El actor y compositor Vicente Navarro lanza su primer largo, Casi tierra (Autoproducido, 2019), en el que propone una interesante mezcla de música tradicional con toques de electrónica. Mestizaje, letras, producción o crowdfunding son algunos de los temas que tratamos en profundidad en esta primera aventura discográfica del artista afincado en Madrid. 


Casi tierra (2019) es tu primer LP, y en él podemos reconocer una fuerte base folclórica de origen sureño-peninsular, con interesantes raciones y detalles más sintéticos o digitales. ¿De dónde bebe esta mezcla de estilos Vicente Navarro? ¿El estilo del disco ha sido buscado intencionadamente o surgió de manera natural? ¿tienes un interés particular por la música de raíz andaluza?
Creo que este disco es el resultado de lo que escucho en mi vida diaria y al mismo tiempo también de una búsqueda de hacer algo que me representara de una manera honesta y con lo que pudiera conectar en el escenario. Para mí era muy importante no traicionarme. Creo que una parte importante del trabajo del disco se produjo antes de empezar a producirlo, no sólo por componer los temas sino por decidir cómo quería que sonasen, ya que eso me representaría. Respecto a lo que comentas de la raíz andaluza, creo que mi interés es más hacia la tradición española y latinoamericana. En ese sentido intenté contenerme y mostrar apenas dos temas con una influencia flamenca más clara, aunque al mismo tiempo fue muy liberador porque conectaba con mis padres, que escuchaban Lole y Manuel en el coche o con mi tío que tenía cintas y cintas de copla al lado del radiocassette.

En este sentido, es interesante destacar las pinceladas sonoras con reminiscencias norafricanas, como es el caso de La orquesta o El puente. ¿Qué intención tiene la inclusión de este tipo de sonidos en tus canciones? ¿Surge de la necesidad de mostrar a los oyentes otro tipo de paleta sonora o es una cuestión de gusto personal?
Mi intención era la de ir más allá. Quería mostrar que somos un país que no puede obviar todos los siglos en los que los árabes estuvieron en España y las influencias que dejaron. El puente es un tema que fue evolucionando mucho con el tiempo. Empezó siendo más pop y acabó acercándose a la raíz en todo ese proceso de búsqueda que comentaba antes. Es curioso porque estaba con un amigo escuchando la instrumental del tema y cantando yo por encima y cuando llegó el estribillo me dijo que qué guay que hubiera metido “in šāʾ Allāh”, que en árabe significa “Si Dios quiere”. Él hablaba árabe pero yo no, y no lo había hecho a propósito. Es genial cuando ocurren ese tipo de cosas y todo acaba encajando aún más, porque la canción habla de depositar la esperanza en algo sobre lo que tampoco tenemos ya el control.

Últimamente ha surgido un rebrote muy interesante de estilos folclóricos tradicionales y minimalistas como es el caso de Los Hermanos Cubero o Lorena Álvarez. Sin embargo, en muchos momentos del disco creo que te sientes mucho más cómodo en el pop de autor, aunque tus letras no sean para nada canónicas de este sentido. ¿Te sientes identificado con este género de artistas? ¿Cuál es para ti la base elemental del estilo con el que trabajas? ¿Sientes la necesidad de poner en valor y, en cierto sentido, difundir este tipo de género musical?
He pensado mucho en por qué se está dando esta explosión hacia la tradición y creo que es una consecuencia del mundo en el que vivimos. Creo que queremos conectar con algo que al mismo tiempo conecte con la gente. Para mí es muy importante llegar a las entrañas de las personas, no quedarme en la superficie, y para eso me sirvo de las letras. Respecto a la base elemental de mi estilo, creo que es colaborar en la creación de una nueva tradición que refleje el hoy, y para mí pasa eso por una mezcla entre la influencia anglosajona, de la que bebo mucho también, y lo que nos toca como pueblo.

Desgranando poco a poco el disco, sí que es cierto que se aprecian constantes guiños y sonidos de origen electrónico; loops, juegos de voces, autotune… pero la incidencia de estos elementos en el peso global del disco es testimonial en muchos casos, al menos en mi opinión. ¿Es el punto de equilibrio que estabas buscando entre un sonido y otro? ¿Has quedado contento con el sonido y producción final del disco? Y como te he preguntado anteriormente, ¿la música electrónica es una inquietud fundamental en tu desarrollo artístico?
Sí. Éste es un disco de guitarra y electrónica, entendiendo electrónica también como la música urbana, los loops, etc… Respecto a si he quedado contento la respuesta también es que sí. Soy muy perfeccionista y trabajé mucho con Eduardo, el productor, con César, el guitarrista y con Carlos, en la mezcla, para conseguir el equilibrio entre los dos mundos. Es cierto que puede parecer que tira más hacia el folclore, pero creo que es porque las letras pesan mucho, y a mí me parece bien. Fue una decisión consciente. Para mí la canción que más representa al disco y a mí es Toro porque creo que tiene el equilibrio justo entre los dos mundos. 

En cuanto al contenido de los textos y la interpretación de ellos, parece claro el enfoque personal de los mismos, pero al mismo tiempo parece estar lanzando un mensaje colectivo desde la propia individualidad, como es el caso de tu primer single, Esternón. ¿Crees en el famoso poder de la música para influir en la conciencia colectiva? ¿Tienen tus textos un componente autobiográfico? Porque otras letras sí parecen basadas en historias ajenas como es el caso de Los dientes.
Desde el momento en que la música consigue generar una emoción en el oyente creo que ya estás influyendo en él y en el colectivo. Por eso me dedico a esto. Respecto a los textos, como dices, a veces son más autobiográficos y otras reflejan historias ajenas que nacen de lo que siento ante lo que veo. Los dientes fue un vómito que refleja la rabia y la pena de todo el sufrimiento que se genera cuando alguien impone su criterio frente al del resto. Me vale para la guerra civil pero también para hoy en día. Creo que todos, los de un lado y los de otro, tenemos la obligación de pensar más antes de actuar. Así los bandos desaparecerían.

A nivel artístico y como actor que eres de profesión, ¿Cómo crees que puede influir esta faceta a la hora afrontar tu carrera como compositor e interprete? Parece obvio que puede resultarte más fácil en este sentido interpretar tus canciones, ¿qué opinas tú al respecto? Y ¿en qué papel te encuentras más cómodo, actor o músico?
Cuando estás interpretando un personaje yo lo entiendo como que desapareces detrás de él. Cuando cantas no es así. He tardado mucho en hacer este disco porque durante mucho tiempo pensaba que no sería capaz de interpretar mis canciones y conectar con la gente. Tenía mucho miedo. Un día eso se rompió y conecté conmigo. Estaba acostumbrado a no ser yo y esto trata justamente de lo contrario. En cualquier caso este disco se llama Casi tierra porque estoy en el camino en todos los sentidos.

Hablábamos antes de la producción del disco, llevada a cabo por ti y Eduardo Figueroa, con mezcla de Carlos Hernández. Me gustaría conocer un poco más de todo el proceso que ha conllevado Casi tierra hasta ver la luz. ¿Ha sido un proceso de grabación complejo? ¿Tenías claro desde el principio la idea con la que querías trabajar o fue cambiando a lo largo del tiempo? ¿Cuál ha sido el peso de Carlos Hernández en el resultado final del disco?
Para mí ha sido un proceso complejo, sí. Empezamos grabando en un estudio pequeño que tenía Eduardo en Alicante y al segundo día de estar allí me quedé sin voz. Esto nos llevó a trabajar solo las instrumentales y dejar la voz para más adelante. La producción fue un proceso complejo porque Edu y yo tuvimos que adaptarnos el uno al otro y aprender a trabajar juntos. Ahí lo pasé mal. Luego leí que Silvia Pérez Cruz y Refree también habían tenido sus más y sus menos y me relajé. A partir de ahí todo fluyó y volvimos a Madrid con una música preciosa. La idea, lo que quería, sin embargo, siempre estuvo muy clara en mi cabeza. Ya en Madrid empecé a grabar las voces en diferentes estudios y ese trabajo se extendió algunos meses más porque teníamos que compatibilizar nuestros horarios, pero me sirvió para que el disco se fuera asentando. Cuando llegó el momento de mezclar, Carlos representaba la visión externa y tanto Edu como yo consideramos que eso era bueno para el proyecto. Además él conectó con el disco enseguida y lanzaba su visión. Luego yo le mandaba mails o iba a su estudio, e íbamos limando y limando hasta que nos gustaba el resultado. Este disco es el resultado del trabajo y el esfuerzo de mucha gente.

Por último, me gustaría conocer tu opinión respecto a la experiencia de llevar a cabo un crowdfunding en los tiempos que corren, supongo que tiene que ser bonito y gratificante recibir el cariño de los mecenas, pero también complicado alcanzar los objetivos planteados a través de este método. ¿Cómo has vivido esta experiencia? ¿Ha supuesto alguna limitación en la gestación final del disco?
¿Qué haríamos si no existieran propuestas como éstas? El crowdfunding sirvió para financiar una parte del disco y fue muy importante porque marcó el punto de salida. Todas las recompensas las hacía yo, y durante unos meses volví a casa de mis padres para ahorrar ese dinero. Intenté pedir una ayuda a la Comunidad de Madrid y después de hacer todo el papeleo me dijeron que si no era autónomo no podía pedirla. Para mí y para tantos artistas (y no artistas) con pocos ingresos es imposible ser autónomos teniendo en cuenta el coste que esto supone. Esto tiene que cambiar ya. Es una cuestión de sentido común y de respeto por la gente que quiere emprender proyectos. Producir un disco y gestionar un proceso así requiere de mucho esfuerzo y dinero. No ayudar desde las instituciones es una manera de despreciar la cultura y por mucho que les cueste aceptarlo, la educación y la cultura juegan un papel muy importante en lo que somos y lo que seremos.