El dúo más inquieto e internacional de nuestro país vuelve con “Wanananai” (Gandula, 13), un tratado musical en el que no existen ni las fronteras estilísticas ni el miedo a dejarse llevar. Y nosotros contentos.

“Este disco es producto de dos años sin tener demasiado tiempo de pensar, sólo tocar y rodar, y acumular ideas en aviones, en trenes o sobre la bici yendo al curro. Eso sí, la grabación ha sido más pensada, pausada y disfrutada, dejando siempre espacios para finiquitar ahí mismo y celebrando cada cagada que, de repente, hace la canción mejor”. Y es que ya se sabe que este par de descerebrados se lo toman todo con mucho cachondeo, pero quizá la palabra madurez sea la que mejor defina un disco como este, mucho más elaborado y cualitativamente superior a lo editado anteriormente. “La intención inicial era buscar sonidos más sintéticos, ritmos con más flow, canciones más cortas e introducir nuevos instrumentos. Al final, cantamos más y nos han salido dos bloques, uno de ‘sabrosura’ y otro de ‘lujo asiático’. Seguimos haciendo canciones de once minutos y siguen siendo imposibles de bailar”.

En definitiva, Za! han sido capaces de romper con todos los moldes posibles. “Algo que nos marca muchísimo a la hora de hacer las canciones es caminar por el pasillo del local escuchando el crossfade de las músicas de los otros locales de ensayo que se mezclan al pasar. Por otro lado, no sabemos hacer todo lo que nos gustaría hacer”. Aunque a buen seguro serán capaces de hacerse un nombre dentro de la cada vez más amplia escena rock experimental europea. “Estos dos años hemos tenido la suerte de tocar en buena parte de Europa, Rusia, Estados Unidos, Canadá y Brasil, y el disco lo autoeditamos en Gandula coeditando con un sello alemán (Discorporate), otro inglés (The Audacious Art Experiment) y otro australiano (Valve). Ser sólo dos nos permite desplazarnos de forma barata. Además, las letras subnormales son igual de subnormales en cualquier país y en cualquier idioma”.