Carnavales y norias
Entrevistas / Carrots

Carnavales y norias

Miqui Otero — 22-03-2004
Fotógrafo — Archivo

“Uno siempre está disfrazado; por eso, al ponerse otro disfraz encima se deja de estar disfrazado”, escribía el doctor patafísico Boris Vian. Y por ahí vuelven los barceloneses con “All It Takes Is A Little Confidence!” (Grabaciones en el mar, 04), un tercer disco que se debate entre las marmitas lisérgicas made in Canterbury de su debut y el batido de coco del pop soleado que nos brindaron en su segundo trabajo. ¿Psicodelia y sinceridad?

Comenzaron allá por el milenio pasado con “Saving Chocolate Coins” (Grabaciones en el mar, 98), un opus pink-floydiano oscuro y poblado de fantasmas en el que intentaban exorcizar el síndrome de Peter Pan conjurando el espíritu de Syd Barrett. Después, como si el carnaval siguiera al miércoles de ceniza y no lo precediera, ofrecieron “Sunshine” (Grabaciones en el mar, 01), un segundo disco de flamantes teenage symphonies to God, que diría Brian Wilson, repleto de odas a la Arcadia Pop que fue la California sesentera. El tercer viaje, este “All It Takes Is A Little Confidence!”, tiene un poco de los dos anteriores: hacen balance de todo lo que les ha pasado, suenan a un Kevin Ayers gamberro cantándole a la “Caribbean Moon” e intentan curar a golpe de honestidad la resaca de las olas que les trajeron tanto los Beach Boys como su gira más desfasada y exitosa.

" Cuando estoy haciendo una canción que suena a hit, tengo la tendencia a mutilarlo metiendo un elemento cortarrollos hacia el minuto tres "

El resultado: canciones que son como el resumen a cámara rápida de un trip. Cada píldora de tres minutos contiene ideas suficientes como para sacar diez temas: en una sola vuelta subes y bajas como en una noria de seis puntas. “Cuando estoy haciendo una canción que suena a hit, tengo la tendencia a mutilarlo metiendo un elemento cortarrollos hacia el minuto tres... Supongo que en ´Sunshine´ lo evitaba porque nos propusimos otra cosa, pero en realidad es lo que me sale. Siempre ponemos en la balanza si realmente vale la pena y acabamos dando otra vuelta de tuerca porque es lo que la canción nos pide. Además, a ver si así, ahora que todos pinchamos, los Dj´s aprenden a mezclar; porque como las dejen enteras…”, avisa Willy. Y es que si bien el tono agridulce de los de El Prat recorre todo el álbum, en éste no se han privado de incluir desarrollos más rebuscados en los que lo agrio y lo dulce saldan su contienda con tablas. “Durante un tiempo el optimismo de ´Sunshine´ fue como una filosofía de vida que nos ayudó a salir de un mal momento. El primer disco vendió sólo seiscientas copias y salíamos a tocar un poco a la defensiva, como diciendo: esto que hago y es muy raro, te voy a tocar un tema de doce minutos, pero haz el favor de escucharlo. En cambio, cuando entramos a grabar el segundo coincidieron muchas cosas positivas: llegó Mati a la batería, yo acababa de salir con éxito de una operación y lo grabamos en Cádiz en pleno agosto... Además, no teníamos nada que perder porque llevábamos más de un año desaparecidos...”, explica Roberto, bajista y vértice del triángulo que, con Freddy al teclado, conforma el núcleo duro de la banda.

" Aunque sabes que tienes todas las de perder, porque el público está como está, siempre tienes ilusión "

Ahora Mati ya no está con ellos porque se ha centrado en el proyecto que pilota junto a su hermano Maxi, Ovni, donde se ha afeitado el bigote à la Ringo Starr que llevaba con Carrots para volver a sus raíces más punk. Con el nuevo batería totalmente adaptado, los barceloneses pierden un poco el halo de estrellas de rock para, como reconoce Willy, priorizar aún más la música y los arreglos. “Sí, pero tampoco creas que ´Sunshine´ era tan fácil, también había mucho trabajo. Lo que sucede es que en el primero había mucha información, mucha psicodelia teenager y un poco naïf, ganas de meterlo todo y decir: ¡hostia, mira qué raro sale! Este disco recoge quizá lo mejor de los otros dos”. De hecho, si un híbrido entre trilero y top-mantero desordenara los tres compactos y preguntara, dando la oportunidad de una escucha, el orden cronológico por el que fueron editados mucha gente fallaría. Con “All It Takes...”, Carrots no abandonan definitivamente la purpurina y el bubblegum pop; aún son tan fans como antes de “El fantasma del paraíso”, la ópera glam de Brian De Palma, y de las espirales tecnicolor, pero ahora vuelven a florecer antiguas filias que van saliendo durante la conversación, como el rock progresivo de los catalanes Máquina -que tocaron hace poco en Granollers-, y el de Caravan y Supertramp. Pero ahí no acaban los ingredientes del arriesgado cóctel: espídicos desarrollos country, arreglos disco donde Donna Summer flanqueada por Earth Wind & Fire baja por Las Ramblas o las omnipresentes tres B´s: The Beatles, The Beach Boys y The Byrds. “La verdad es que esta vez no teníamos una influencia directa como con los otros. Lo importante es que estés orgulloso con tu carrera y hagas algo coherente. Creo que lo que la gente valora es que somos sinceros y que tenemos la filosofía de usar las canciones como una forma de expresión. No pensamos si esto va a funcionar o no para el público, lo hacemos como nos sale… Pensamos: ojalá que a este tío le llegue lo que estamos haciendo porque será bueno para su salud mental...”, apunta Willy, entre carcajadas. “Sí, somos los evangelizadores de la psicodelia”, añade Roberto, el otro vértice gamberro de la banda. Freddy, más serio, sería el único que no saldría condenado en una inspección antidopping. Sin embargo, precisamente él firma el tema más crudo del disco, que recuerda a cualquier composición de Dennis Wilson, el hermano pequeño de los Beach Boys y el único abiertamente crápula (se ligó hasta a la hija de los Reagan y fue el primero en abusar de todo tipo de sustancias). Un tema que es algo así como la canción “Little Bird”, del “Friends” -el disco que sucedió al famoso “Pet Sounds”-, en el que su personalidad más desgarrada dialoga con la fantasía almibarada, pero herida de su hermano Brian. “Freddy siempre ha sido una parte importantísima del grupo porque los teclados tienen mucho protagonismo en nuestra música, pero esta es la primera vez que se decide a tener un más protagonismo. Además, es como la referencia para nosotros dos, espiritual y física, porque cuando no sabemos ni dónde estamos le damos el papelito del hotel para que nos meta en el taxi”, confiesa Roberto. El otro carrot en la sombra es el productor Paco Loco, que ya les acogió en su paraíso gaditano en la grabación de “Sunshine”. Haciendo honor a su mote, hace unas semanas hacía circular un mail en el que anunciaba su intención de presentarse a las elecciones generales para aportar un poco de cordura al gran teatro del guiñol político español. “Por lo visto al final no se presenta porque tenía que poner pasta por adelantado. Paco Loco es nuestro productor, pero también nuestro psicólogo y casi un músico más de la banda. Realmente creo que este disco no hubiera sido posible sin él porque no íbamos al estudio con la alegría del anterior y además llevábamos las canciones mucho más esqueléticas, las teníamos que desarrollar más allí”, recuerda Willy. Y es que el historial de la banda sigue la línea de una montaña rusa. La primera palabra del anterior disco era sunshine, pero es que el primero acababa diciendo: “Que alguien me diga cómo se debe vivir esta vida / aún tengo tiempo de volverme a equivocar”. “En este último hablamos mucho de las experiencias que hemos tenido durante las giras, sobre cómo nos han afectado las drogas. Bueno, a Freddy no; bueno sí, indirectamente... Algo así como con los Beach Boys, que parecen todo campanitas de Belén, pero estaban hechos polvo” Carrots saben que en el techo del indie patrio está hecho para vuelos alicortos. Sin embargo, han visto cómo sus compañeros de verbenas Sidonie, con los que mantienen una amorosa rivalidad Beatles Vs. Stones a escala, lo han logrado. Roberto lanza la enésima puya acompañada de la correspondiente carcajada. “A punto de cumplir los treinta y seis y viviendo aún en casa de sus padres, pues ya les tocaba... Pero hay que reconocer que s

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