Jueves, 11 de septiembre.

No era la primera vez que Howe Gelb y M. Ward pisaban juntos nuestros escenarios. Ya lo habían hecho en una gira por nuestro país hace cuatro años, y cabe suponer que dicha unión les dejó con ese gusanillo de satisfacción necesario para repetir más adelante. Un deseo que se vio materializado de nuevo el pasado viernes 11 de septiembre sobre el escenario del festival Altaveu de Sant Boi de este año, con algo más de desparpajo que de ese buen oficio que se le supone a ambos. Porque si hay algo que supieron transmitir fue la total improvisación de lo que se desarrollaba sobre el escenario. Una ausencia total de pretensiones y unas simples ganas de pasar un buen rato, sin comerse demasiado la cabeza y sin los agobios propios de las giras digamos convencionales. Por ese motivo fue todo un lujo ver a Howe Gelb alternando guitarra y piano, mientras un M. Ward muy concentrado, y pinta de granjero del medioeste americano, intentaba puntear con su acústica los acordes que emanaban del primero. Ambos se fueron más o menos alternando al micro mientras el resto de la banda les servia de apoyo con la ayuda del backline prestado para la ocasión por unos Senior i El Cor Brutal que tocarían más tarde. Por lo visto la organización desconocía que ambos artistas se fueran a presentar con el grupo que normalmente gira con Gelb, y hubo que improvisar sobre la marcha para salvar un bolo que no pasará a los anales, pero que contentó a los dos centenares de seguidores que se habían desplazado para verlos desentrañar juntos una serie de clásicos oscuros del cancionero tradicional de su amada patria. Un broche que vino a cerrarse con una preciosa versión del “A Thousand Kisses Deep” de Leonard Cohen que Howe Gelb presentó jocoso mientras felicitaba a los catalanes por su “día de la independencia” (sic).

Pese a todo cabe decir que personalmente esperaba más de la unión, en especial a la hora de crear un sonido que resultara mucho más envolvente y estuviera a la altura de la pericia instrumental de todos los que estaban sobre el escenario. Posiblemente la máquina se irá engrasando y, aunque sea a costa de perder cierto halo de improvisación en las formas, ganara en profundidad y cierta rotundidad de la que no hicieron gala.

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Por su parte los valencianos Senior i El Cor Brutal salieron con unas ganas enormes de hacernos pasar un buen rato con su rock americano directo y desenfadado, más heredero de las bandas que integraron el NRA de finales de los ochenta que de los grupos de indie-folk actuales. Un despliegue de melodías directas y efectivas que sirvieron de vehículo para desplegar esas historias tan vinculadas a su universo local más próximo, que un Miquel Àngel Landete muy parlanchín se empeñó en explicar. Quizás sobró algo de parloteo para concentrarse más en crear esa bola sónica a lo Replacements que imagino se encuentra entre sus objetivos como banda. Texto Don Disturbios

Viernes 12 de septiembre.

Pocos son los metros que separan el público del artista sobre el escenario. Tres de los platos fuertes de la vigésimo séptima edición del Festival Altaveu de Sant Boi de Llobregat – Sidonie, Joan Miquel Oliver y Nacho Vegas – se subieron al escenario la pasada noche del sábado para presentar sus respectivos últimos trabajos y demostrar a los asistentes sus aptitudes tanto musicales como comunicativas.

El chaparrón que caía horas antes en la Plaça de l’Ajuntament no detuvo a los consagrados Sidonie quienes, vestidos con camisas tropicales y acompañados por luces de neón rosa con sus nombres, vistieron la noche con el sonido más electrónico de su último LP “Sierra y Canadá” sin olvidar los éxitos de rock alternativo de sus anteriores “El fluido García”, “El Incendio” y “Costa Azul”. Derrochando energía y complicidad sobre el escenario, los integrantes de Sidonie demostraban conectar a la perfección con un público que, salvo las primeras canciones, se mostró entregado y receptivo. Tras un “Sierra y Canadá (Historia de amor sincrónico)” que generó los primeros saltos de los más eufóricos y un “Soy la crema” donde Jesús Senra y Marcel dejaron las guitarras para marcarse un baile, Marc Ros bajó del escenario y se subió a los hombros de un seguridad para interpretar “Un dia de mierda” dando tumbos entre la gente que coreaba sin cesar el tema. Con el público ya en su bolsillo, Sidonie mantuvo un ritmo dinámico y eléctrico con “El bosque” o “El incendio” hasta el último de los temas.

Mientras Sidonie cerraban con “Estáis aquí”, en los Jardines Ateneu se empezaba a crear un ambiente algo más calmado. La gente que llegaba poco a poco de la Plaça de l’Ajuntament se encontraba con un Joan Miquel Oliver, al principio un poco apagado, acompañado por su fiel Jaume Manresa (ex miembro de Antònia Font) al teclado y Xarli Oliver a la batería. Si bien los dos primeros temas, “Pegasus” y “Fèmurs”, auguraban un concierto distante y falto de energía, Joan Miquel Oliver decidió animar al público con los ritmos tropicales y electrónicos de “Món vegetal”. Aún así, la impecable interpretación de los LP “Pegasus” y “Bombon mallorquín” parecía no encontrar su sitio entre los allí presentes. Pero las intervenciones cercanas y muy acertadas entre canción y canción por parte del mallorquín acortaron distancias. Una vez hubo corregido al público después de cantar “Final feliç”, y hablado sobre su fascinación por los extraterrestres, el ambiente se hizo más cercano y el artista consiguió llegar con más fuerza interpretando “Bombón mallorquín”, coreado y bailado por buena parte de los asistentes. A medida que avanzaba la noche, Joan Miquel Oliver se iba ganando a los presentes con el mundo onírico y personal de su música y la personalidad carismática y espontánea que evidenciaban sus palabras.

Mucho más fácil lo tuvo Nacho Vegas que, sin esfuerzo previo ninguno, ya contaba con un público totalmente entregado. Aprovechando el Festival Altaveu para presentar su último trabajo “Resituación”, donde presenta posibles vías de movilización ante la crisis, El astruriano tomó el relevo de Joan Miquel Oliver con cierta apatía. Bajo ese flequillo que casi escondía su mirada, Nacho interpretaba agarrado al pie de micro y con poca energía los coreados “Ciudad vampira” o “Adolfo Suicide”. Era notable, pues, el contraste entre la euforia del público y los músicos frente al estatismo de Nacho Vegas, quien parecía moverse del escenario solo para ir a buscar cigarrillos. Aun así, la fiel entrega de los asistentes ante clásicos como “Dry Martini S.A” o “Perdimos el control” y la eficaz interpretación por parte del artista y banda consiguieron maquillar la falta de reciprocidad entre Nacho Vegas y los espectadores.

Si bien los tres conciertos fueron musicalmente más que correctos, la relación con el público se planteó de distintas maneras. Y eso fue lo que marcó la diferencia. La presencia de un joven disfrazado de Freddie Mercury entre la plaza supuso la breve improvisación por parte de Marc Ros y el teclista Edu Martínez de un clásico, “Bohemian Rapsody”, que hizo cantar al público a pleno pulmón. Lejos de la facilidad comunicativa de Sidonie, Joan Miquel Oliver supo agradecer con una agradable y tímida sonrisa y un “Moltes gracis, sou de puta mare” las palmas de la gente al ritmo de “Ecos d’ambulàncies”. En cambio, con el público a su favor, Nacho Vegas se dejó perder con sus escuetas intervenciones y su negativa a un bis aclamado por todos los presentes, quienes decidieron pitarle como muestra de queja. Son pocos los metros que separan al artista del público, pero hay que saber como dominarlos para que no se generen distancias. Sidonie y Joan Miquel Oliver hicieron de esos metros simples centímetros. Nacho Vegas convirtió lo que eran centímetros en kilómetros. Texto Raquel Pagès