De acuerdo con su primera acepción en la RAE, el artista es un “virtuoso”, y de acuerdo con la cuarta, es un “artesano”. Entonces, la pregunta es: ¿Cómo puede un artista hacer música con virtuosidad mediante un proceso artesanal si tiene que sacar una canción al mes, hacer contenido para redes para publicitarla, relacionarse con agentes de la industria para posicionarla y, al mismo tiempo, llegar a fin de mes a base de otro empleo?
Para intentar aclarar esta cuestión hablamos con Metrika y 1111, dos de los fichajes estrella de Universal para este año. En el caso de la primera, la entrevisté por la publicación de su EP “JANE DOE IN THE DREAM HOUSE” y, cuando publicamos la entrevista en abril, ya había anunciado el lanzamiento de un nuevo larga duración. Entre otras cuestiones, la “conejita playboy” declaró: “De normal las cosas no se desinflan porque sí y yo no paro de trabajar. La industria va muy rápido y es muy bueno porque por eso tengo lo que tengo ahora mismo. La industria va rápido, pero yo más”. Además, sobre el tema “Virgen Putita” añadió: “Hay un poco de feminidad súper capitalista y vacía y esto es genial firmando con Universal”. No en vano, estas afirmaciones nos hacen plantearnos: ¿Están abrazando los artistas el modelo de producción capitalista? ¿Quién nos exige más, nosotros o nuestro contexto? ¿Hace falta no parar de trabajar, y por ende tener presencia activa, para que las cosas no se desinflen?
“Es imposible que a todos los artistas se les dé bien hacer TikToks"
Nos responde Fedra, vocalista de 1111 a punto de lanzar su tercer disco –primero con la multinacional– y compositor para cine, televisión y publicidad. “Creo que lo que más abunda es abrazar el capitalismo sin conciencia y sin conocer de verdad la putada que está siendo esto. Mucha gente también se lleva a sí mismo esa frustración y esa falta de respuestas y reciprocidad del consumo. Hay un problema de dinero, de generar dinero de verdad, de dar oportunidades de verdad y dejar de inflar de dinero a puestos. Creo que hay que empezar a ir a los conciertos de verdad y escuchar a los chavales que quieren decir de verdad. Cada vez hay menos casos de un chaval que sale del barrio. Creo que Metrika tiene razón y que hay un punto en el que trabajar y el seguir dando en la tecla perpetúa las cosas y perpetúa una carrera larga, pero hay un punto también en el que la cabeza juega muy malas pasadas y viene cogiendo el ejemplo de Charli xcx. Joder, saca ‘Rock Music’ y la gente se le está tirando de alguna manera al cuello. ¿Cómo te atreves a meterla en el Khia Asylum? Un concepto que es bastante jodido”. En lenguaje de redes sociales, Khia Asylum es esa cárcel metafórica a la que los haters envían a aquellos artistas que, consideran, han perdido relevancia dentro del mainstream o han dado un paso en falso en su carrera.
Los datos reflejan que el ritmo y la frustración tienen motivos. Conforme con el estudio sociolaboral de AIE sobre los músicos en España, de un total de 1.610 encuestados el 44% compatibiliza la actividad artística con otro trabajo y el 84% se dedican a la música sin contrato discográfico. Sin recursos ni apoyo, Internet y plataformas como Tiktok o Instagram se tercian como un puente inevitable en el camino hacia la viralidad. “Es imposible que a todos los artistas se les dé bien hacer TikToks. Hay una movida en la que se exigen unas competencias de saber editar, saber ser gracioso, estar atento… Igual no tienes tiempo para vivir y hacer canciones, que es la base y sustento de todo. La peña que se dedica a esto tiene que bajarle un poco al tema de la viralidad y empezar a hablar de música, empezar a sentir bien los conciertos de verdad y dejar de estar en el camerino metiéndose rayas e hinchándose a copas gratis”, declara Fedra.
Esa “movida” encuentra algunas claves en “Alienación y aceleración: hacia una teoría de la temporalidad en la modernidad tardía” (2010) de Hartmut Rosa. Una de ellas es que hay dos formas muy distintas de construir algo que tenga valor en el tiempo, y están chocando. La primera es la del oficio y la segunda la del algoritmo, donde lo que cuenta no es la profundidad de lo acumulado, sino que estés, que aparezcas constantemente. Para visualizar estas tensiones, Rosa conceptualiza la “rueda del hámster”. Aquí los individuos viven con el miedo permanente de ser excluidos de la rueda por ser demasiado lentos o necesitar descanso sin conciencia de que es el hámster quien mueve la rueda, convirtiendo así la competencia y la aceleración en el motor de nuestro propio sometimiento.
Los músicos necesitan tocar, un “espacio sagrado” como es el estudio para 1111 y no una rueda de hámster abrasiva y figurada. Está en nuestra mano elegir el camino, aunque siempre condicionado por nuestra libertad y contexto.

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