Tras su álbum junto a Benjamin Lazar Davis, Joan Wasser ha retomado su carrera en solitario como Joan As Police Woman con la publicación de Damned Devotion (PIAS, 18). Aún con ecos a su trabajo con Davis, Wasser ha entregado una de sus referencias más íntimas. Un disco de una tristeza catártica que nos retrotrae a sus primeros títulos. La cantautora de Brooklyn estará presentando esta misma noche sus nuevas creaciones en la sala El Sol de Madrid.

Pareces pasar por uno de tus momentos más prolíficos creativamente.
Nunca dejo de escribir y componer temas nuevos, pero la verdad es que sí, que estos últimos cinco o seis años han sido de gran actividad. En 2014 publiqué “The Classic” (PIAS, 2014) y ya casi de inmediato me puse a trabajar con Benjamin Lazar Davis en nuestro disco conjunto, “Let It Be You” (Reveal, 2016). Y tan pronto lo publicamos ya empecé a darle forma a “Damned Devotion”. ¡No paro! De todas maneras, esta es la vida que me gusta llevar. Soy feliz componiendo, creando nuevas canciones. Más allá de la música soy bastante aburrida.

“Siento devoción por la música, por las personas, por los lugares… Devoción por la vida”.

Tras un título como “Damned Devotion” seguro que debe ocultarse una idea potente y sugerente.
Sentí que captaba a la perfección el sentimiento tras el disco. La devoción es la emoción con la que me siento más identificada. Siento devoción por la música, por las personas, por los lugares… Devoción por la vida. Contrariamente, lo malo de vivir en un constante estado de devoción es que estás tan sumemente centrada en aquello que te interesa y no te fijas en muchas de las cosas que suceden alrededor.

¿Es, pues, un disco conceptual?
No es un disco conceptual, ni mucho menos, pero sí que hay ciertas ideas y sensaciones que lo envuelven, principalmente las relaciones humanas en un momento como el actual.

En muchos de sus pasajes “Damned Devotion” nos retrotrae a tus primeros discos, más pausados e intimistas.
No eres el primero que me lo ha dicho y no deja de sorprenderme, básicamente porque si es así, no ha sido para nada preconcebido. En ningún momento paré y me dije: “vas a hacer un disco que suene como tus primeros discos”. De hecho, a mí me suena muy diferente. Si salió así fue de forma inconsciente aunque natural, porque esos discos forman parte de mí, y esa parte de mí sigue latiendo en algún rincón de mi interior, no ha desaparecido.

“Damned Devotion” suena triste pero catártico y liberador.
Suena así porque soy completamente yo. Lo que quiero decir es que cuando escribo una canción no puedo abstraerme de mí. No puedo escribir desde la perspectiva de un personaje que no sea yo. Por eso mismo componer es catártico y liberador, porque puedo expresar y sacar todos esos sentimientos que llevo dentro. Es extremadamente útil escribir canciones, cuanto menos, a mí me funciona: no elimina los sentimientos, pues sabes que en un momento u otro te volverás a sentir triste, o feliz, o enfadada o lo que sea, pero los expulsa, aunque sea momentáneamente, y eso te permite seguir adelante.

Mucho más experimental que el resto de tu obra, el disco que grabaste con Benjamin Lazar Davis también ha dejado huella en “Damned Devotion”, donde has recurrido a recurrido a sonidos y ritmos sintetizados que antes no solía usar.
La verdad es que siempre me ha gustado componer utilizando sintetizadores y jugar con elementos de la electrónica, pero no sé por qué, siempre había pensado que no encajaría con mi música, que en teoría era mucho más orgánica o telúrica. Pero hacer el disco con Ben me abrió los ojos. Me ayudó a componer utilizando la tecnología como si se tratara de un instrumento orgánico más. En realidad, muchas de las canciones de este disco son experimentos con sintetizadores y ritmos… Me dejaba llevar sin saber muy bien hacia dónde iba ni si aquello acabaría siendo una canción.

¿Sigues alguna rutina a la hora de ponerte a componer, de trabajar en tu música?
Me gusta mucho trabajar y componer por la noche. Cuando el resto del mundo duerme es cuando me siento mejor y más tranquila. Pero a parte de esto, no sigo ninguna rutina. No sigo ningún horario. Trabajo en mis canciones cuando estas aparecen. De momento no he pasado por ninguna crisis creativa. Si alguna vez vivo alguna, tal vez cambie el método, pero por ahora me funciona.

Más allá de tu trabajo con Benjamin Lazar Davis, ¿ha habido algún otro disco o artista que te haya influenciado durante la gestación de Damned Devotion?
Me encanta escuchar música a toda horas, así que imagino que sí, que ha habido cosas que, de un modo u otro, me han influenciado. Más allá de Ben, que sí, ha sido una influencia muy importante, últimamente he estado escuchando mucho a Madlib, J Dilla o Nick Hakim. Cosas así. También está muy bien el disco de Bridget Kearney. Y también clásicos como Al Green y Marvin Gaye o Roberta Flack.