“Estoy entusiasmada con la nueva ola feminista”
Entrevistas / Christina Rosenvinge

“Estoy entusiasmada con la nueva ola feminista”

Toni Castarnado — 26-04-2018
Fotógrafo — Archivo

Cuando crees que Christina Rosenvinge no sorprenderá, va ella y nos desdice con argumentos de peso. Si con “Lo nuestro” viró hacía un sonido más eléctrico que pintaba a obra de transición, con “Un hombre rubio” (El Segell, 18) deja claro que tiene las ideas muy claras. Rosenvinge puede presumir de estar viviendo un momento dulce.

Para empezar, quería felicitarte por el disco, me ha encantado. Y curiosamente, lo primero que me llamó atención, es el tratamiento de tu voz, suena distinta. Más grave y más profunda. ¿Cómo es eso? ¿Eras consciente durante la grabación de ese cambio?
Sí, claro que soy consciente. Creo que hay varias razones. Una es que he estado de gira muchos meses con una banda bastante potente y he cambiado un poco la forma de componer pensando en que el directo sea efectivo y contundente en cualquier escenario. Básicamente, he escrito melodías pensadas para estar encima de una banda ruidosa, y además con menos letra para crear partes instrumentales más intensas. Por otro lado, creo que los años aportan cuerpo a la voz de todo el mundo. La voz se hace más profunda si no la fastidias antes. Curiosamente es más fácil cantar fuerte que suave en contra de la creencia popular. Todo ha subido de intensidad. Hacer ruido es muy liberador.

“Estoy entusiasmada con la nueva ola feminista. El pensamiento feminista se ha generalizado, ya no es una cosa de unas pocas locas a las que nos intentaban ridiculizar y reducir”.

Creo que “Un hombre rubio”, de alguna manera, es consecuencia de “Lo nuestro”. Aunque tengan conceptos distintos, pero impera el de banda, también hay más ruido. ¿Estás de acuerdo?
Totalmente. Cuando estábamos acabando la gira me daba pena parar de tocar, la banda estaba en un punto óptimo y me lo estaba pasando pipa. Por eso nada más acabar me encerré a escribir tres meses de forma obsesiva. Soy la persona más feliz del mundo cuando puedo hacer eso. Grabé unas maquetas con bases y arreglos en el Garage Band, propuse a la banda entrar a ensayar en unos días y meternos a grabar enseguida en el estudio de Dany Richter, que es mi técnico de sonido desde hace años. El único que no podía era Emilio Saiz, que toca la guitarra, estaba comprometido con otros proyectos así que se lo propuse a Manuel Cabezalí (Havalina). Al principio le pedí que pensara en los bajos, pero luego grabó muchas guitarras. Fue un reencuentro feliz. Ya había estado en la gira de Continental 62 hace años. Retomamos el contacto porque estuvo como invitado en el fin de gira en el Ocho y Medio. Juan Diego Gosálvez toca la bateríay su forma de tocar también ha influido en la clase de temas que estoy haciendo. David T. Ginzo se encargó de los teclados en el disco pero no está en la gira. Ahora llevo a Tony Díaz de bajista y teclista. Cada vez que empiezo a tocar con alguien su sonido me inspira nuevos caminos. No entiendo a esa gente que hace las cosas de una forma rígida. A mí me encanta meterme en terrenos nuevos. Este es el primer disco grabado íntegramente en Madrid desde el primero que hice sola, Que me parta un rayo, porque Continental 62 se hizo entre Madrid y Nueva York. Fue un verdadero lujazo salir de casa tempranito cada mañana y atravesar la Casa de Campo en bici para ir al estudio. Todo fue muy fluido y muy familiar. Con Dany tengo una relación maravillosa. Me conoce al dedillo. Nunca habíamos grabado un disco entero así que nos hacía mucha ilusión trabajar mano a mano.

Has escrito canciones muy importantes durante tu carrera, pero quizás “Romance de la plata” sea la que tiene un mayor simbolismo. ¿Es así?
Es ciertamente una canción importante. Cuando la escribí tuve muchas dudas sobre si quería exponer algo tan personal como la muerte de mi padre y además con tanta crudeza. Pero lo cierto es que el poder curativo del arte se basa en convertir en algo hermoso lo que nos duele. Es pura alquimia. De hecho la primera vez que hablé de esta canción fue en una ponencia sobre creatividad y trauma que di en unas jornadas de psiquiatría. Miren Iza me metió en ese berenjenal. Creo que compartir experiencias es fundamental para darles sentido. Por otro lado era de justicia que la vida de mi padre fuera narrada en forma de romance. Ahora le veo como uno de los últimos románticos del siglo veinte. Un hombre arrastrado al precipicio por sus ideales y su incapacidad de adaptarse al mundo.

Una de mis favoritas del disco es “Pesa la palabra”, en la que hablas de silencios, de cartas sin responder. Y una parte de la canción que me gusta mucho en que dices: “Si de tal palo hay tal astilla, hubo algo puro en mi semilla”. ¿Cuál es la historia de esta canción?
Siguiendo con la relación paterno-filial quería hablar desde dentro de la soledad masculina. Una empresa imposible para mí, claro. No conseguía imaginar que hay dentro del hermetismo emocional de esos hombres tan duros, esos padres que no aceptan o que no reconocen a sus hijos, que no saben demostrar afecto ni amor. La clave al final salió de una frase que pronunció El Cordobés a la salida de su juicio por paternidad. Dijo: “yo tuve un padre de humo, quiero que mis hijos tengan un abuelo de verdad”. Con eso encontré la clave de la canción. No ser capaz de pronunciar las palabras que tu hijo necesita oír es terrible, pero el amor puede estar ahí latente debajo de la piedra. En esa época le preguntaba a todo el mundo por su relación con su padre. Todas las historias que escuché son fascinantes. Las madres son una presencia constante en la vida de los hijos normalmente, pero los padres no. Son pocos los afortunados que han tenido un padre verdaderamente implicado.

Y el contraste de “Anna y los pájaros”, que recuerda a la inocencia de tus primeros discos, con la electricidad de “Niña animal”. ¿Es este un disco de contrastes?
Me gusta mucho jugar a los contrastes. Es una forma de ponerse a prueba y de pillar al oyente por sorpresa. Después de escribir algunas canciones solemnes necesitaba algo más juguetón, más sexy. Así nació “Anna y los pájaros”. Además Anna, de El Segell, acababa de sufrir una operación de urgencia y estaba ingresada. Me pareció más bonito dedicarle una canción que mandarle flores. Se supone que es una oda al amor juvenil escrita desde una voz masculina, pero creo que ha salido más bien lesbiana. “La piedra angular” si que está escrita desde la voz de un crooner maldito. Tenía en la cabeza a Loquillo y a Bunbury al escribirla. Niña animal es otra cosa. Estaba buscando una canción rock, casi afterpunk, pero con melodía emo. Te voy a decir una cosa: uno no madura nunca. La adolescente que fui sigue mandando más que la mujer madura que soy ahora. Esto es estupendo en el aspecto musical y un verdadero desastre para la vida funcional.

“Berta multiplicada” la dedicas a la memoria de la hondureña Berta Caceres. ¿Qué te inspiraba esta mujer?
Cuando Berta Cáceres fue asesinada el año pasado volví a ver su discurso recogiendo el Premio Goldman, que es como el Nobel del ecologismo. Es pura inspiración. En la cosmovisión de los indígenas americanos el alma vuelve a la naturaleza al morir. Las almas femeninas son las que forman los ríos, por eso son sagrados. Berta Cáceres murió por su activismo en contra de la construcción masiva de presas a cargo de multinacionales que están sucediendo en Honduras. Es parte de algo que nos afecta a todos, hay que parar la degradación del medioambiente. No es una idea hippie ni hipster, es el futuro de las nuevas generaciones. Tenemos que aprender a vivir de forma sostenible. Como consumidores tenemos mucho más poder del que pensamos para exigir cambios. Aunque no profeso ninguna fe religiosa, lo cierto es que solamente encuentro paz espiritual cuando estoy en lo alto de un monte o en medio de un bosque, así que la idea de que el alma se reconoce a si misma en la naturaleza me parece perfectamente posible.

Alguien importante en este disco, ha sido Rocío Márquez. De hecho, todo comenzó cuando ella rescató textos tuyos para su disco “Firmamento”. A mí ese disco me parece revolucionario, un álbum flamenco sin guitarras ni palmas. ¿Cómo surgió todo esto?
Es una maravilla. Es un honor formar parte de él porque es mi disco favorito del año pasado. Fue un encargo, no un rescate. Rocío me llamó para encargarme un romance flamenco. Me pareció muy valiente por su parte hacer un disco con textos nuevos escritos por mujeres poetas y letristas que no pertenecíamos al flamenco. Es imposible vivir en España y no tener el flamenco dentro de alguna manera, ella lo sabía. Además lo grabó con una formación nada tradicional, con Proyecto Lorca. Estoy contigo, es un disco revolucionario. Escribí “Almendrita” de cero especialmente para ella después de dedicar unas semanas a estudiar todo lo que pude. Es un romance que toma como punto de partida un clásico conocidísimo, el “Romance de Gerineldo”. Cuando el rey deja su espada clavada entre la princesa y su amante la historia pega un salto de quinientos años y la princesa se despierta aquí y ahora. Es una adolescente embarazada que es obligada a dejar el colegio, casarse con un tipejo que la trata a patadas y encima el niño se le muere a los pocos meses. Suena a otra época pero es una historia absolutamente real que escuché por medio de su profesora.

“Las chicas no tienen miedo, sino falta de fe en que sea posible desarrollar su vocación. Renuncian. Esto ocurre en todos los ámbitos masculinizados. Es una pescadilla que se muerde la cola”.

En el flamenco están apareciendo muchos nombres de mujer en la escena. ¿Cómo ha sido tu relación con este género? Antes de grabar “Un hombre rubio”, rescataste discos de tu padre. ¿Cuál fue la sensación?
Rescatar los vinilos de flamenco de mi padre para meterme en faena con el romance de Rocío y volverlos a escuchar significó resucitar el fantasma de mi padre inesperadamente. De ahí salió “Romance de la plata”. Mi padre era un gran enamorado de la cultura española. Por eso nací aquí en vez de en Dinamarca. Mis padres eran parte de esa ola de inmigración del norte de Europa que llegó a España por puro romanticismo, no por necesidad económica. Mis padres se instalaron en Madrid en vez de en la costa. Somos toda una nueva etnia peninsular.

En la portada del disco sales pensativa, pero al mismo tiempo, con una imagen muy natural y salvaje al mismo tiempo. ¿Qué querías proyectar?
La foto es de Pablo Zamora, que también hizo la portada de “La joven Dolores”. Solemos hacer las cosas de forma muy improvisada porque tenemos mucha confianza. Le dije: “Pablo, en este disco tengo que cambiar de sexo”. Y le pareció de lo más normal. Nos fuimos a Navacerrada con un montón de ropa masculina y nos pusimos a disparar. Quería recrear un retrato de mi padre para que la artista Susana Blasco hiciera una pieza juntando las dos fotos. Ese collage está dentro del disco. Ahora en cada disco incluyo una obra gráfica de una artista fabulosa que los fans pueden enmarcar y todo. En el anterior era de Paula Bonet.

¿Cómo has vivido este 8 de marzo? Supongo que sigues emocionada por todo lo que pasó en Barcelona. ¿Por qué crees que este momento de reivindicación ha llegado ahora y no antes?
Estoy entusiasmada con la nueva ola feminista. El pensamiento feminista se ha generalizado, ya no es una cosa de unas pocas locas a las que nos intentaban ridiculizar y reducir. Estoy metida de lleno desde hace años, como ya sabes. Tradicionalmente, hasta ahora, el 8 de marzo era el día en que todas las chicas de la música teníamos concierto. Era el único día del año en que los programadores preferían mujeres. Por eso hace meses reservamos la sala Apolo para presentar “Un hombre rubio” con un cierto halo de ironía. Ante la convocatoria de huelga tuve dudas sobre si debía cancelar porque cambiar de fecha era imposible. Al final hicimos algo muy sonado. Primero salió la banda sin mí y tocaron “Canción del eco” como performance simbólico. A continuación cedimos el escenario a todas las mujeres de la industria musical que llegaban directas de la manifestación cargadas de energía e indignación. Carmen Zapata, portavoz de la asociación MIM, leyó un manifiesto muy bien escrito exigiendo presencia y poder de decisión en todas esas oficinas. Hay muchas mujeres llenas de ideas y talento que normalmente se encargan de trabajos de producción y ejecución pero no de dirección. Si queremos más diversidad sobre los escenarios tiene que haber mujeres con conciencia feminista en los puestos de dirección. El criterio de igualdad se forma con educación y conocimiento. No basta con gestos cosméticos sin verdadera trascendencia. Por ejemplo, no vale tener un cartel de artistas femeninas que tocan solas en escenarios pequeños para salvar el cuello, mientras los tíos tocan con banda en los grandes. Tampoco decir que no hay tantos proyectos femeninos como para crear paridad en los festivales. Somos muchas las que estamos en activo.

En más de una ocasión habíamos hablado de que las chicas necesitaban referentes, perder el miedo a coger un instrumento. ¿Eso está cambiando?
Las chicas no tienen miedo, sino falta de fe en que sea posible desarrollar su vocación. Renuncian. Esto ocurre en todos los ámbitos masculinizados. Es una pescadilla que se muerde la cola. No hay más chicas porque no hay referentes que sirvan de ejemplo. Hay millones de referentes masculinos muy variados pero los referentes femeninos son anecdóticos, tienen menos visibilidad y se valoran de forma prejuiciosa. Además no suelen conseguir tener carreras largas porque son la rareza, la excepción. Es tremendamente difícil para las mujeres abrirse camino y, encontrar lugar entre el compadreo y la complicidad masculina. Lo más desolador es que tantos hombres encuentren natural que no haya mujeres a su alrededor haciendo lo mismo que ellos. Cada vez que una persona está en una situación en la que solamente hay tíos que hablan del trabajo de otros tíos debería preocuparse. Eso quiere decir que se está produciendo exclusión y tiene que preguntarse por qué y como está él contribuyendo a eso. Las mujeres tenemos tanta vocación, tanta ambición y tanto talento como los hombres, pero el sistema social está construido para hacernos renunciar y que nos dediquemos a la familia o a trabajos secundarios. Piensa que por cada genio masculino que ha aportado algo valioso al mundo había un genio femenino que se ha quedado en casa lavando calzoncillos. Eso hemos perdido hasta ahora. El talento necesita suelo en el que germinar. No crece sin respaldo.

Una obsesión mutua de la que hemos hablado muchas veces es Nina Simone. ¿Cómo crees que sería su visión del mundo ahora mismo con tanta convulsión como hay? Y en la actualidad, ¿ves a alguien con la capacidad de liderazgo y el discurso de Nina?
Claro que sí, hay figuras muy potentes. Pero lo que no sé si habrá otro talento tan brutal como el suyo en este universo. Lo más bonito del movimiento feminista es que no hay grandes lideres ni poderes individualistas. Es la unión de muchos discursos muy lúcidos y bien fundamentados. El debate es inclusivo y constructivo. Hay muchas corrientes que se respetan.

Finalmente, ¿creo que estás preparando un libro? ¿En qué va a consistir?
He reunido canciones, textos y diarios. Lo que quiero sobre todo, es explicar que hay detrás de esta profesión. La parte dura, el andamio. Lo que no se ve y sin embargo sostiene todo. Estoy corrigiendo la versión final.

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