“Se puede hacer un disco de treinta canciones sin ser tedioso”
Entrevistas / Eric Fuentes

“Se puede hacer un disco de treinta canciones sin ser tedioso”

Nacho B. Sola — hace 5 años
Fotógrafo — Archivo

Anda Eric Fuentes descansando de los escenarios tras la calmada etapa de su disco previo, ‘Copper & Gold’ (BCore, 2013). Y descansando también del esfuerzo de traer al mundo tres discos que recuperan al Eric combativo, al Fuentes que muchos pensaban que no volvería. Con ‘Barcelona’ (BCore, 2014), no sólo ha vuelto sino que confirma su legado.

Tras tu anterior disco, “Copper&Gold“, ¿necesitabas rock?

La verdad es que un poco sí. Yo disfruto cantando. Para mí, lo de tocar música es algo muy físico y tiene que ver con que, cuando te pones a cantar, en el fondo estás gritando, con lo cual todo tu cuerpo se activa. Y por lo tanto, la recompensa que he obtenido siempre a la hora de tocar música es, en algún aspecto, algo parecida a la que tiene un deportista cuando hace una carrera. He puesto mi cuerpo al límite y, a cambio, mi cuerpo segrega endorfinas. Ese intercambio básico en el mundo del deporte, en el mundo de la música, sobre todo en directo, también pasa. De alguna manera, haciendo conciertos en el que apenas sudas, por decirlo así, porque estás más relajado, disfrutas quizás en aspectos más espirituales. Sí que es cierto que esta pulsión física, la endorfina que genera el cuerpo machacado, la necesitaba. En ‘Copper&Gold’, aunque era un formato un poco más apagado, con menos decibelios, un poco de intensidad interna sí que había. Es un rollo menos deportivo y más sentimental.

Y supongo que te habrás resarcido: rock por partida triple.

En verdad no son canciones nuevas. Por ser el paso posterior a ‘Copper&Gold’, alguien podría pensar que estas canciones nacieron después. Pero no es así: tanto ‘Copper&Gold’ como las canciones de ahora se han hecho en el mismo proceso creativo. En 2010, cuando me planteé que tenía que sacar el disco de Eric Fuentes y el Mal, ya empecé a trabajar con un volumen de canciones de unas cincuenta o así. Era justo después de The Unfinished Sympathy y, por lo tanto, era el momento óptimo como para poder hacer música despreocupándome de los corsés que se supone que una banda como Unfinished tenía. De una banda se espera una identidad sonora determinada, pero en un cantante en solitario, el rango se abre. Igual es un prejuicio que tengo yo pero pienso “Ahora que Unfinished se ha acabado, ya no tengo que hacer exclusivamente el rollo Unfinished”. A ver, parece que me contradigo, que nada más acabar Unfinished hice el disco de El Mal, en la misma línea. Al poco es cuando empecé a coger todas las demos, reagruparlas, estudiarlas, rehacerlas, hasta que dí con una combinación de cincuenta canciones. De esas, en primera instancia trabajé las de ‘Copper&Gold’, porque me apetecía este formato. Y me quedan unas cuantas que estoy haciendo en plan electrónico. Todas las demás son las que están en este triple disco.

¿Pero The Unfinished Sympathy se acaba por este motivo, porque tienes en la mente en otro tipo de canciones?

No, no. Me cuesta decirlo solo con una frase. Unfinished se acaba porque era más una cuestión de recursos humanos, de equipo de trabajo, que ya no me gustaba cómo trabajaba y preferí aplicar cambios desde el punto de vista técnico y organizativo más que que del artístico, porque respecto a lo artístico, al fin y al cabo, yo fui el instigador del sonido Unfinished. No es algo que el grupo me impusiera a mí, sino que yo quería que fuera de la mano del grupo. Es decir, yo quería que el grupo sonara de una manera determinada. El aspecto artístico del grupo siempre ha estado en mis manos y el problema fue que, al final, de Unfinished también quedó en mis manos el aspecto organizativo. Y esto es lo que preferí cambiar.

¿Se echó Jordi BCore las manos a la cabeza cuando le propusiste la idea de un disco triple?

En primera instancia me dijo que si me había vuelto loco. Y naturalmente que lo entiendo. Pero rápidamente, como él es diseñador, vio que existía la posibilidad de hacer cosas guapas en el diseño. Esto le dio la ilusión de hacer un packaging especial. Llegamos a la conclusión de que era mejor el cedé que el vinilo por una serie de razones. Él, al imaginarse el triple cedé, le empezó a dar al tarro y a pensar en cómo sería. Esto fue lo que nos motivó a tirar para adelante con esta configuración.

 Volviendo a tu anterior trabajo, ¿quedaste satisfecho con ‘Copper&Gold? Lo pregunto, más que por el resultado, por la acogida que tuvo: parece que, en determinados ambientes, no te veían al frente de un piano, en plan crooner.

No veo que haya habido malas críticas, o que no funcionara en determinados sectores, como en sitios de tradición muy punk, casi a nivel de squats, de música de base, de gente combativa. Tuvo, en esos sitios, excelente acogida. No es que les gustara a los pijos y no a los punkis, sino al contrario. A mucha gente del ámbito punk les gustó porque era diferente.

Muchos se sorprendieron por ser un cambio raro, pero tienen que entender que cuando un cantante cambia en un disco no significa que vaya a cambiar para siempre. Si vienen los Ramones, por decir algo, y sueltan que a partir de ahora van a hacer carrera acústica, lo mismo dices “Pues me van a dejar de gustar”. Pero si los Ramones hacen simplemente un disco acústico, igual puede ser incluso gracioso encontrarse con unos Ramones diferentes. Esta mentalidad hay gente que no lo tiene tan claro y ven un giro puntual como un giro definitivo, en plan “este me ha traicionado”. Es un argumento bastante poco sólido.

Retomando “Eric Fuentes/Barcelona”, ¿cómo ese título? ¿No crees que al final se quedará en el ‘Barcelona’ de Eric Fuentes? De hecho, en muchos sitios ya aparece solo ‘Barcelona’ como título.

En este caso, como pasó en Eric Fuentes y el Mal, mi nombre está incluído en el título del disco. Para mí es una manera de ponerme como personaje en la historia. Tienes que entender que la gente que tenga más o menos cierto interés en mi música, va a conocer una parte de mí, que es la que yo, de alguna manera, quiero dar a conocer. Hay partes de mí que, lógicamente, no me apetece mostrar tanto. El colocar mi nombre en el disco es una manera de decir que la gente piense en mí como el personaje que hace música y que les cuenta historias, que se sube a un escenario y se pone a berrear como un poseso. En el fondo es un personaje, una proyección de una persona.

El primer single ha sido ‘Superpowers I Had’. ¿Tuviste clara la tarjeta de presentación?

Los singles, desde que se utilizan como promoción, como adelanto del disco, tienen como función alargar la campaña. En el fondo, lo único de lo que sirve, que en vez de estar hablando durante dos meses del disco, pues que se hable unos meses más gracias a estos temas. En nuestro caso, que teníamos tres discos, decidimos hacer tres singles, con lo cual, hemos podido hablar del triple disco mucho antes de que saliera. Hemos tenido tiempo para trabajar con mucho adelanto. Esto es muy agradecido. Y bastante útil, porque es una manera de darle más exposición a un disco durante más tiempo. Aunque los singles de hoy en día no sean físicos, al igual que hay muchos discos que ya no lo son, sirven en las redes sociales para tener argumentos y contenidos con los que poder llamar la atención o poder atraer a la gente.

Los tres discos, de diez canciones cada uno, quedan bien diferenciados por sus contenidos. ¿Cuál era la idea? ¿Funcionarían de la misma forma si se reproducen en random?

Yo creo que no pasaría nada. Han estado producidas en paralelo todas ellas. Durante un período muy restringido de tiempo he estado en el estudio, con los mismos instrumentos y el mismo equipo. Es verdad que cambian muchas cosas, como las voces de todos los colaboradores, pero es una producción única. Eso significa que si lo pones en random todo te va a sonar englobable dentro de la misma familia de canciones. Pero la propuesta que te hago yo de tracklist tiene que ver con varias cosas: con una muy importante que es el idioma. Prefería mantener separados los tres idomas, para que tú puedas entrar en un submundo durante un rato y cambiar a otro submundo durante otro. Y la diferencia entre estos submundos es el idioma, porque uno te parecerá más cercano; el otro, más lejano, etc. Esa era una variable. Luego habría otra variable, que es una historia de fondo que va sucediendo durante el triple disco, no de una manera muy lineal pero sí con pinceladas cronológicas que quería respetar: al principio te presento una serie de cosas para llegar, al final, con una serie de conclusiones. A grandísimos rasgos. Esa era una de las razones por el que hacer el tracklist de esta manera. Y después, porque creo que los tracklist son importantísimos, a nivel de ritmo, dentro del disco. Si pones una rápida, una lenta, una rápida, una lenta, igual no consigues el mismo efecto que si colocas cuatro rápidas seguidas de cuatro lentas. En cualquier caso, fíjate que todas esas variables, y muchísimas más, son las que uno tiene que gestionar a la hora de hacer una cosa así, con lo cual acaba siendo un trabajo de chinos que a mí me encanta hacer, ya que se trata de ordenar datos. Computar y computar.

Creo que, a pesar de que impone enfrentarse como oyente a un triple disco, ‘Eric Fuentes/Barcelona’ se escucha del tirón, mucho mejor que otros discos que, a lo mejor, tienen menos canciones pero más largas.

A la gente le da mucho miedo tener delante un triple disco. Yo creo que el mérito que tiene este disco es que no es un tostón. Mi conclusión es que se puede hacer un disco de treinta canciones sin ser tedioso y que te canse rápidamente. Mi idea era que, igual que uno se lo puede currar para hacer un hit de radio, entendiendo hit como la canción que pondrías en un mixtape para un colega o para una novia, pues ese mismo concepto de canción especial intentarlo multiplicar por treinta. Es decir, no es que haya primero unas introducciones y después unas partes instrumentales; más tarde, un apogeo, o una canción más larga y un paisaje de treinta segundos… No. Son canciones hechas con el mismo patrón: entre dos y tres minutos, más o menos. Intensas aunque sean más lentas o más rápidas, y con vocación se ser canciones redondas.

Por un lado, es maravilloso que creas que se puede escuchar del tirón, porque a mí esto ya me parece muy meritorio. Pero lo segundo, que también está pensado para escuchar por separado los tres discos, porque nadie te obliga a escuchar el disco del tirón. Está planteado para que, por ejemplo, digas: “Un lunes me escucho uno; el martes, otro; y el miércoles, el tercero”. Te estoy dando tres discos en lugar de uno. No te ofrezco un disco largo: te doy tres discos cortos.

Versiones: ‘Ataque preventivo de la URSS’, de Polansky y el Ardor; ‘Hanging on the telephone’, un temazo powerpopero, con todas las letras, de The Nerves; y ‘A sota l’alzina’, de Jaume Sisa. ¿Una declaración de intenciones estilísticas?

Respecto a Polansky y el Ardor, me acuerdo estar, en el año 82 o el 83, jugando con un amigo mío en un bosque cerca de Girona y cantando ‘Ataque preventivo de la URSS’. Era una canción muy tonta en cuanto a letras, pero tan espontánea y tan fresca que a un niño de mi edad, que por entonces tenía siete u ocho años, me encantó. Era entonces mi canción preferida. Hace tiempo que la tocábamos en directo y simplemente quise capturarla, para que no fuera simplemente la típica canción que haces en los conciertos. Por lo menos que quedara una constancia grabada.

En relación a ‘Hanging on the telephone’, decir que para mí hay una época en la historia de la música que es una época muy particular y de la cual es muy apetecible hacer versiones, porque eran canciones muy modernas pero que sonaban, algunas grabaciones, con una tecnología y un sonido todavía un poco inferior al que a mí me ha gustado después, de los 80 y los 90. Te hablo sobre todo del postpunk, a finales de los 70, principios de los 80. Igual que con The Unfinished Sympathy hacíamos ‘Teenage Kicks’ de The Undertones, este es exactamente el mismo planteamiento: se trata de coger una canción que es buenísima como canción y verme capaz de modernizarla en cuanto a sonido y darle un músculo sónico más contemporáneo y más revolucionado, sin tocar un ápice, excepto algún detalle, la base.

Y hablando de Sisa, comentarte que he escuchado siempre más música en inglés que en castellano y en catalán. Pero en la medida que he dado con un tema en catalán digno de ser versionado, lo hago. Yo soy muy antifan de la música en Cataluña, ya que me parece que en todas sus vertientes le falta un toque de mala leche que yo agradezco en la música. Entonces, sin ser Jaume Sisa un tío con muy mala leche, sí que era un cantante surrealista, decía cosas un poco raras y la gente le veía como a un tío un poco raro, y esto es un grado de agresividad que ya no hay. La génesis de esta versión es que tenía un rato libre en el estudio para grabar baterías y yo andaba con la canción en la cabeza. Le dije al ingeniero que grabara y me la toqué entera, de memoria. Fue muy improvisada. La tenía en mi mente pero ni me había planteado meterla en el disco. La canta Pol Fuentes, mi hermano, que tiene una voz más grave.

Como dices, tu hermano Pol es una de las colaboraciones en las voces. Pero en el resto del disco encontramos multitud de apariciones ‘estelares’. Ana Martínez en ‘Despeñaperros’; Guillem Funollet con ‘Caus al fang’, Joan Colomo cantando ‘Trist i Patètic’; Ramón Mas en ‘Parlar per parlar’. También Ramón Rodríguez se atreve con ‘Disfruta perdiendo’. ¿Cómo elegiste a tus colaboradores para este disco?

El hecho de pedir colaboradores nació de la necesidad de tener letras. Me faltaban algunas letras. Tenía clara la melodía vocal, toda la música hecha, todos los arreglos, todos los detalles… Vamos, todo muy acabado. Pero no tenía letra. Me encuentro con demos con la canción perfectamente acabada y yo haciendo ‘na na na, na na na’. Entonces acudí a amigos míos, letristas, para que me echaran un cable y, por supuesto, que cantaran. Se lo pedí a gente que cumpliera dos requisitos: que fueran amigos míos y que tuvieran una personalidad como cantantes que me resultara atractiva. Así, pude contar con Joan Colomo; Ramón Rodríguez, como has dicho; Ramón Mas, del grupo de punk FP, que lo saco con mi sello Hang the DJ; también está Funo, de Moksha, un grupo próximo al death metal; colabora Ana, la mujer de mi batería, que no es cantante ni nada, pero me gustaba como cantaba; después, Càndid Coll, exmiembro de Zeidun, el grupo de donde salió Colomo… Era algo que no había hecho nunca, colaborar con tanta gente en un disco mío. Y aparte de estas colaboraciones, también para bajos, baterías, etc., he contado con gente de Nueva Vulcano, Standstil, Tokyo Sex Destruction…

Ahora que sale a la palestra Ramón, de Madee, y que han montado varios conciertos para celebrar los diez años de ‘Orion’s Belt’, su tercer disco, ¿añoras volver a reunir The Unfinished Sympathy, ya sin presiones, solo por el placer de tocar?

De momento no se va a hacer la reunificación. He tenido propuestas y ofertas. Pero por ahora no vemos el tema. No es que vaya a ser posible o imposible, o que haya cambiado nada. Todo sigue como siempre. Lo que pasa es que, con el tiempo, muchos grupos se vuelven a juntar, y te empiezan a preguntar. Es lógico que me pregunten, porque The Unfinished forma parte de mi legado. Todos los miembros estamos más o menos en contacto. Todos sabemos lo que hacemos; algunos estamos tocando muy activamente, como es mi caso, o Colomo, Pablo, e incluso Víctor. Hay quien se ha medio retirado del mundo de la música y hay alguno al que incluso se lo comenté: “Oye, si algún día nos diera por volver, ¿a ti te gustaría?”. Y me han dicho que sí.

¿Y para cuándo sobre los escenarios?

He querido espaciar mucho la salida del disco y los conciertos. No quería empalmar las fechas de la anterior campaña con la actual y estar en un estado permanente de gira. Deseaba poner un poco de orden. Estoy todavía medio de vacaciones de tocar en directo. Oficialmente, voy a presentar el disco en directo en el Festival de Sant Feliu. Para mí, es el festival más importante porque, uno, los grupos que van son siempre los que más me gustan, más que en cualquier otro festival; dos, con la gente que lo monta he acabado entablando una buena amistad; y tres, me parece de unas dimensiones ideales, por la proximidad con la gente, por la intimidad que hay, por el buen rollo, cosas que no existen en la mayoría de los festivales. Me ofrecieron presentar el disco ahí y yo, por supuesto, de cabeza.

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