Este es el disco definitivo de Steven Munar, lleno de confianza y plenitud. Plenitud vital que se traduce en plenitud compositiva en unas canciones que nunca antes habían abrazado tanta naturalidad y sencillez.

A Steven Munar se le intuye sereno, con una actitud más reposada ante la vida y una plenitud vital envidiable. Es por culpa de su radiante nuevo cancionero; algunas composiciones, las más conseguidas de todo su repertorio: por la sinceridad y naturalidad con que se expresa. Contagia vitalidad, por lo qué canta, por cómo canta -más relajado y no tan exaltado que con sus The Tea Servants-, y por la sencillez con que lo hace en “The Language Of The Birds”, su reconfirmación después de “Miracle Beach”, su debut en solitario de hace ya tres años con el que pasó página a unos Servants con quienes llegó a firmar cinco discos. “Me puse a grabarlo un año después del anterior. Después hice un parón, mi hija acababa de nacer. Ha sido un proceso lento. Ahora me gustaría no tardar tanto para el siguiente, ya tengo nuevas canciones y creo que a finales de año podría entrar de nuevo en el estudio”. Plenitud, vitalidad y serenidad se dan la mano en versos de sinceridad paternal como en “And If You Want My Records”, una de las más preciosas canciones. Y es que habrá pocas cosas más bonitas que un padre cantándole a su hija “Si quieres mis discos te los daré todos, así cantaremos juntos”. “Obviamente la paternidad te marca y en las letras he querido transmitir esa sensación de ser padre. De todas formas en mi anterior disco mis letras ya avanzaban hacia una madurez, si así lo quieres decir”. Aquí hay pequeños grandes placeres por los que uno da la vida. “Travelling”, “God Has Helped (Hallelujah)” o “The Sun” redondean un disco en el que, cómo no, aparece Miguel Pérez, su inseparable compañero desde su adolescente aventura con The Walk. No es el único mallorquín, porque en el disco también ha colaborado Xisco Vich de los siempre eternos La Búsqueda, consiguiendo así su mejor obra hasta la fecha, madurado y degustado tranquilamente con el placer de la lentitud.