“Ahora soy más sensible que cuando tenía veinte años”
Entrevistas / Rufus Wainwright

“Ahora soy más sensible que cuando tenía veinte años”

Carlos Pérez de Ziriza — 15-07-2020
Fotógrafo — Archivo

Rufus Wainwright vuelve al pop. Lo hace sin rencores y sin deudas, sencillamente por el placer de sentirse rejuvenecer en tiempos de madurez. Eso es lo que destila Unfollow The Rules(BMG, 20), un disco que se sitúa desde ya entre lo mejor de su discografía.

Tras un largo periodo en el que ha estado inmerso en musicar sonetos de Shakespeare, componer un par de óperas y trabajar para otros proyectos escénicos, toda esa miríada de disciplinas que siempre se han considerado como de alta cultura, Rufus Wainwright está de nuevo de vuelta al mundo del pop tal y como lo conocemos. Al menos, tal y como entendemos el pop en sus manos. Obviamente, la experiencia acumulada durante todos estos años se nota en un disco tan complejo, elegante, suntuoso y, por momentos, soberbio como es Unfollow The Rules. Un álbum de madurez absoluta, grabado en Los Angeles y producido por Mitchell Froom, que lidia con los rigores de la mediana edad, con la plenitud vital y creativa de un hombre que tiene cuarenta y seis años, lleva ya casi una década felizmente casado con su marido, es padre de una niña de nueve años y ha vivido prácticamente varias vidas en una misma, ya sea en el plano íntimo o en el artístico. Un detalle: la última vez que un servidor tuvo ocasión de verle en directo, en junio de 2010, Rufus tuvo el detalle de ir informando puntualmente al público acerca del resultado del España/Portugal en el que se dirimía, al mismo tiempo, una plaza para los cuartos de final del Mundial de Fútbol que acabaría ganando la roja. Cuando se lo comento, recuerda el momento, pero –nuestro fútbol se la debe traer al pairo, al fin y al cabo es canadiense– confunde el resultado. Él estaba convencido de que ganó Portugal. La anécdota da para unas buenas risas. Wainwright es generoso y atento, ya sea como artista o como entrevistado. Y este es el resultado de nuestra charla por teléfono.

Se podría decir que este álbum supone tu retorno al pop, algo así como la continuación de “Out Of The Game” (12), después de todos los proyectos en los que has estado metido estos últimos años, ¿no? Al menos tan pop como pueda ser tu música, claro.
Sí, creo que en la superficie forma parte de esa ecuación. Y también en la forma de promocionarlo, ya que me servirá para tocar en festivales, girar mucho, hacer videoclips… Estoy de vuelta a la silla del pop, podríamos decir. Sea lo que signifique el pop hoy en día. Porque si escuchas la radio, no queda demasiado claro. Pero sí, esto es lo que tengo que ofrecer.

“Creo firmemente que, a muchos niveles, estamos en un periodo de la historia en el que se están reexaminando y poniendo en cuestión cosas que llevan ocurriendo desde hace miles de años y se daban por sentadas”.

En una entrevista con El País Semanal, de hace tres años, decías que el pop actual es demasiado comercial y predecible. ¿Lo piensas aún?
Creo que actualmente se está volviendo todo más extraño. Hay unos premios Grammy que son terribles, por un lado, y a veces también sorprendentes. Pero creo que vivimos un momento de ruptura. Cuando ves a gente como Billie Eilish, o a gente como… no sé, Jennifer López o Taylor Swift aún en activo, da la sensación de que no hay un patrón general, una escena homogénea. Sí, el pop ahora es comercial, pero creo que vivimos un buen momento para zambullirse en él.

¿En qué sentido los trabajos que has emprendido musicando sonetos de Shakespeare o componiendo dos óperas han influido en este “Unfollow The Rules”?
La forma en la que funciono es la siguiente: compongo música pop, y luego me canso de todo el proceso de girar y conceder entrevistas, de tratar de aparentar que tengo veinticinco años cuando en realidad tengo cuarenta y seis. Ese ritmo se convirtió para mí en algo irritante. Por eso luego me aventuré a componer dos óperas, que es un trabajo más profundo e intelectualmente desafiante, que puso a prueba mis habilidades como artista. Pero luego empecé a aburrirme rodeado de gente tan mayor (risas), y a cansarme de las reglas tan estrictas por las que todo ese mundo se rige, y sentí que era el momento de volver a la música pop y sentirme joven otra vez, y de reflejar con ello algunas cosas que están ocurriendo en el mundo. Y sí, me doy cuenta de que todos esos proyectos que he emprendido entre medias, entre los dos últimos álbumes pop, para entendernos, han añadido algo a mi creatividad. Mi forma de hacer canciones pop se ha hecho más profunda. Mi forma de hacer óperas también es más asequible. Digamos que es una estrategia que me funciona.

¿Es cierto que el título, “Unfollow The Rules”, es algo que tu hija de nueve años suele decir?
Es algo que dijo una vez, sí. Y me apropié de la frase. Espero que cuando sea mayor no se busque un abogado para demandarme (risas).

¿Crees que hay muchas reglas hoy en día que merecen ser desobedecidas?
Sí, creo firmemente que, a muchos niveles, estamos en un periodo de la historia en el que se están reexaminando y poniendo en cuestión cosas que llevan ocurriendo desde hace miles de años y se daban por sentadas. Especialmente siendo un hombre gay en este momento, es fascinante el hecho de poder casarte y adoptar niños, y poder criarlos. Son cosas que nunca parecieron posibles, y no lo eran cuando yo tenía veinte años. También está cambiando la forma en la que las mujeres son tratadas, afortunadamente. Pero también está, por supuesto, la reacción contraria de los sectores más conservadores. Creo que vivimos un tiempo de cambio, una época muy complicada pero a la vez muy necesaria en cuanto a algunas cosas.

Creo que lo que dices conecta en cierto modo con la canción más sorprendente del disco, “Hatred”, por la temática del odio que refleja, que se aparta del tono general del disco, pero también lo hace a nivel formal, introduciendo sintetizadores.
El álbum se va haciendo un poco más oscuro según avanza su minutaje, y “Hatred” es la pieza que corona esa idea. La escribí en un momento muy intenso de mi vida, lidiando con asuntos muy serios. Por suerte, todo se arregló, pero fue como ganar una guerra particular. Pero tuve que conjurar ese odio para sobreponerme, digamos que el odio se convirtió en un arma que tuve que utilizar para ganar esa batalla. Y este año 2020, en el que hay elecciones en Estados Unidos, noto un espíritu similar, con la gente poniéndose su armadura particular, poniendo sus armas a punto, espero que metafóricamente, claro, y luchando por aquello en lo que creen.

Los sintetizadores de la canción, y diría que también los coros femeninos, me han recordado al Leonard Cohen del álbum “I’m Your Man” (1987).
Vaya, esa es una gran referencia.

No sé si era un trabajo que tenías en mente.
No, no lo tenía en mente. Hay un puñado de grandes voces femeninas en este álbum. En “Hatred” es mi hermana Martha quien canta, siempre intento darle algo de cancha en mis discos. Es como mi arma secreta. También voces de mujer como las de Petra Haden y Jenni Muldaur, que lo hacen estupendamente.

“Los últimos cincuenta años, o más, han sido los más fascinantes en la historia de la música, y creo que no lo estamos valorando en su justa medida”.

Has sobrepasado la barrera de los cuarenta y cinco años, estás casado desde hace casi una década, tienes una hija que se hace mayor. ¿Podría decirse que este es un disco de mediana edad?
Sí, es totalmente un disco de mediana edad. Tengo una sensación como de viejo guerrero, de querer continuar el viaje por la vida, pero siendo consciente de todas las cicatrices acumuladas, y que no tengo miedo a mostrar. Y creo que soy más sensible ahora que cuando tenía veinte años. Sí… prevaleceré, no hay de qué preocuparse (risas).

De hecho, en la hoja de promo del disco comentas que es bueno saber que estás en un buen lugar debido a todo lo que has vivido antes, y no a pesar de ello. Es decir, que eres de quienes piensan que conviene tener bien presente en la memoria todo lo que hemos vivido, y no arrepentirse de nada, porque incluso las situaciones más angustiosas del pasado sirven para explicar quiénes somos ahora, ¿no?
Sí. Bueno, me han ocurrido cosas muy intensas durante toda mi vida, pero cuando echo un vistazo a mi alrededor y veo gente que ha tenido que sufrir una guerra, o que han sido víctimas de abusos sexuales por parte de sus padres. No hay ni punto de comparación. Todas las experiencias intensas por las que he pasado son tratables, digeribles. Hay mucha gente que pasa por experiencias tan dramáticas que nunca las superan. Por eso para mí es posible mirar atrás y hacer un recuento de todo lo que he vivido. Seguro que para otra gente debe ser mucho más difícil.

Es la primera vez que trabajas con Mitchell Froom como productor. ¿Cómo surgió? ¿Eras fan de alguno de sus trabajos para Randy Newman, Ron Sexsmith, Costello, Suzanne Vega o Richard Thompson?
Le conocía y me gustaba mucho su trabajo, tampoco era un fanático de él, pero sí conocía muchos de los trabajos que produjo. Pero lo más importante es que siempre que hago un nuevo álbum, o escribo una ópera, o trabajo en una obra de teatro, he de sentir que desde el primer minuto hay sintonía trabajando. Y con Mitchell fue así, al primer minuto ya estábamos trabajando. Teníamos ideas, acordes, me sentaba directamente al piano y comenzaba a cantar… Una de las lecciones que he aprendido a lo largo de mi carrera es que, colabores con quien colabores, has de ponerte a trabajar con esa persona al segundo de conocerla. Es una cosa instantánea. Ha de ser así. Y me pasó con Mitchell.

¿Cómo fue trabajar también con el histórico Jim Keltner, que toca la batería? ¿O con el también percusionista Matt Chamberlain o el guitarrista Blake Mills, que fue quien fundó a Dawes junto a Taylor Goldsmith?
Son increíbles. Todos los músicos en este álbum son de primera categoría. Trabajé con Jim Keltner en mi primer álbum, hace veinte años. Y fue maravilloso volver a esa mentalidad. Es curioso lo que ocurre con este disco, porque hace veinte años, cuando edité el primero en Los Angeles, era muy normal meterte en el estudio con los mejores músicos disponibles, gente como Jim Keltner, y en estudios enormes como los Ocean Way. Todo eso formaba parte del proceso. Ahora, es increíblemente especial e increíblemente sagrado volver a eso, porque es como algo finiquitado, como parte de una era que terminó. Muchos de esos músicos y de esos estudios están ahora… No quiero decir que sean reliquias, pero remiten a una era que ya pasó. Eso hace que sean mucho más especiales ahora. Y estoy muy contento de haber vuelto a grabar así.

Crees que forman parte de un mundo que se desvanece, ¿no?
Sí, es así, como un mundo que se desvanece. Cuando empecé en este negocio, David Bowie, Bob Dylan o The Beatles estaban en las portadas de sus discos, en las portadas de Rolling Stone, en todas partes, pero ahora que son gigantes que empiezan a morirse… Los últimos cincuenta años, o más, han sido los más fascinantes en la historia de la música, y creo que no lo estamos valorando en su justa medida.

El disco lo has grabado en los estudios Sound City de Los Angeles, al igual que el primero. ¿Ha sido como una forma de cerrar el círculo?
Sí, me gusta referirme a este disco como el apoya-libros respecto al primer disco en mi carrera. Entre el primero y este discurre toda mi carrera como cantante y compositor americano de canciones, que empezó en Los Angeles y ahora vuelve a California. Ese sería el primer acto. Por supuesto, me gustaría que hubiera un segundo acto. Y un tercero, claro. Y me gustaría que el próximo acto de mi carrera fuera más europeo. Y hacer cosas mucho más extrañas, inusuales. Pasar un tiempo en Francia, por ejemplo. Lo estoy deseando.

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