Se trata de una calurosa mañana de un jueves cualquiera del mes de julio en Madrid. Nada reseñable, si no fuera porque hemos quedado con Daniel Kessler –guitarrista y co-compositor de Interpol.– en un céntrico hotel de la ciudad con la intención de charlar acerca de “This Mirror Weighs A Ton” , el nuevo disco de la banda neoyorquina. Kessler luce delgado y elegante, es un tipo bien parecido que, ya sentados en la terraza del hotel, tiene a bien quitarse sus Ray-Ban y exhibe una amabilidad y exquisita educación que potencian ese magnetismo que también luce cuando toca la guitarra en directo. Tras cierta charcha informal da comienzo una conversación de veinte minutos con la que incidir en las cualidades del octavo álbum de estudio de Interpol, comenzando por las diferencias con respecto a la discografía previa del combo. “Implica una progresión y definitivamente es un capítulo diferente, en este caso sin muchas conversaciones al respecto; se ha dado sin hablar de conceptos. Evolucionamos como colaboradores y nuestra química es muy fuerte cuando escribimos música... y eso nos hace seguir avanzando. Andrew Wyatt como, como productor, compró muchos sonidos diferentes que sumar a la ecuación y también ayudó a que el sonido fuera más expansivo y diferente”. También podría considerarse que, al menos por momentos, este disco es más minimalista e introspectivo que entregas previas. “Simplemente piensas en lo que querrías transmitir. Para este álbum, escribí más al piano que con la guitarra. Creo que se debe a que, a medida que creces como compositor y como músico, quizás aprendes a decir más con menos. Creo que en general soy minimalista, me gusta ‘el menos es más’. Incluso desde nuestro primer álbum”.
“Las cosas pueden cambiar rápidamente y hay tantas bandas que vienen y van...”
En cualquier caso, “This Mirror Weighs A Ton” transmite sensaciones específicas de melancolía, tristeza o desesperación. “Cuando creas cosas con esa especie de indulgencia, me hacen sentir mejor como ser humano. Así que quizás es algo que sale de mí: una emoción que me hace sentir confortable y con la que sientes que alguien te entiende. Hay algo de esperanza ahí, porque sabes que existe gente que siente algo similar a ti y te sientes menos solo. Siento que Interpol es una banda emocional. Nuestras canciones tienen un sentido muy fuerte de emoción y convicción”. Es también un disco hermoso y emocionante, que remarca ese contraste entre belleza y esa melancolía tan habitual en la música de Interpol a la que nos veníamos refiriendo. “Son cosas inherentes a nuestra banda, pero hemos encontrado nuevas formas de expresarlas. En este álbum tenemos más teclados y orquestaciones, y eso ayuda a destacar ambas partes. Creo que el estímulo está establecido en la composición básica de la canción, pero después hay diferentes formas de articular esas emociones. Y creo que hicimos un buen trabajo cuando de extraer la belleza se trataba. Yo lo veo como menos melancólico y más hermoso”. La parte lírica corresponde, como es habitual, a Paul Banks, aunque Kessler se atreve a contextualizar parcialmente el asunto. “Es un maravilloso letrista. No sé si puedo expresar exactamente a qué estaba cantando, pero obviamente hay algo del estado del mundo y su incertidumbre y del precipicio tecnológico en el que estamos en este momento. Creo que es un disco que realmente captura este momento de tiempo en el que estamos desde varios ángulos diferentes, líricamente y vocalmente, y creo que eso puedes sentirlo en algunas de las letras”.
Hace ya tiempo que Interpol son una banda consolidadísima en su éxito, pero el entrevistado relativiza el asunto y no pierde la perspectiva de un sector/negocio que tiende a ser caprichoso. “Ya éramos una banda cinco años antes de que nadie nos hubiera firmado y de que pudiéramos hacer un álbum. Y luego empezamos a girar. Era mi sueño. Así que cualquier cosa que haya sucedido después de eso es increíble e inesperado para mí. Especialmente porque la gente no se interesó por nosotros en esos primeros cincos años. ¿Cómo iba a pensar que iba a estar aquí en Madrid hablando de nuestro octavo álbum? Estaría loco si hubiera pensado eso. Incluso cuando todo iba haciéndose más grande con el primer álbum, “Turn On The Bright Lights” (02), nunca sabes qué va a pasar. Las cosas pueden cambiar rápidamente y hay tantas bandas que vienen y van... Soy muy consciente de que esto podría parar algún día. Te vuelves más viejo o se acaba la inspiración”.
Pocas horas después de que tenga lugar esta entrevista, Interpol ofrecerían un intenso concierto en la madrileña Sala But bajo el pseudónimo de Iron City, antes de actuar en al día siguiente en gran festival como el Mad Cool. “Me gusta tocar en salas y también en festivales. Cuando tocas en pequeñas salas, es muy íntimo y a veces me pongo más nervioso. Puedes ver la cara de la gente. ‘¿Por qué ese tipo se va a pedir una cerveza? ¿No le gusta la canción?’ (Risas). Los mejores conciertos son aquellos en los que tu cerebro no piensa en nada. Solo disfrutas del momento. Espero que nunca nos acomodemos. La gente que viene a tus conciertos no quiere ver a ser un músico cansado. Y yo no quiero sentirme como un mero trabajador”.

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