Qué bello es vivir
Entrevistas / The Antlers

Qué bello es vivir

Luis J. Menéndez — 26-10-2009
Fotógrafo — Archivo

Tras un par de lanzamientos de distribución y repercusión nula, “Hospice”, el primer trabajo propiamente dicho de The Antlers, es una devastadora representación musical de los últimos días de una enferma de cáncer. Con su tono afectado y literario y unos ambientes a caballo de Radiohead y el post-rock, se ha convertido en una de las sorpresas de este 2009.

“Me hubiera gustado saber desde el primer minuto la deuda impagable que iba a contraer contigo”. Son las palabras con las que arranca este “Hospicio”, término en desuso en castellano y que visualizamos en tonos sepia, como si los enfermos terminales y esos peculiares cementerios de elefantes que son los hospitales para moribundos hubieran desaparecido de la faz de la tierra. Espantamos nuestros fantasmas a golpe de disfrute, vivimos como inmortales. En el otro lado, “Hospice” tiene algo de obsceno, de indecente, al convertir en masaje intelectual el dolor más inhumano. Y eso Peter Silberman lo sabía desde el principio. “Cuando empecé a componer el disco creo que estaba preparado para fallar, para que el proyecto no funcionara. En realidad pensaba y me preocupaba mucho que el disco sonara pretencioso o demasiado sobrecargado de emociones, no sabía cómo iba a recibirlo la gente y si me iba a sentir estúpido. Durante la grabación ocurrió de nuevo que tenía buena parte de una canción y no sabía qué hacer para terminarla. Si te soy sincero llegué a pensar que nunca iba a acabarlo, porque había momentos en que las cosas no funcionaban, para nada… Y ahora la buena recepción me ha ayudado a pensar que no estoy totalmente loco y que hacer este disco tenía sentido”. Es lo que tiene enfrentarse con veintipocos años a una obra que se presume magna desde su misma concepción: “Hospice” es un álbum conceptual sobre la progresiva degradación de una pareja a causa del cáncer terminal que sufre ella, que surge como obra literaria y se fue completando durante dos largos años a golpe de guitarras nebulosas en el apartamento del propio Silberman junto a sus dos nuevos compañeros de viaje. “Llegué a New York desde mi pueblo y empecé a grabar canciones. Al principio The Antlers era mi proyecto en solitario pero cuando llevaba un año más o menos en Mannhattan decidí convertirlo en una banda”. La enigmática figura de Silberman, ha desatado todo tipo de comentarios. La leyenda detrás de “Hospice” apunta a que un desengaño amoroso motivó que rompiera con todo y con todos en su pequeña población a hora y pico de New York y se decidiera a lanzarse a la gran ciudad. Lejos de esa imagen de maldito, al otro lado del teléfono lo desmiente con amabilidad y voz entrecortada, como el tímido que no ha dejado de ser. “Creo que todo se ha exagerado un poco. El verdadero motivo de mi mudanza a New York fue que quería hacer música, y toda esta leyenda que se ha generado alrededor creo que tiene más que ver con lo que la gente interpreta en ‘Hospice’ que con la realidad. No huía de nadie cuando dejé mi pueblo”. Un discurso que se desmorona cuando más tarde afirma… “Existe esperanza en este disco. Sí, yo quiero pensar que sí. Es un disco cuyo tema central no es tanto la enfermedad de ella como la desintegración de una relación sentimental. Así que al final la persona que está corriendo con toda la presión, con el abuso emocional, se queda liberada cuando la otra muere y puede moverse hacia delante y seguir viviendo. De hecho para mí si algún valor tiene este disco es ese: el seguir adelante dejando atrás todo lo malo. De ahí viene la esperanza”. Se lleva de cuajo como un bulldozer el ideario romántico de Occidente construido durante siglos, y no resulta difícil leer entre líneas y entender esta colección de canciones como un ajuste de cuentas personal, una particular y dolorosa ascensión a la cumbre en la que las mochilas deliberadamente se han ido quedando por el camino. La pregunta que me hago es hasta qué punto no seguirá persiguiéndole “Hospice” en forma de fantasma del pasado. Como al protagonista de su epopeya cuando en el Epílogo se despierta en la cama sudoroso, después de que la imagen de ella vuelva a hacer acto de presencia, esta vez en sueños. “Vuelves a mí por la noche y yo estoy demasiado aterrorizado para hablar”. Realmente ¿hay esperanza de un mañana mejor?

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QUE BELLO ES VIVIR
Entrevistas / Perry Blake

QUE BELLO ES VIVIR

Joan S. Luna — 24-03-2000
Fotógrafo — Archivo

Perry Blake anda últimamente luciendo un teñido rubio algo deslucido. Pero, aparte de eso, pocas cosas han cambiado desde su primer y homónimo. Quizás que ahora ande en manos de Naïve, un subsello de la mayor con cuartel general en nuestro país vecino, con quienes ha editado su nuevo álbum “Still Life” (Naïve/Auvidis, 2000).

Eso no significa que Blake opte por adornar sus temas con frasecillas en francés. Sigue siendo irlandés y eso es algo que, por lo que parece, le enorgullece. De todos modos, “Still Life” no es un disco con patria, sino uno de esos tratados de tristeza, distinción y categoría que uno no debe dejar escapar. Y no porque se trate de una obra maestra, especialmente porque no llega a serlo (aunque “Sandriam” sea un tema descomunal), sino porque a tierno e intimista en lo que llevamos de año no hay quien le gane. Con motivo de la publicación de este trabajo y de una supuesta gira española que no ha llegado a celebrarse, volvimos a entrevistarle telefónicamente. Blake habla pausadamente, entre agotado de la jornada y agotado de la vida, solo que al comentárselo no está nada de acuerdo. Este cantante y compositor a medio camino entre Jay Jay Johanson, Nick Drake y Scott Walker no es una persona triste, aunque nos lo pueda parecer. “En el mundo real soy una persona corriente. La música te permite ser alguien distinto, mostrarte de un modo no exactamente real. Eso sí, nunca podría escribir canciones tristes estando alegre, por eso “No Lullabies” tiene esa emotividad, porque realmente refleja algo que me afectó muchísimo. Esa es una canción que surgió de la muerte de un amigo, al que dedico este álbum” . Supongo, pues, que ese acontecimiento y posiblemente muchos otros hayan cambiado la forma de entender la vida de este irlandés. “Mi vida no tiene porque haber cambiado demasiado, aunque a nivel musical he estado escuchando muchos estilos de música a los que antes no había prestado atención. Eso ha podido influirme de alguna manera, porque soy músico y como tal puedo absorber ideas y progresar de forma incluso inconsciente. Quizás pueda verse algún cambio de este tipo en mis textos. Escribir los textos es importante para mí. A veces las escribo muy rápido, pero en otras ocasiones me tomo mi tiempo. No pretendo ser un poeta, aunque busco que mis letras digan algo, que transmitan. Por eso, es un tema que me interesa mucho. Eso no significa que yo sea una persona triste y que no disfrute de la vida. En lo que estoy de acuerdo es que evidencian que una parte de mí está viva en ellas. De hecho, varios de los textos de “Still Life” están inspirados en mis relaciones con cuatro mujeres distintas” . Por otro lado, aparte de la parte sentimental que evidencian sus respuestas, Blake es un músico y por tanto deberíamos hablar sobre su disco en esos términos. Podríamos empezar hablando de que “Still Life” sigue una línea claramente mimética a la de su anterior obra. “Reconozco que la línea es similar a la del primer álbum, pero yo puedo ver la diferencia con facilidad. Además estoy muy contento con la producción y con las canciones. Me he encargado de todos los aspectos de la producción y eso incluye la sección de cuerdas. El problema es que no puedo escribir música y por tanto lo que hice fue hablar de lo que quería, de las estructuras, pero no podía escribir exactamente lo que buscaba, por eso ha sido muy importante nuestra relación de entendimiento” . Entendimiento que se supone también existió con el ex-Japan Steve Hansen, batería en el álbum y en directo, y con esa fabulosa Francoise Hardy que le acompaña en “War In France”. “Steve toca en el disco y siempre me gustó su trabajo en Japan. Yo toco el piano en el disco, y también en concierto, pero necesito una banda que me apoye sobre el escenario y él es un músico extraordinario. En cuanto a Francoise, me gusta mucho su música. Hace un par de años hablamos después de un concierto y conectamos mucho. Me gusta mucho como se tomó el trabajar conmigo. No es una persona que jamás se haya preocupado por vender discos, sino sencillamente por hacer buenas canciones y eso es algo que la honra” . Pues ya que estamos en Francia, como broche, algo hemos oído sobre una película. “Oh, estoy escribiendo la banda sonora para una película de un director francés, así que habrá noticias mías en no demasiado tiempo. Era una idea que siempre me había gustado y ahora puedo desarrollarla” .

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