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rhiannon giddens

Estremecedor es un adjetivo que se utiliza con demasiada frecuencia. Tanta que puede perder peso a la hora de catalogar el trabajo de un artista. En un mundo repleto de eslóganes facilones y directos, cualquier disco puede ser tratado por encima de sus posibilidades. Por eso me resisto a calificar de estremecedor el nuevo trabajo de Rhiannon Giddens. Casi os invitaría a escucharlo primero y luego volver a retomar la crítica en este mismo punto. Un luego hablamos que me ahorraría tener que llenar la pantalla del ordenador de superlativos o sinónimos de excelso, que por otra parte no hacen más que aburrir al lector y generarle cierta suspicacia.

A muchos puede que el nombre de Rhiannon Giddens no les suene nada en absoluto, porque su anterior banda Carolina Chocolate Drops tampoco ha sonado demasiado por estas latitudes. Otros la recordarán por su tímida participación rodeada de hombres de la talla de Elvis Costello, Jim James (My Morning Jacket) , Marcus Mumford (Mumford and Sons), Taylor Goldsmith (Dawes) en el documental “Lost On The River: The New Basement Tapes”. Un experimento en el que T-Bone Burnett se encargaba de dirigir a esta pléyade de autores con el objetivo algo fallido de recrear el espíritu con el que Bob Dylan y The Band escribieron algo parecido al Santo Grial de la Americana actual. El afamado productor se encargaría además de producir el primer largo de esta artista de color en solitario titulado “Tomorrow Is My Turn” que, siendo un buen álbum, no alcanza ni los niveles de emoción ni el inmaculado y sólido sonido de este segundo disco.

Estamos ante un álbum de texturas variadas que juega en terrenos comunes a la música tradicional americana y que podríamos afirmar que gira alrededor de lo que ha significado y significa ser una madre negra en los Estados Unidos. Así el disco se abre con un estremecedor tema titulado “At The Purchaser’s Option” que narra como mediante anuncios en diarios se producía la venta de esclavos separando a los hijos de sus madres sin ningún tipo de escrúpulos. Una canción desgarradora en la que el banjo de Rhiannon Giddens marca un tempo cadencioso sobre el que sobrevuela hasta imponerse la preciosa voz de la artista. Salvando las distancias, a mi me ha recordado y estremecido de la misma forma en que lo hizo el “Let England Shake” de PJ Harvey. Tras este la cantante recupera un viejo blues de Mississippi John Hurt en el que la muerte de un infante de color es el protagonista. “Julie” es otro blues convertido en desesperado lamento gracias al banjo y los violines. Un tema basado en la lectura por parte de la artista del libro de Andrew Ward titulado “The Slaves’War: The Civil War in The Words Of Former Slaves”. Y así continúa un disco que pasará del r’n’b más elegante (Better Get It Right The First Time”) al jazz de Nueva Orleans (“Hey Bebe”), la balada desgarradora (“Baby Boy”) para finalizar con una versión de los The Staple Singers que da nombre y sentido a este maravilloso trabajo.

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