“Nos encantaría que nuestras letras no tuvieran sentido dentro de diez años”
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“Nos encantaría que nuestras letras no tuvieran sentido dentro de diez años”

Fran González — 26-04-2026
Fotografía — Ismael G. Nicolás

Ya lo dice su bio en Instagram: “Empezamos un grupo y llegó la pandemia”. Aun así, estaba escrito en las estrellas que Carencias Afectivas terminarían encontrando su sitio. Lo hacen ahora, cinco años después de su primer ensayo, con “Qué Mal Momento” (Balaunka/Altafonte, 26), una carta de presentación generacionalmente airada y deliciosamente melódica.

“Es un título que resume prácticamente nuestra andadura hasta el día de hoy”, comienza contándonos Julio Téigell (bajista), haciendo alusión a los escollos y percances que la banda se ha encontrado en el último lustro. “El nuestro fue un inicio atropellado y a trompicones, como el de casi cualquier banda joven sin recursos. Pero decidimos coger el toro por los cuernos, fijarnos en lado bueno de las cosas y sacar fuerzas de flaqueza para ahora, contra todo pronóstico, poder presentar nuestro primer disco. Si nos lo llegan a decir hace cinco años, no nos lo creemos”.

“Si algo tienen nuestras canciones, desde luego, es una intención clara por hacernos reflexionar sobre el presente"

El cuarteto, por supuesto, es consciente de que a estas alturas no es la primera formación en cantar sobre el desencanto juvenil y la quemazón sistémica, temas desgraciadamente recurrentes en el imaginario de nuestro pop independiente. Si existe, en cambio, una intención por parte de sus contemporáneos de idealizar la penuria, Téigell lo tiene claro: “Hacer arte sobre el contexto histórico que te ha tocado vivir no implica necesariamente estar romantizándolo”, explica. “La Movida Madrileña surgió como respuesta festiva a una dictadura, y ahora, como respuesta a este momento de pluriempleo, ansiedad y clase política decepcionante, han surgido estas bandas que cantan sobre precariedad y hartazgo. A través de la música lo único que tratamos de hacer es protestar e intentar entender el momento que nos ha tocado vivir, pero en absoluto creo que haya una intención calculada de embellecer el drama”.

Con su portada, protagonizada por cuatro animales de peluche hechos polvo, y algunas de sus letras (“Me voy a vivir a Campoo de Suso para no tener que oír lo que ha dicho hoy Ayuso”, corean en “Un buen montañés”), el disco nos advierte de su afán cronista y de las ganas de sus responsables de cantar sin paños calientes. Es su forma, tan particular como colectiva, de constatar un evidente fallo en Matrix. “Nuestros padres tuvieron que currar mucho para darnos la posibilidad de aspirar a una vida mejor que la suya”, apunta Javi Herrero (batería). “Sin embargo, hemos terminado teniendo menos acceso a cosas básicas que generaciones anteriores. ¿Cómo se explica esto?”.

Nosotros no tenemos respuesta alguna que resuelva esta devastadora paradoja; ellos, por lo pronto, se valen del humor y la mordacidad para consolarnos. “Nunca llevamos a cabo una labor de contención premeditada cuando se trata de escribir letras”, explica Julio. “Simplemente, preferimos ser irónicos y dejar ciertas ideas en el aire para que el oyente las complete por sí mismo. Aunque muchas veces bromeamos con que alguien se lleve a lo personal nuestras canciones, porque eso, en el fondo, sería una publicidad brutal. No hay paid media que te ofrezca una campaña similar, vamos”.

Entretanto, el aval de este disco les llega por parte del laureado trío que firma su producción, Carlos Elías, Benito Casado y Pablo Fergus, aka los chicos de La Cafetera Estudio (asilo creativo para bandas como Amaral, Sexy Zebras, Alcalá Norte, Dharmacide y muchos nombres más). “Creo que, al principio, a Carlos [Elías] no le gustamos mucho”, cuenta entre risas Juan Casado (vocalista). “Había mucho batiburrillo en nuestros referentes y encontrar coherencia ahí nos llevó tiempo. El buen hacer de ellos, que son tres genios, fue determinante en ese sentido”. Pues tal y como explican en sus credenciales promocionales, Carencias Afectivas bebe del imaginario de bandas tan nuestras como Los Planetas, Triángulo de Amor Bizarro o Mujeres, pero también del punk anglosajón y del britpop añejo. Un diálogo transfronterizo e intergeneracional, habitado por el pálpito de las guitarras y la pericia de melodías con protagonismo propio.

No sabemos, por otro lado, cómo concebirán sus respectivos primeros trabajos hoy en día esas citadas influencias suyas. A Julio, Juan y Javi, al menos, sí podemos pedirles que hagan un ejercicio de abstracción y se imaginen la opinión que tendrán de este debut en el futuro. “Por encima de todo, esperamos recordarlo como nuestro primer disco, pero no como el último”, bromean. “Si algo tienen nuestras canciones, desde luego, es una intención clara por hacernos reflexionar sobre el presente, así que será interesante comprobar en unos años cómo pensábamos y mirábamos la vida a través de este disco. Pero más allá de lo personal, francamente, nos encantaría que nuestras letras no tuvieran sentido dentro de diez años. De lo contrario, sería muy mala señal para todos”.

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