Después de “De polvo y flores” (Warner Music 2013), que les permitió explorar terrenos nuevos hasta la fecha y hacer una interminable gira por gran parte de los festivales y ciudades españolas, Miss Caffeina decidió parar. Darse un respiro. Oxigenarse, a pesar de quienes les desaconsejaban irse porque “a lo mejor al volver otra banda había ocupado su lugar”. El resultado de ese año de silencio ha sido un potente y bailable regreso que bajo el nombre de “Detroit” respira sintes y estribillos redondos al más puro estilo Motown.

¿Por qué este nuevo giro? ¿Estabais escuchando ahora este tipo de música?
Puede ser. Ahora estamos escuchando mucho lo último de New Order por ejemplo. Desde que se publicó nuestro último disco hasta ahora ha salido muchísima música que tira más hacia el rollo música de baile, más encaminada a bailar aunque estés contando cosas que en principio no son para ponerte a bailar. Ese contraste es bastante interesante y en nuestro caso eso lo hemos tenido mucho en cuenta en nuestra música.

Hay muchos grupos que ya usan ese contraste pero al cantar en inglés no se nota tanto. En vuestro caso, cantáis en español. El mensaje es más fácilmente identificable.
Siempre se comete el error de cuando intentas hacer algo más americano, algo con sonido más dance o funky, las letras al final las llevas a cosas más simplistas. Pero hay que hacer un ejercicio de hasta dónde te puede llevar el baile, los sintes y una base rítmica muy rítmica. Un ejemplo es la canción de Robin, “Dancing on my own”, es una canción muy triste, la han dejado sola, pero tú la escuchas y te pones a bailar.

Otro ejemplo puede ser vuestro single, “Mira como vuelo”.
Sí, es una declaración de intenciones. Cada banda tiene su lenguaje y su forma de hacer canciones y de decir las cosas. Y muchas veces caer en lo obvio y ser demasiado explícito a nosotros no nos sale bien, nos sale más hablar más metafóricamente. No pensábamos que iba a ser el single porque queríamos enseñar algo más nuevo, más distinto de lo que habíamos estado haciendo. Pero nos aconsejaron en la compañía y nuestro manager que este era en single y tuvieron razón. Habla de todo lo que hemos vivido estos dos últimos años y que no queríamos que volviese a pasar, quitarnos ese lastre de algunas cosas que han pasado o de gente que ha estado a nuestro alrededor que no nos ha hecho todo el bien que nos podía hacer y después de eso decir: después de vosotros también hay vida y ahora se está mucho mejor.

En vuestro anterior disco contabais que había sido toda una sorpresa poder trabajar con Max Dingel. Ahora volvéis a grabar con él, eso es que salieron bien las cosas ¿no?
Estábamos seguros que íbamos a trabajar con él de nuevo porque sabíamos que no le habíamos sacado todo el partido posible. Hay una canción enlace entre el anterior disco y este que es “Venimos” y queríamos explotar ese terreno más. Es muy difícil encontrar a alguien con el que tengas ese feeling y sobre todo es muy difícil encontrar a alguien con estilo en la producción.

“Cuando te vas un año tienes miedo. Más cuando han intentado sugerirte que tu hueco tal vez será ocupado por otra banda”

¿Cómo ha sido ese proceso de grabación y producción?
El proceso de grabación ha sido más complicado porque decidimos no llevar nada cerrado al estudio. Llegamos y teníamos un set con unos cuantos sintes, una guitarra, una caja de ritmos y a partir de ahí empezamos a montar la canción. Fue muy interesante. Somos muy cuadriculados y fue de lo que pecamos la otra vez y por lo que no pudimos a provechar a Max todo lo que queríamos. En ese sentido, este disco es muy nuestro pero también es muy de Max.

En este disco hay menos guitarras pero las que hay siguen llevando la marca de Miss Caffeina. ¿Es algo que se conserva a conciencia?
Hay una cosa en Miss Caffeina que es muy clara siempre: el contraste de las guitarras con la voz. Yo tengo una forma de cantar muy melódica que contrasta mucho con las guitarras que están muy arriba. Es una cosa que nos sale sola. De todas formas, como dices, y aunque siempre hemos sido un grupo de guitarras y eso siempre va a ser así, en este disco hay menos guitarras y más sintes.

Supongo que aunque haya menos guitarras en el directo sí que cobrarán más peso.
Exacto, luego hay que llevarlo al directo y hay cosas que no se pueden tocar y que lanzaremos. En esta gira hay alguno que cambiará su instrumento por el sinte, pero bueno, las guitarras siempre van a estar porque es una característica de Miss Caffeina.

Parece que siempre se ha tenido ciertos prejuicios a lanzar cosas grabadas en los directos. En vuestro caso, según dices, no tenéis problema en usar ese recurso.
A parte de que hay cosas que es muy difícil tocar en directo no es ni rentable ni operativo llevar una banda de 10 músicos para poder tocar todo el disco. Una vez leyendo un libro sobre la trayectoria de Mecano, que junto a Michael Jackson ha estado muy presente en la grabación de este disco, decían que ellos cuando empezaron a tocar y lanzaban cosas la gente se enfadaba porque no veían los violines que estaban sonando. Pero al final es un error. Tú estás tocando una guitarra y la estás pasando por un procesador u otra cosa que no es la guitarra en sí. Hay que quitarse los prejuicios. Otra cosa sería hacer playback. Obviamente no es igual. Lo importante es hacer un show bueno, que haya una conexión con la gente.
Te tienes que quedar con el sentimiento general que te ha producido el concierto, no si me he equivocado en un acorde o si estoy tocando una cosa u otra. Hay que disfrutar la música.

¿Os da miedo que un sector de vuestros fans crea que habéis perdido aquello por lo que se engancharon a vosotros?
Si siguiésemos haciendo lo mismo después de 5 años seria síntoma de que no nos ha pasado nada, que no hemos escuchado nada nuevo, no hemos crecido…. En Miss Caffeina siempre va a haber guitarras y la voz va a ser la misma. Lo que cambia es todo lo que hay alrededor: la producción, algunos sonidos… pero creo que nosotros admiramos a gente que vive en su momento, en lo que está pasando, como Bowie por ejemplo. Nosotros no somos un grupo de pelotazo, hemos ido poco a poco, y cada disco viene más gente a vernos. Tenemos la sensación de estar empezando todo el rato. Si esto va durar 6 u 8 años que por lo menos sea haciendo cosas que nos gustan y que nos representen en el momento y en el tiempo.

Hablas de las circunstancias que te marcan a la hora de grabar un disco, lo que hay a tu alrededor… Ahora mismo estáis sin batería, Sergio (guitarrista) está en Barcelona, el resto de la banda estáis en Madrid… ¿El rumbo y los objetivos que os fijasteis cuando se creó Miss Caffeina siguen presentes? ¿Quizás por eso se va desligando gente o va llegando gente nueva al proyecto?
Exacto. Es justo eso además. En 2016 va hacer 10 años que nos conocimos. Vas aprendiendo un montón de cómo funciona la industria, una gira, la gente que está a tu alrededor, cuando interesas y cuando no, cómo tomarte las críticas o los halagos. En ese sentido estamos muy como el principio. Pero es verdad que cuando ha habido circunstancias que han perjudicado este sentimiento hemos intentado alejarlo. Como consideramos la música como un proyecto de vida, algo que siempre has querido hacer, cuando te lo tocan o lo intentan desvirtuar dices no. De esto habla en realidad “Mira como vuelo”. Hay muchas cosas que no tenemos claras pero lo que sí tenemos claro es que tenemos una forma muy clara de hacer las cosas. No vamos a dejar que nos impongan nada. Sí que nos guíen, aconsejen… nos cuesta mucho conseguir cualquier cosas para que haya un elemento externo que nos coarte. Me he puesto muy trágico ahora… (risas).

Dices que no sois un grupo de pelotazo pero al tiempo que habéis ido creciendo sí habéis coincidido con grupos que sí lo han sido, o lo están siendo.
Sí, sí. Y que nos han sobrepasado a límites increíbles: nos ha pasado con Supersubmarina, con Izal

“Noto cuando un grupo ha hecho el disco en mitad de la gira. Se nota porque al final no te ha dado tiempo a reposar las canciones, a vivir cosas, a elegir bien”…

¿Y cómo se afronta esto? No sé si genera cierta “frustración” o cierto análisis de a la hora de decir ¿qué estoy haciendo mal?
Tener una banda implica que hay muchos momentos en los que disfrutas, lo vives, lo flipas, pero también hay momentos en los que tú te planteas cosas y dices: ¿por qué esto sí y por qué esto no? ¿Por qué este tipo de público no nos acepta mucho? Intentamos no pensarlo mucho porque eso desdibuja mucho la música pero obviamente sabemos de qué va el rollo. Y también te interesa saber por qué sí o por qué e no. En alguna ocasión sí que hemos pensado, no en plan mal ¿eh?, pero sí hemos intentado analizar qué tienen ellos que conectan más con el público. Porque es un hecho claro. No sabemos si es una canción en concreto, un disco, el momento, ellos como grupo. A lo mejor nosotros nos damos a conocer de una manera que la gente puede pensar: “uy estos, que son un poquito Back Street Boys” (risas).
Pero sí, nos lo hemos planteado alguna vez. Pero supongo que la conexión que tiene cada grupo con su público es diferente. Pero vamos, siempre hay que alegrarse por el éxito de los demás. Por ejemplo, en una compañía, hay grupos como Auryn o Sweet California que lo petan y que venden millones de discos. Esa gente es de Warner, como nosotros, que esa gente venda discos a nosotros nos beneficia porque lo que nos interesa es que Warner funcione y que ellos puedan apostar más por nosotros. Pues esto es igual, que Vetusta Morla, Supersubmarina, Izal… lleguen a tanto público, abre la veda para que haya un montón de grupos medianos, como podría ser el nuestro, que podamos tener visibilidad y tocar en ciertos sitios.

¿Cómo han surgido las colaboraciones con Víctor Cabezuelo, Martí Perarnau y Jorge González?
Todo ha sido súper espontáneo. Víctor es de la banda de Zahara y grabó el disco de Zahara que Sergio produjo y se conocían. Cuando decidimos que queríamos hacer sintes en el disco no se nos ocurrió nadie mejor y él se grabó todo el disco. Martí, de Mucho, es súper amiguísimo de Álvaro, les verás en todos sitios juntos. Álvaro quería hacer su primera canción y se sintió más cómodo haciéndolo fuera del grupo y le ayudó Martí. Hizo “Ácido” y le ha salido un tema increíble. Luego me pidió a mí ayuda para la letra y ha sido así, ha sido una cosa bastante espontánea. Luego a quién sí llamamos fue a Jorge, de Vetusta porque es uno de los mejores percusionistas del país. Con él solemos coincidir en mil sitios también. La verdad es que estamos súper agradecidos.

Tonino (bajista) también se ha lanzado a componer ¿no?
Sí, sí. Esto es ya como George Harrison (risas). En los extras del disco hay una canción suya. Lo que tenemos muy claro es que elegimos las mejores canciones: da igual si la mía no entra, o si la tuya no entra. No hemos mirado a ver cuántas metes tú y cuantas yo. El caso es que sea un buen disco. Estamos encantadísimos de que haya más aportaciones y Álvaro y Tonino se hayan dado a la composición. Ojalá las primeras canciones de Sergio y mías hubieran sido la mitad de buenas que las que están haciendo ellos ahora.

Dices que os quedáis con la mejor canción, pero ¿Quién participa en ese proceso? ¿Cómo lo hacéis?
Pues mira, hay un proceso natural primero. En este caso yo tenía 30 canciones y maquetamos las que claramente nos gustaban a todos. Se quedaron en 17 temas. Hicimos un ranking y fuimos a la compañía. Ellos nunca deciden por nosotros, pero sí nos sugieren. Las que estaban más dudosas sí que hicimos caso de ellos. Ha sido todo muy fácil.

Tú tenías un proyecto en solitario. ¿En qué punto se encuentra?
En punto muerto total (risas). En aquella época (entre el primer y el segundo disco) no teníamos tanto volumen de conciertos y grabé unas canciones en inglés que me apetecía tocar solo. Luego lo odié profundamente. El mundo cantautor no me gusta absolutamente nada. Me parece que me encuentro muy limitado detrás de una guitarra yo solo. Lo que a mí me gusta es otro concepto de artista. Ese rollo a otros les queda muy bien, pero a mí no. Después de sacar el segundo disco tampoco hubo tiempo para recuperar ese proyecto nunca más.

No te imagino sentadito detrás de una guitarra. Y menos después de ver el videoclip de “Mira como vuelo”. Cada vez eres más frontman, en el sentido más carismático de la palabra.
Mola porque yo antes estaba como más cohibido porque hay como un modelo de cantante indie o de grupo indie, y a mí me daba mucho miedo salirme de ahí, supongo que por lo que dijesen. No quería parecer demasiado marica, por ejemplo, y me cohibía. Al final me di cuenta de que la gente lo que quiere es la autenticidad. Si a mí me sale actuar de una manera voy a hacerlo porque eso es lo que nos hace diferentes al final. Pero, estar detrás de una guitarra también tiene sus momentos bonitos. Yo lo odié después, pero el momento de tocar tus canciones con la guitarra con el público en silencio y sentado, es una pasada. Mola vivirlo.

¿Por qué “Detroit”?
La canción evoca una ciudad fantasma porque Detroit en los 70 u 80 tuvo un momento alto y luego cayó en picado. Nos parecía muy evocador ese tipo de ciudad que ha brillado mucho en una época y pero que ahora hay que volver a iluminar de nuevo y comenzar de cero. Creo que el reset ese que hicimos al irnos un año ha sido un poco eso. Al final de la gira anterior nos apagamos totalmente todos, estábamos hartos, no queríamos tocar más, los últimos conciertos los hacíamos como el que hace footing (menos el de la Riviera que estuvo muy guay!), yo tuve hasta problemas con la voz. Eso por un lado y por otro, el sonido de este disco evoca mucho a esa época, a la Motown. Luego, Detroit es una de las cunas del house y en este disco hay canciones como “Lobos” que es totalmente como de Clubbing.

¿Cómo se plantea la presentación del disco?
Pues empezamos directamente en festivales. Hay muchos, y entre medias, en abril, mayo, habrá ciudades y después de verano empezaremos otra vez de gira y al año siguiente salas y luego otra vez festivales. La suerte es que sin haber sacado disco ya teníamos muchos festivales. Y eso es muy guay porque tú cuando te vas un año tienes un poco de miedo. Y más cuando te han intentado sugerir que no te vayas un año porque tal vez tu hueco será ocupado o usurpado por otra banda. Pero no ha sido así para nada. Y es guay porque seguimos sorprendiéndonos.

Pero, a veces es necesario descansar, dar un respiro a la banda y a los fans ¿no?
Total. Yo noto cuando un grupo ha hecho el disco en mitad de la gira. Se nota porque al final no te ha dado tiempo a reposar las canciones, a vivir cosas, a elegir bien… y por otra parte, en la parte personal, joder, es una convivencia muy intensa. Obviamente hay piques, roces, estás irascible sin saber por qué porque al final estás cansado… y eso puede anticipar el final de una relación, al igual que una relación personal. Si nos lo podemos permitir esto lo haremos entre disco y disco porque es lo más sano.