Última entrega del diario de la gira de Angelus Apátrida por Asia y Oceanía que firma Paco, tour manager de la banda. El desembarco en Australia, los números de la gira y las conclusiones finales de lo que ha dado de sí el viaje…


Por fin llegamos a Australia, última parada. Lo hacemos muy temprano por la mañana, en el aeropuerto más cercano a Brisbane, Gold Coast. Lo típico, chequeo de visas, que esta vez sí las teníamos perfectamente en regla, un poco de burocracia en la frontera por el tema del tabaco que llevábamos de Taiwan y listo. Precio del tabaco en Australia, 26 dólares un paquete de Marlboro de 20 cigarros.

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Sol radiante, los promotores, Nikita y Phil, esperándonos sonrientes, y aún a pesar de no haber dormido nada, un día libre entero por delante para exprimir al máximo. Tanto que a las dos horas de llegar ya estábamos en una furgoneta tomando unas cervezas camino de nuestro primer encuentro con Koalas y Canguros y una posterior y muy extenuante visita a un parque de atracciones contiguo en el que nos dejamos las últimas décimas de energía que aún corrían por nuestras venas.

Pasamos la noche en casa de Niki y Phil, bebiendo cervezas, disfrutando de un poco de pasta con tomate, escuchando muchísima música y durmiendo sin despertador. Un lujo sencillo que significa un mundo para nosotros en aquel momento.

Cuando nos levantamos aún conseguimos alargar la sensación de haber aparcado el tour durante unas horas y nos escapamos rápidamente a la playa para darnos un baño. Dura poco, tocamos esa misma tarde y en seguida hay que cargar, coger las cosas y volver a la carga..

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Pero todo en Australia se hace fácil. El carácter local, y muy especialmente el de nuestros anfitriones, es muy relajado, muy alegre, muy tranquilo, y todo se hace siempre con una sonrisa. En general, creo que ese es algo que se nos ha instalado en el subconsciente después de esta primera visita, los australianos son gente amable, enormes bebedores de cerveza, y grandes amantes de la música en general. En Melbourne hay más de 50 tiendas independientes adscritas al Record Store Day, es brutal.

Así la cosas, nuestro primer concierto va muy bien, acuden casi 200 personas, vendemos muchísimo merch, mucho más de lo esperado, e incluso estamos lo relajados suficiente como para disfrutar emborrachándonos un poco.

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Llegar a Sidney se convierte en en un tedioso proceso al día siguiente porque hace mal tiempo allí y han tenido que cortar una de las dos pitas de aterrizaje del aeropuerto, lo que obliga a cancelar la mitad de los vuelos que aterrizaban ese día y a recolocar pasajeros, en la medida de lo posible. Al final acabamos consiguiendo volar en dos turnos, primero los músicos, para asegurar el concierto, y luego la crew, que llega justo cuando empezábamos. Hemos cogido infinidad de vuelos desde que salimos de España en abril, y estas horas en Brisbane ha sido el único contratiempo que hemos tenido. Quejarse sería una injusticia.

En Sidney hay aún más gente que el día anterior y además nos hacen sentir en casa inmediatamente. No nos conocían hace unas semanas, pero han venido porque tenían curiosidad. Todo el mundo el flipa con el show y se esfuerzan por hacérnoslo saber, quieren que bebamos y fumemos con ellos, quieren hacerse fotos, quieren darnos las gracias. Volvemos a vender un montón de camisetas y nos quedamos al borde de venderlo todo. Amo Australia.
Algunos dormimos muy poco esa noche, pero preferimos madrugar para ir a dar una vuelta por Sidney, que está amaneciendo. Desayunamos unos reconfortantes huevos benedictinos y tras una hora y media de vuelo recorremos los 1000 kms que nos separan de Melbourne, que está mas al sur, y donde se nota mucho más que el invierno está empezando. Hace frío. Ya casi nos habíamos olvidado del frío.

Tenemos la oportunidad de darnos una vuelta en la zona en la que va a ocurrir el concierto, Collingwood. Es sólo una calle nos encontramos con 4 tiendas de discos.

La sala en la que tocamos es también un hostal. Un sitio muy guay. Sala de conciertos cómoda, bar con billar y comida en un ambiente diferenciado, hostal cómodo en la parte de arriba, beer garten en la parte de atrás y un gran aprecio por el rock y la música en general, que se nota en un montón de pequeños detalles. El concierto acaba siendo el mejor de los tres. Nos avisan de que el público allí es frío. Si, no sé, con nosotros a partir de la tercera canción de volvieron locos, hubo mosh pit, salvaje, cervezas volando, invasiones de escenario… nada que ver con lo que entendemos por público frío. O eso o que les ha encantado el concierto.

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Cuando acabamos de recoger y estamos fumando un cigarro nos damos cuenta del hecho de que ahora ya sí, ahora ya podemos decir que hemos sido capaces de pasear nuestra música por los cinco continentes. ¡Los cinco continentes!. Jamás lo habríamos imaginado. Sentimos que nos invade una cálida sensación de alegría, mucho más poderosa que el cansancio acumulado. Hemos acabado, ¡lo hemos hecho! JO-DER.

Acabamos de subir las cosas y algunos hacemos acopio de los últimos estertores de fuerza y nos vamos un lugar llamado Cherry Bar, en AC/DC Lane. El garito de rock local al que hay que ir. El Wurli de Melbourne. Nos han hablado muy bien y no nos decepciona; la fiesta allí está en todo lo alto para cuando llegamos y nos encanta la mezcla de elementos de los 70 y los 80. La parroquia local parece sacada de un capítulo de “Vinyl”. Nos vamos retirando por grupos a medida que se acerca el amanecer. Los últimos llegan al hotel de mañana.

No se duerme mucho porque las 13:00pm hay programados una serie de conciertos en la sala que queda justo debajo de nuestra habitación y nos despertamos escuchando “The Boys Are Back In Town” a todo volumen.

“Tios, hay tacos gratis abajo para todo el mundo, ¡corred!”, nos grita Phil desde la puerta.

No tardo ni tres minutos en salir de la cama, vestido, hacerme con un maravilloso taco y abrir una cerveza. Nos encanta ese lugar, nos encanta Australia, nos sentimos privilegiados por poder estar haciendo lo que queremos. Afortunadamente, acabamos la gira en un momento en el que todos los astros se alinean.

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ANEXO

Han sido dos meses muy intensos, en los que hemos cumplido un sueño de toda una vida, hacer una gira por todo el mundo. Ha costado mucho trabajo y mucho esfuerzo conseguir cumplir esta ilusión y hemos necesitado, además, tener muy buena suerte y un equipo de gente alrededor que trabajan como fieras.

Lanzarse dos meses a la carretera, yendo por primera vez a tantos sitios, es muy duro y dista mucho de la imagen idealizada que por otro lado tanto hemos disfrutado todos los que amamos la música desde pequeños cuando pensábamos en nuestras bandas favoritas. Lo mejor, la gente que conoces.
¿Merece la pena? Lo explican Ramones en “Touring” mejor que nadie:  “When it’s in your blood, it’s in your blood!”.

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LA GIRA EN CIFRAS

59 días
4 continentes
15 países
37 conciertos
15 promotores
24 viajes en avión
3 viajes en autobús
8 viajes en tren nocturno
10 viajes en tren diurno
1 viaje en barco
2 maletas destrozadas
2 camisetas extraviadas
38 pares de baquetas utilizadas
5 crisis estomacales
46,25 horas de concierto
4,4 horas de sueño/día
2548 cervezas
448 cafés
424 paquetes de tabaco
1640 botellas pequeñas de agua
1,6 comidas diarias por persona
30 juegos de cuerdas de guitarra utilizados
22 hoteles
135 taxis
26 furgonetas
Más de 75200 kilómetros recorridos