Los irlandeses Villagers afrontan la reválida del segundo disco con ‘{Awayland}’, un trabajo más experimental y visceral que su debut en el que superan sus miedos y renacen de sus cenizas. Su líder, Conor O’Brien’, nos habla de él.

Conor O’Brien es un tipo peculiar. Cautivador al mismo tiempo. Detrás de la fachada de Villagers se esconde un irlandés introvertido, curioso, de tímido sentido del humor y brillantes pensamientos. Sin embargo, en los tres años desde el lanzamiento de ‘Becoming A Jackal’ (2010), Conor se devoró a sí mismo y llegó a sentirse como el peor compositor del planeta. ‘Awayland’ nace, precisamente, de una visión renovada sobre el mundo. “Cuando escuché el disco acabado y pensé en un título, me di cuenta de que había una idea general que se desarrollaba a lo largo de él. Trataba sobre la curiosidad acerca del mundo, del universo, de la manera en que un niño puede verlo, ajeno a estereotipos o ideas preconcebidas. ‘Awayland’ representa esa idea”.

Durante la composición, Conor huyó de su sonido tradicional para dar rienda suelta a la experimentación. Un método de liberación en el que se reencontró a sí mismo. “Hay canciones como ‘Nothing Arrived’ o ‘The Bell’ que eran drum’n’bass en sus primeras demos. Es la vez que más he incidido en la instrumentación, luego las letras llegaron solas. Pasé meses y meses buceando en texturas, sintetizadores y cajas de ritmos, trabajando en todos los arreglos. Llevó mucho tiempo pero fue divertido. Creo que lo volveré a hacer”. El resultado es un álbum dualista que retiene la relajante quietud folk y melódica del debut de Villagers y añade pasajes barrocos que arrasan con la paz creada entre sacudidas instrumentales. “Así es la vida. De repente llega la tormenta y estás jodido”. Pese a todo, ahora Villagers son un grupo feliz. “Pienso que siempre ayuda ser crítico con uno mismo y tratar de no idealizar, pero estoy muy contento con el disco. Estoy orgulloso de él, aunque sé que puedo ir más allá”.