Su nombre aparece en la novela de Maruja Torres: “Mientras vivimos”. No resulta paradójico que HAMLET se hayan convertido en un fenómeno sociológico que trascienda hasta en círculos literarios . El recorrido que ha experimentado una de las formaciones punteras del metal nacional -siete discos y varias giras por Europa y América- no hace sino avalar el tesón que han puesto en esta carrera de fondo. “Hamlet” (Locomotive Music, 02) es su última zancada.

El tiempo es implacable. Se lo come todo. Hasta aquella tiendecilla de discos que pasaba casi desapercibida en los laberínticos pasillos de la Galería Comercial Arenal. Recuerdo como por aquel entonces Mariano –el capo de Metal Star- me recetaba un bálsamo de fierabrás sónico del tamaño de “The Reality Of My Surroundings”, obra cumbre de Fishbone. También predicaba a golpe de aguja y plato las delicias de unos Pennywise aún en estado de virginidad. Las visitas de penitentes del vinilo que recalaban en la tienda estaban a la orden, como si el reducido comercio fuese un confesionario donde purgar los vicios del oído tarde a tarde. Una de aquellas azarosas jornadas de descubrimientos, unos melenudos se hicieron con el mostrador y charlaron largo y tendido con el patrón de la tienda.

“En `Hamlet´ hemos buscado más la canción y el estribillo, algo que habíamos dejado de lado”

“Estos tienen un grupo que se llama Hamlet”, comentaría tras el portazo de los músicos mi querido Mariano. En aquellos días Santa Fe descargaba en un festival frente al Colegio Mayor Chaminade con la presencia de Juanjo Melero, ex guitarrista de Sangre Azul. Psilicon Flesh daban sus primeras y fogosas cabriolas en el Agóra, un antiguo local de alterne cercano a la Gran Vía madrileña. Vladimir, vocalista de Blackmoon Fire, se colgaba patas arriba como un murciélago en el Laboratorio, mientras vociferaba al más puro estilo Nick Cave. Y Hamlet aún ni siquiera habían firmado “Sanatorio de muñecos” -un disco que iba a ver la luz en Polydor, pero que al final se editaría en 1993 en Romilar-D. Por aquel entonces ya andaban mudando de piel como una serpiente que se desprende de sus viejas escamas. Atrás quedaban discos como “Hamlet” y “Peligroso”, donde su ADN dejaba entrever un añejo regusto a mallas y melenas cardadas. Un nuevo veneno les había sido insuflado con acordes que remitían a los prospectos de Phil Anselmo y Max Cavalera. Desde entonces han sido fieles parroquianos de la rudeza y han batallado lo suyo. Perseverancia lo llaman algunos. Tras dejar en la cuneta la que ha sido su casa discográfica hasta la fecha -Zero Records- inician nueva singladura en Locomotive. Es como si tras los mojones de “Revolución 12.111”, “Insomnio” o “El Inferno” necesitaran de un globo sonda mayor que les aupara más y más. Su nuevo disco, de título homónimo, es un vuelta a empezar, como cuando se desprendieron de la camisa heavy de antaño. Luis Tárraga, guitarrista del quinteto, dispara con su habitual verborrea y entusiasmo. “En Zero además de acabarse nuestro contrato no hicimos nada por renovar. Quizás ya acusábamos un desgaste y además la compañía empezó a tener problemas y fue absorbida por Tipo, que es gente con la que mantenemos buenas relaciones. Estábamos descontentos por el conformismo que tenían hacia nosotros y no nos prestaron suficiente atención”. ¿Qué es lo que ofrecen los nuevos anfitriones? “Entienden la música que nosotros hacemos y han mostrado un gran interés para que nosotros formáramos parte del sello desde hace un año. La diferencia entre Locomotive y otros sellos era que les gustaba el grupo en todos los aspectos, no sólo a nivel económico. Su espíritu recuerda un poco a Zero, en el sentido de que además de ser una compañía independiente es un poco especializada.

“Hemos querido volver a cosas que escuchábamos hace diez años: Napalm Death, Slayer…”

A lo mejor empezaron con un heavy más clásico, pero tienen apertura de miras. Creemos que pueden funcionar bien con nosotros porque tienen oficinas en Los Angeles y en Alemania, algo que también nosotros buscábamos”. El nuevo golpe de timón tiene visos de regresión, más que nada por evitar la redundancia y el acomodo, algo que no entra en los planes de los madrileños. Rocosidad y sobriedad, esas son las virtudes que quieren resaltar por encima de todo. “Las canciones son más como las de ´Revolución´ e ´Insomnio´. La verdad es que hemos buscado lo que siempre ha sido nuestra esencia. ´El Inferno´ salió bastante experimental, más oscuro, más denso, más intimista en otros aspectos y un poco más duro para la escucha. En este nuevo comienzo queríamos hacer un disco más directo y agresivo. También tiene su punto melódico en determinados aspectos, pero es sobre todo más fácil de escuchar sin que sea muy simple. Es muy divertido para tocar en directo. Intentamos sorprender dentro de nuestro estilo sin repetirnos. En ´Hamlet´ hemos buscado más la canción y el estribillo, algo que habíamos dejado de lado. No queríamos repetirnos y hacer un ´Inferno segunda parte´. Quizás ´El Inferno´ salió así para no repetir ´Insomnio´ o ´Revolución´. Con este disco lo que hemos querido hacer es volver a cosas que escuchábamos hace diez años: Napalm Death, Slayer… He visto a todo el mundo muy melódico en todos los aspectos, rock muy comercial para vender rápido. Hemos recuperado los primeros discos de Napalm Death, Slayer, Biohazard o Rage Against The Machine… A mí me gusta mucho el hardcore y llevaba una época que no escuchaba nada. Me dio por recuperar mis discos de Sick Of It All y Hatebreed. También a Helmet… Hace tiempo que no veo a grupos de este tipo. Es el ser más viscerales porque vemos que la corriente del momento es de un hip-hop descafeinado o de demasiado emo comercial con intención de abarcar a todo tipo de público”. Para este retorno a los modales pendencieros han contado de nuevo con el incondicional que ha forjado su más reciente trilogía, la bestia parda de la producción metálica: Colin Richardson, que no ha hecho más que acrecentar una amistad que huele de lejos. “En diciembre teníamos claras las canciones e hicimos una maqueta. Se la enviamos a Colin. Era para ver su opinión y si le gustaría contar con nosotros otra vez. Le gustó mucho y tiramos para adelante”. Tras el beneplácito del alquimista, la grabación casi se convierte en una peligrosa balsa de aceite en la que se hacía difícil mantener firme el volante. “Tuvo su punto agobiante y estresante al principio. Empezamos a grabar en Madrid y al cuarto día tuvimos que dejarlo y nos fuimos a los estudios Sonic Ranch, en El Paso -Texas, USA-, porque Colin no se encontraba nada a gusto. De hecho íbamos a empezar a grabar en Kirios pero los habían cerrado. Como Colin Richardson estaba grabando a un grupo que tuvo muchos problemas, retrasamos la grabación dos meses. Intentamos buscar a otro productor pero no encontrábamos a nadie que nos convenciese y le esperamos. La espera nos hizo quemar las canciones en el local, algo que luego se ha notado porque estábamos muy preparados para el nivel de exigencia que nos pone Colin”. Y vaya, parece que el británico se ha liado la manta a la cabeza con firmeza. Tal vez por el conocimiento mutuo. “Colin se ha implicado más que nunca. No quiere decir que con los otros discos no lo hiciera. En ´Insomnio´ no nos conocíamos. Fue una grabación más fría porque no teníamos ningún tipo de relación y estábamos muy sorprendidos y acojonados por ser quién era. La segunda vez que trabajamos con él en ´El Inferno´ quisimos no repetir lo que habíamos hecho en ´Insomnio´. Fue algo extraño para todos porque al trabajar con el mismo productor no queríamos que sonase parecido. Fue un pequeño error porque experimentamos en demasía en el estudio. En este disco hemos vuelto a ponernos más en manos de él. Lo que marca la diferencia es que somos muy amigos y tenemos mucha más confianza para decirnos las cosas que estamos haciendo bien o mal. Hemos llegado mucho más a puntos de acuerdo”. Luis recuerda las buenas migas que han hecho en sus conciertos con Fear Factory o Rage Against The Machine, “gente supersencilla” que se acercó al camerino a saludarles tras su actuación. Comenta la extraña sensación que
tuvieron en México al compartir cartel con Molotov, al enfrentarse a un
público digno de los 40 Principales. O la gira europea de “Insomnio”,
en la que compartieron bolos con los franceses Pleymo. “Nos vio
bastante gente y la sorpresa fue que tras esa gira colocamos ocho mil
discos en Europa”
. Continúan sus relaciones con la firma de
micrófonos Sennheiser. “Con lo caro que está todo que te proporcionen
equipo es de agradecer”
. No dudan en colaborar en conciertos
benéficos cuando la ocasión lo requiere. “Con A.L.A. (Alternativa
para la Liberación Animal) tenemos una relación excelente. Hacen un
trabajo increíble y tendrán nuestro apoyo para lo que quieran. Pero
conocer a las personas que hay detrás de estas organizaciones me parece
importante por el hecho de saber a dónde va el dinero realmente”
. Y
también conocer esos trallazos de rúbrica fulminante como “Queda mucho
por hacer”, “El disfraz” o “Esperaré en el infierno”. “Mira hacia
atrás”, dicen en una de sus nuevas composiciones. No está de más.