“No queramos pregonar tristeza”
Entrevistas / Rolling Blackouts Coastal Fever

“No queramos pregonar tristeza”

Toni Castarnado — 08-07-2020
Fotógrafo — Archivo

Rolling Blackouts C.F. tenían por delante una tarea que acarreaba cierta dificultad y misterio, un segundo disco que marcará cómo y dónde se establecen como banda. Sin perder frescura, como tampoco ese espíritu valiente y combativo, los australianos han apostado por la luz y un pop sin trabas ni complicaciones.

Atendiendo más a los paisajes y a la idea del menos es más, Tom Russo nos descubre las múltiples virtudes deSideways to New Italy (Sub Pop/Everlasting!).

Hola Tom, ¿cómo estás? Para empezar, te quería preguntar cómo estás viviendo la situación del Covid-19.
Ahora bien, todos mucho más tranquilos. Hay mucho control y desde hace un mes, ya nos podemos con amigos, la gante se reúne. Y lo más importante, los cafés están abiertos. En Melbourne hay los mejores cafés del mundo.

¿En serio? Tendré que ir a visitarlos.
Estás invitado. Cuando quieras, merece la pena.

En cuanto a las repercusiones de la pandemia, en lo musical es evidente que va a afectar a mucha gente.
Por desgracia, no podemos hacer mucho al respecto. Al menos, tenemos la satisfacción de tener un disco nuevo. Poco a poco vamos volviendo a una cierta normalidad, están abriendo algunas cosas. Para los festivales de verano habrá que esperar, hay que entender la situación. Hay que esperar a ver qué pasa y cuándo podremos tocar de nuevo.

“Nos importa que lo que hacemos suene bien, pero sin llegar a obsesionarnos. Hay que saber también cuando es suficiente. No queremos perder nuestra esencia”.

Los festivales de música tienen una buena papeleta, veremos cómo se resuelve todo.
Los festivales tienen un negocio que durante años ha funcionado, ha sido rentable. Y creo que lo seguirá siendo. Íbamos a tocar pronto en Primavera Sound, hace dos años tocamos allí, tengo un gran recuerdo. Por otro lado, es importante que exista la cultura de clubs, tiene esa esencia propia: es una experiencia comunal.

¿Con qué formato te quedas? Ya no tanto como músico, también como consumidor de música. Todo esto, siendo conscientes que pueden cohabitar tanto festivales como los conciertos en sala.
Esto es como tener que elegir entre un niño u otro, son tan diferentes entre sí. En el marco de un festival, tienes esa sensación juvenil de vivir una noche de verano rodeado de música, gente guapa, un buen ambiente. Y te permite descubrir bandas a las que de otro modo no llegarías. Cuando era más joven que ahora, hará unos diez años, me encantaba viajar con amigos a lugares en los que había festivales. Era algo icónico para mí, alcanzabas otro nivel de excitación. En cuanto a ver conciertos en sala, es la misma sensación que cuando tocas. Me gusta ver sudar las paredes de las salas… si pasa eso, algo está funcionando bien.

En cuanto al disco nuevo. ¿Qué diferencias ha habido en el proceso de gestarlo?
No muchas. Pero las ha habido. En comparación esto ha sido más profesional. Con más medios y un buen productor. Cuenta que los anteriores los produjimos nosotros. El entorno y las circunstancias eran diferentes. Me excita la idea de no poner techo a tu ambición, pero sin dejar de ser realistas. Hemos entrado en otra fase, va variando el punto de vista. Nos importa que lo que hacemos suene bien, pero sin llegar a obsesionarnos. Hay que saber también cuando es suficiente. No queremos perder nuestra esencia.

La impresión a primera vista es que el disco es más pop.
No sé si más pop, aunque es verdad que suena más pulido. Hemos estado trabajado mucho en el ritmo de las canciones, era importante tratarlo convenientemente. Queríamos escapara de cosas más obvias. Creo que en este disco hay algo más de dulzura, flota en el aire.

¡Es una buena manera de definirlo!
No lo había pensado hasta ahora. Cuando me pregunten a qué suena, les responderé eso.

Siempre ha habido la teoría, sobre todo cuando el debut ha tenido éxito, que el segundo disco es el más complicado de grabar. Hay una presión añadida.
No ha sido del todo así, pero si tengo que ser honesto, algo si había. A ver, al final la presión te la pones tú, quieres hacer el mejor disco posible, sacar lo mejor de ti mismo. Trabajas con la intención de tener una percepción nueva, abrirte a otras direcciones. Así que no tienes una presión real, es la que te impones tú. Pero entiendo lo que planteas, ha pasado muchas veces.

“Cuando grabamos estas canciones, jamás imaginamos que necesitaríamos ese chute de energía vital”.

En “Hope downs” las letras hablaban de desilusión y de la fijación por encontrar el amor. Ahora es pura ficción romántica. O al menos, esto es lo que habéis en la previa a la publicación del disco.
Exacto, esto es pura ficción romántica. La mayoría de canciones son positivas, luminosas. Es un disco esperanzador, no queramos pregonar tristeza. Es un álbum ideal para salir a la calle. La gira del primer disco fue muy dura, al volver a casa nos enfrentamos a una realidad con puntos extraños. Estábamos en un nuevo lugar. Con lo cual, era fácil caer en el cinismo, en la depresión. Por tanto, hemos apostado por celebrar la vida.

En los tiempos que corren, mejor que así sea.
Cuando grabamos estas canciones, jamás imaginamos que necesitaríamos ese chute de energía vital. De alguna manera hubo algo premonitorio.

Te quería preguntar por la escena musical de Melbourne. ¿Hay algún movimiento musical específico que predomine en estos momentos?
Melbourne es una ciudad muy grande, y como en la mayoría de estas grandes urbes, no hay un sonido que domine. Lo que si hay es una sensación muy grande de comunidad. Nos conocemos todos, no hay ese sentido de la competitividad, nos apoyamos mutuamente. Hay una cultura de salas muy potente, se puede descubrir nuevo talento, bandas locales, tenemos facilidades para tocar en cualquier sitio.

De ahí son Amyl and the Sniffers. ¿Os conocéis?
Desde hace tiempo, aunque creo que ellos no son todos de Melbourne, vienen de distintos lugares, finalmente se reunieron aquí. Es una gran banda, están en la línea de los primeros punks australianos, tenían una imagen más redneck, diferente a la que tenemos asociado al prototipo del punk.

Hablando de imagen, ¿le dais más o menos importancia?
Pues no tanto como otras bandas, para nosotros lo importante es hace bien nuestro trabajo que haya buena química. De alguna manera eso se refleja en la imagen.

Me hizo mucha gracia el video-clip de “Cars in space”. Bailáis muy bien.
Era la primera que bailábamos y probablemente sea la última (risas).

Por cierto, grabáis con Sub Pop, un sello histórico.
Estoy orgulloso de estar con ellos. Aparte de por su historia, quienes lo llevan es gente muy maja. Son como una familia, es fácil trabajar con ellos, la mayoría que trabajan son jóvenes con ganas de apoyar a las bandas. Además, tienen todo ese bagaje de lo que vivieron en Seatlle.

¿Eres fan de Nirvana?
Cuando era niño me entusiasmaban. Me gusta el grunge en general, pero en especial Soundgarden. Algo que me seduce de ellos y de los sellos con personalidad, es el logo. Que ese logo en particular esté en tus discos mola mucho.

Por otro lado, defiendes que lo mejor siempre está en las cosas más sencillas.
Así es. No hace falta complicarse tanto la vida. Lo mejor está en reunirte con tus amigos, tocar con ellos, prefiero olvidarme de las cosas más complicadas.

Para acabar, te voy a dar tres nombres de clásicos australianos, AC-DC, Nick Cave, Radio Birdman. Sé que es difícil, pero elige a uno.
Me lo pones difícil… pero me quedo con AC-DC. Representan ese rock clásico, ellos eran mis ídolos. Antes hablábamos de salas pequeñas, de grandes recintos, AC-DC funcionan en cualquier escenario.

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