que va del blues al stoner rock y una vocalista, Elin Larsson —ataviada con insinuante vestido azul cielo—, con carisma y voz superlativa que durante una hora nos voló la cabeza sin descanso. Temas que formarán parte de su próximo álbum como “Birthday”, “Don’t You Love It” o el baladón “Top of the Sky”, compartiendo espacio con temas de tremenda pegada como “High Class Woman” o el excelso cierre de “Devil Man”. Más que nada este es un grupo de rock con todas sus letras, con una cantante más que destacable y un show sencillo y efectivo, sin aspavientos pero con lo que realmente importa: grandes canciones y vibrante pasión.

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