Sangre en los surcos (Intromúsica/Universal) es un trabajo único incluso para su autor, figura esencial que lleva ya tres décadas dejándose las vísceras en canciones imperecederas.
Las canciones sobre el amor, el sexo, la muerte y la felicidad (es decir: sobre la vida y su reverso tenebroso) del albaceteño siguen tan vivas como el primer día. Si hace un par de años Fernando se confesaba on fire con la resurrección de Chucho, su efervescencia creativa se ha prolongado con la vuelta a la carretera de los justificadamente míticos Surfin´ Bichos y ahora, con esta flamante criatura en la que conviven y se miran cara a cara o de reojo diecisiete relecturas de su formidable cancionero y cuatro aportaciones nuevas, todas en esqueleto semiacústico esencial. Un trabajo, culminación de años de conciertos mínimos, que, más que reivindicar un legado ya clásico (lo que, naturalmente, hace), pone el foco en un presente pletórico. La complicidad con los productores Paco Loco y Darío Vuelta ha sido clave. Conversamos con él en un hotel del centro de Madrid. Viene directamente de TVE, acústica al hombro.


¿De dónde nace esta idea? ¿Querías hacer un recopilatorio al uso y acabaste haciendo otra cosa muy diferente?
No. Después de los dos últimos discos (uno, el de Chucho) e incluso algún EP, vino el plan maquiavélico de la gira de Surfin´ Bichos. Yo ya tenía intención de grabar nuevas canciones. Pero (duda) yo diría que me contactaron antes incluso de la gira de Chucho, en el 2015, poco después de Saint Malo. Fue una persona de Universal, José Antonio Alfonso, que me había visto en los conciertos que he estado haciendo con acústica tocando canciones de todos mis proyectos antiguos y presentes -suelo mezclar canciones de hace veinticinco años con otras nuevas-, quien me dijo que tenía sentido trasladar esto a disco, para que trascendiera en el tiempo. Yo no me lo había planteado tan abiertamente, la verdad.

Él se empeñó mucho y yo le dije que tenía algunas, digamos, condiciones: una, quería incluir temas nuevos. Porque yo ya estaba pensando que, por las canciones que estaba haciendo, cuatro de las cuales están en este disco, el nuevo tendría esa forma espartana y mayormente acústica, con pocos elementos. Ya trabajaba en esta dirección cuando me llegó esta propuesta. También le dije que no sería un recopilatorio de hits al uso: igual que en mi directo no elijo las canciones más conocidas por el público, sino que incluyo canciones ocultas que incluso me sorprenden a mí, quería que este disco tuviera el mismo rollo. Que convivieran algunas nuevas con otras, así tendría más vida; se establecería como un diálogo entre ellas. Y por último, le pedí que involucráramos a mi discográfica actual (Intromúsica). El siguiente paso era buscar un productor.

Paco Loco. Se nota que has establecido con él una química muy fuerte.
Sí. En la nota promocional se habla abiertamente de la serie American Recordings, de Johnny Cash, y es cierto que fue una referencia, el horizonte al que mirar. Ya con esta especie de casa común, teníamos que buscar nuestro Rick Rubin particular. Yo insistí mucho en Paco, porque había tenido muy buenas sensaciones en la grabación del disco de Chucho (Los años luz). Porque pasa como en el directo: cuando empiezas a rescatar canciones que son parte de ti, de tu pasado, es como caminar por un campo de minas o ir levantando piedras que esconden escorpiones (risas).

¿Por qué?
Emocionalmente es un trago difícil. En directo es otro entorno, aunque hay veces que me he emocionado y he tenido dificultades para seguir. Pero son momentos puntuales. En el estudio estás en un entorno más íntimo, no estás tan expuesto a esos bucles emocionales.

Pero necesitabas tener mucha confianza con el productor o ingeniero.
Exactamente. Yo sabía que había que gestionarlo bien, con alguien que no fuera sólo un productor técnicamente dotado, como es el caso de Paco, sino que nos entendiéramos bien en lo musical. Con el disco de Chucho descubrí que teníamos un bagaje común, también porque tenemos la misma edad. Sobre todo, no sólo iba a gestionar esa especie de escaramuza de emociones, sino subrayar cuando tenía que hacerlo.

Ahí también tuvimos la referencia de las American Recordings a la hora de vestir las canciones. Habría canciones muy espartanas, grabadas en directo con dos micros, bastantes de ellas, y luego en otras, como en la segunda entrega de la serie de Cash, entrarían otros instrumentos, de forma muy sobria, con pocas virguerías. La voz y la acústica seguirían siendo protagonistas. Nos hemos aproximado a esa idea. Yo tampoco quería un disco demasiado árido, que fuera sólo de guitarra y voz. Queríamos que aparecieran cosas de forma fantasmal, subrayar emociones dentro de ese aliento acústico. Llevar las canciones a terrenos diferentes. Hay canciones más blues, folk de ultratumba…

“Ese hálito de esperanza siempre ha estado en mis canciones; si no, no habría grabado nada y me habría dedicado a vagabundear”

Veintiún temas. Un doble. ¿Por qué este número en concreto?
El culpable fui yo (risas). Para lo que quería contar, necesitaba todos estos momentos. Yo sabía que es muy exigente en unos tiempos en que la tendencia es la contraria: estamos volviendo a los discos de diez canciones escasas o menos, que es normal, a mí también me gustan los discos escuetos. Pero creo que era conveniente en este disco, porque tiene un carácter como de cancionero. Aunque no es realmente una antología. No es que la lista de canciones que llevaba para grabar no estuviera pensada de manera racional -que no lo estaba-, es que ni llevé un número cerrado. Llevé una lista muy amplia de entre setenta y ochenta, que son las que he venido tocando más. Las estuve practicando y en el estudio, según me lo pedía el organismo, fui tocando y grabando. Unas canciones llamaban a otras. Luego, en el resultado final, comprobé que estaban bastantes representados casi todos los discos. Pero hay algunos sobrerepresentados y otros infrarepresentados. Pero no por nada, sino por circunstancias.

Por ejemplo, llama la atención que no haya ninguna de El amigo de las tormentas.
Es casual. La única razón es que en el momento de grabarlo, el cuerpo me pidió este disco.

Hay composiciones que funcionan mejor en acústico. ¿También fue éste un criterio para la selección definitiva?
Eso siempre pasa, pero en general mis canciones funcionan bien en acústico por cómo están compuestas. Por mi forma de trabajar. La mayoría las he hecho con guitarra acústica y voz, ésa es su forma original. Es cierto que algunas funcionan mejor que otras en un momento determinado. A veces no estoy convencido del todo, pero encuentro un giro en la forma de interpretarlas y entonces las incorporo al repertorio. A la hora de elegirlas para grabar, se trataba de que tuvieran sentido una detrás de otra. Como si se complementaran. Quería un disco que tuviera un discurso interno, como siempre he intentado hacer. Como en los álbumes clásicos, que tienen una especie de recorrido emocional. La selección obedece más a eso que a una selección de grandes “highlights”.

De hecho, hay temas a los que das completamente la vuelta, como Magic o, especialmente, Gente abollada.
Magic tiene un rollo folk un poco a lo Neil Young, también por la armónica. Ya la había hecho en directo bastante con esta forma. En cambio, Gente abollada era una recreación acústica más parecida a la original. La ralentizaba un poco, pero no tanto. Esto fue una decisión total de productor de Paco, como de llevarla a una forma más dramática, en el sentido de la letra, y bajar el tono de Re a Do. Y… gana otras virtudes que, para mí, eran muy adecuadas para este disco. Al final, cuando estás con un productor, te pones en sus manos. Aunque, claro, todo se consensuaba y fue muy fluido.

Entonces, ¿entiendes este álbum como un trabajo original y con carácter propio, más que un compendio de toda tu obra?
Sí. Más que un recopilatorio, es una especie de disco nuevo, en cierto modo. Hubiera podido pasar con otras canciones en otro momento. De hecho, podría hacer otra entrega perfectamente. ¡Igual se lo propongo a la compañía!

Destaca no sólo el sonido orgánico, sino las interpretaciones, que precisamente es algo fundamental para Rubin. Se nota que has puesto mucho énfasis en esto con Paco.
Tiene el carácter que tienen sus grabaciones. Él prima mucho más la frescura y la emoción que la perfección. Hay cosas imperfectas. Está lleno de ellas. Quizá soy yo el que más lo nota. Pero es precisamente lo que le da vida. Hay que decir que el disco, en realidad, se puede dividir en tres grupos de siete canciones. Dos tercios los grabé con Paco. Y las otras siete canciones las hice en Barcelona casi un año después, en julio de 2017, con el productor de Saint Malo, Darío Vuelta, que es otro de mis hombres de confianza. En esta parte, intentamos mantener el espíritu de El Puerto de Santa María. Y creo que está bastante logrado, porque nadie se da cuenta. La intención era la misma, aunque cada productor tiene su momento y equipo propio. Tuve miedo de perder el espíritu de la grabación con Paco. Si no lo conseguíamos, las siete canciones no entrarían, ya está. Al final, lo logramos, y creo que está muy guay.

No es fácil, tiene mérito.
Tanto Paco como Darío supieron aprovechar muy bien el planteamiento. En Dominó la decisión de que todo fuera arpegiado y entrara un tecladillo al final, fue de Darío. En la parte de Paco hay decisiones de ese tipo a tutiplén. Iba a tocar con la acústica y me decía: “¡Toca con este dobro (guitarra con tapa metálica)!” Yo le decía: “Pero si no se puede ni tocar, parece una pala”…También metimos un piano de pared, como si estuviéramos tocando un salmo en una casa abandonada.

Hay otro dato importante: Les pedí a los dos que, por favor, no escucharan las canciones originales. No hice maquetas. Hace mucho tiempo que no las hago, salvo en el último de Chucho, porque cada uno vivimos en una ciudad diferente y era la forma de poner en común cosas. Pero me parece absurdo grabar dos veces una canción: muchas veces es mejor la primera versión. Aunque sea más imperfecta, es la que has presentado al mundo. Así que partíamos de cero. No están conscientemente alejadas de la original, es como si fueran canciones nuevas. La razón por las que las toco en directo, por lo que he hecho este disco, es que para mí siguen vivas, como si fueran nuevas, en cierto modo. No quería estar mediatizado. Para no irnos al terreno de lo que era la canción original, pero tampoco para lo contrario, alejarnos conscientemente de ella.

Has hablado de esa instrumentación fantasmal, y es verdad que impresionan detalles como cuando irrumpe ese sonido especial en Mis huesos son para ti
Es un steel guitar. Es un poco eso, que la historia fuera contada por un tipo y su guitarra, básicamente ésta, mi Martin, que ése fuera el hilo conductor, pero a veces cambiábamos a otra guitarra, el dobro o un banjo… eso, como base o armazón -hay canciones que están sólo así, desnudas, guitarra acústica y voz, por ejemplo Camisa hawaiana de fuerza-, y que sobre eso aparecieran algunas cosas de forma fantasmal. Queríamos que fuera una especie de road movie con sorpresas. Que de repente cambiara la sonoridad, o que entraran varios instrumentos más, para ser fieles a las canciones. Tampoco es un disco de folk, country o blues. Hay una especie de lucha estilística que, a la hora de vestirlo, estaba bien subrayar.

Pero, sobre todo, queríamos dejarnos llevar de forma emocional. Hay detalles insospechados. Paco pidió mayor dramatismo en Gente abollada, por eso hay esas cuerdas a Lou Reed de Berlin y esas guitarras también muy Bowie. Estábamos con una canción nueva, Sangre en los surcos que es muy grave, muy Leonard Cohen, y de repente aparece Paco con un instrumento extrañísimo con cuerdas horizontales haciendo rizos, como de tebeo, que se toca con un palo (risas). Y le digo: “¿qué es eso, tío?” Y me dice: “Es un tremoloa (nota: una especie de cítara). Este instrumento me hace llorar”. Y le dio un carácter aún más emocionante. Lo saca de contexto. En eso, hemos funcionado muy bien. Y lo intentamos mantener con Darío.

“Me considero muy afortunado, pero no creo que sea justa ni mi situación ni la de muchos compañeros”

Ya que sacas esa canción: es cierto que las nuevas letras son más directas o literales, aunque siempre has metido cosas muy personales en ellas. ¿Sentiste en algún momento pudor por lo que estabas cantando?
Es que llega un momento en que terminas, si no de perderlo, sí de superarlo. Yo, en el fondo, desde que hago canciones, he tratado de desnudarme. Era exhibicionismo, no directo, porque usaba muchas imágenes, historias, la tercera persona y personajes inventados, lo que quieras; pero, en el fondo, estaba contando historias muy íntimas. Siempre. Y, a veces, esto de utilizar la ficción y hacerlo todo un poco más literario como una barrera se convertía, efectivamente, en una barrera. En ocasiones tenía la sensación de que no se terminaba de entender bien lo que quería contar. Considero que mis canciones dicen cosas muy claras. No es una especie de surrealismo muy interpretable, como se hace mucho ahora, y que a mí no me gusta. Como yo notaba que a veces caía en esa ambigüedad, poco a poco he intentado ser más claro. Y he sintetizado también la forma musical, con estructuras más simples. Yo he tenido veleidades de hacer canciones más dramáticas, con estructuras irregulares, armonías raras y es algo que me funcionó en su momento, en Los diarios de petróleo, El amigo de las tormentas o el disco con los Alienistas (Carnevisión), y en canciones como Oración del desierto. Tendía a las formas irregulares porque para mí eran (y son) una especie de reflejo de lo que es la vida real, que a menudo no es previsible y es así de irregular. A mí me gustaba verlo como la contraposición entre las películas de autor y las típicas de Hollywood con guión previsible. En esos discos la temática me pedía esa estructura. Pero con el tiempo, he ido destilando el lenguaje.

Pero tus letras siempre han estado muy depuradas desde el principio. Quiero decir, hay un trabajo de recursos estilísticos y poéticos muy potente que se encuentra ya en canciones como Qué clase de animal. Y escuchándolas en acústico, destaca más.
Sí, es una de las cosas que noté cuando empecé a hacer conciertos. Me lo decían: que se entendían mucho más. Lo que perdías por un lado en cuanto a intensidad, sofisticación y contundencia, al no tener una banda, lo ganabas en precisión, en cuanto a un lenguaje más directo. Y eso es lo que he intentado aprovechar en este disco, no sólo para las canciones nuevas, sino para dar vida a las canciones de toda la vida.

Es curioso porque al final, me ha parecido encontrar una luz o una esperanza insospechada en este disco. Lo digo porque a veces se incide mucho, de una manera casi tópica, en el aspecto melancólico o introspectivo de tus canciones. ¿A qué crees se debe esta luz que asoma?
Qué bien, me alegro. ¡Yo pensaba que era al revés! No lo sé (canturrea and I guess that I don´t know). Algo tendrán que ver Paco y Darío. Mi momento personal ha debido influir. Como te decía, la grabación ha sido dura emocionalmente en algunos momentos. De venirte abajo. Supongo que ha habido de todo y yo tiendo a acordarme de los momentos más graves (risas) pero me alegro que digas eso, porque mi temor era que el disco resultara demasiado oscuro. Yo creo que ese hálito de esperanza es algo que ha estado siempre en mis canciones. Si no, no habría grabado nada, y me habría dedicado a ser un vagabundo por las esquinas (risas). Tiene todo el sentido, pero a veces me miro y me pregunto: “Joder, ¿no estoy reflexionando demasiado sobre la muerte, sobre el paso del tiempo?” Pero luego hay mucho amor también en canciones como en Mis huesos son para ti.

Porque a estas alturas, supongo que te sientes valorado como compositor, ¿o no? Está demostrado que España suele ser un país bastante ingrato.
Sí, yo me considero afortunado, la verdad. Pero… a ver si me explico, es muy simple: No me considero bien pagado (risas francas). No creo que sea justa ni mi situación ni la de muchos otros compañeros. Yo vivo de la música pero me cuesta, tengo que currar mucho. Bueno, son los tiempos que vivimos, pasa en todos los sectores. Tampoco me gusta quejarme.

¿Pero en qué se refleja esta situación en un caso como el tuyo, hay que tocar más?
Hay que tocar mucho más, hay que publicar más discos, y hay que escribir más canciones. Y mover a un grupo es mucho más complicado. Pero a nivel de reconocimiento, sobre todo de gente de la profesión o metida en el ajo, me considero muy afortunado. Y lo soy también por poder vivir de la música. Pero no creo que la situación de los músicos en este país sea justa.

Porque Chucho tuvo cierto éxito en un momento en que se vendía mucho. ¿Cómo se ha llegado a esta precariedad? ¿Es porque no se venden discos, porque hay demasiada gente para un pastel cada vez más pequeño?
Chucho vendíamos más que ahora, sí. Hay varios factores. Sobre todo, la crisis discográfica ha sido brutal, porque no sólo ha afectado a los ingresos por la venta de discos, sino, de una manera directísima, a los derechos de autor. Luego, la posterior crisis general afectó al directo, porque si la gente tiene menos dinero, va a menos conciertos. La precariedad en que vive mucha gente afecta, todos nos contagiamos.

Pero todo lo que se ha perdido por un lado, se ha ganado en más opciones. Hay mejores condiciones en salas, hay muchas más salas y ciudades donde se programa. Antes, era muy complicado tocar en ciudades de tamaño medio o pequeño. Hoy se puede tocar en muchos más sitios y las salas están mejor equipadas, hay muchos festivales… El circuito del directo es mucho más profesional. Eso compensa en cierta medida la caída del negocio musical, que es palmaria si miras los números. Sólo tienes que ver la gente que trabajaba en el sector y la que trabaja ahora. Pero la salud del circuito del directo es razonablemente buena.

Por cierto: ¿cómo ha quedado la situación de Surfin´ Bichos tras la gira de Hermanos carnales?
Pues mira, no te puedo contestar porque precisamente mañana vamos a Albacete a hacer una cosa en FNAC, un coloquio con un periodista, algo que vamos a repetir en varias ciudades, y después me reúno con ellos para tomar algo y hablar. Ahí decidiremos cosas

¿Estás valorando publicar en vinilo los discos de Chucho, ahora que se han reeditado los de Surfin´ Bichos?
Sería una buena idea, lo estamos valorando, sí. Como a corto o medio plazo es muy probable que haya nuevo disco de Chucho, a lo mejor puede ser un buen momento. El último de la primera etapa, Koniec, que sacó Sinnamon, salió en vinilo, con gatefold y un diseño precioso de Javier Aramburu (nota: el disco doble se vende en Internet por unos 70 euros). Pero está descatalogado. Ni 78 ni Tejido de felicidad ni Los diarios de petróleo se editaron en vinilo.