A lo largo de los años, ciertas personas tienen la ocasión de elegir entre rodearse de comodidades o su libertad. Y por supuesto suelen decidirse por lo primero. Pues bien, Billy Childish eligió lo segundo, convertirse en un anacronismo basado exclusivamente en técnicas garageras.
Y es esa cualidad suya, junto con la tremenda capacidad para sacarse de la chistera una respetable cantidad de algo (canciones-apropiaciones, poemas, novelas, cuadros...) cada pocos meses, la que lo hace insustituible, casi sagrado. Mientras otros agotan las válvulas en dos años, Childish es Milkshake, Mighty Caesar, Pop Rivet, Headcoat, Stash, partenaire de Sexton Ming o Blackhand, y para terminar se deja crecer el mostacho, se enfunda en una casaca decimonónica –para reafirmarse en lo anticuado, será-, y se acerca a los Who y al revival mod tanto como se puede permitir alguien que vista de esa guisa y haya estado grabando durante décadas con un cavernalismo cerril. Así son los Medway Wheelers: unos Mighty Caesars caídos en medio de “So Sad About Us”, unos Headcoats reventando “Time For Truth”. Los tacharán, no quepa duda, de revivalistas y arcaicos, los mismos que confunden libertad con modernidad. Pero por aquí no se confunden esos términos. Y sí se tiene claro, en cambio, que la suma de temperamento y vibración sin desinfectantes equivale al genio.
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