Reunions
Discos / Jason Isbell

Reunions

7 / 10
Kepa Arbizu — 15-05-2020
Empresa — Southeastern records
Género — Alt-Country / Americana

A estas alturas seguir identificando a Jason Isbell como una de aquellas piezas claves que propició el mejor momento creativo vivido por Drive-By Truckers quizás carezca de demasiado sentido. Primero porque el estadounidense ya ostenta una carrera de personal, exitoso y excelente recorrido, y segundo, porque la banda ahora comandada por Cooley y Hood ha recuperado en sus últimos lanzamientos un nivel extraordinario. Dicho lo cual, y dejando clara su desvinculación con épocas pretéritas, el nuevo álbum del músico, “Reunions“, se presenta sin embargo con la intención de ejercer como espejo al que enfrentar aquel hombre que fue con el que en la actualidad es: padre, esposo y residente en un apartado pueblo. Sin ánimo revanchista ni flagelaciones de por medio, la decena de canciones recogidas en este trabajo asumen sin complejos la necesidad de hacer aflorar, con la fuerza que propicia el paso del tiempo, viejos -y algunos rejuvenecidos- fantasmas.

No es nada inédito que el autor de obras como “The Nashville Sound”, dotadas ya de un lugar prioritario en el sonido americano actual, acometa un acto casi confesional a través de sus composiciones. Pese a haber extendido la mirada cada vez más hacia su entorno o a poblar de personajes sus historias, a nadie se le escapa que en todo ello late un persistente ejercicio catártico y autorreflexivo. Una condición que, si bien ya le había hecho despuntar entre la hornada de songwriters existente, en su actual álbum afronta con con un grado todavía más elevado.

Haciéndose inseparable en las últimas entregas de su banda, The 400 Unit, en la que milita su mujer Amanda Shires, y de la producción de Dave Cobb, es precisamente la labor de este segundo, esmerándose por perfilar un contexto más rico y poblado, la que alcanzará un valor primordial en la confección definitiva de las canciones así como del propio concepto global. Porque si ya ha quedado claro que el resultado obtenido por el álbum responde en parte al enfrentamiento directo planteado con las diferentes etapas de su biografía, no será menos relevante la exigencia (auto)impuesta en cuanto a esquivar una determinada complacencia artística.

Reunions” emerge, por lo tanto, como la controlada réplica a unos trabajos predecesores que han situado a su autor en lo más alto de la música de raíces. Un vértigo que parece haber mitigado tomando la determinación, sin renunciar en absoluto a toda la sabiduría acumulada y evidenciada en dicho ámbito, de regatear los cánones más férreos y lanzarse hacia texturas o planteamientos menos rígidos a la hora de liberar su expresividad. Una encomiable actitud que será la responsable de generar suculentas, y en muchos momentos magistrales, sensaciones pero también de crear leves desequilibrios. En el lado más positivo de esa balanza se presenta, precisamente, el tema inaugural. Desde su inicio de sopetón, y su progresivo y rico juego instrumental, “What’ve I Done to Help”, en la que encontramos la colaboración de David Crosby, exhibe un emocionante deje declamatorio que le confiere un tono soul que no le sitúa lejos de las apuestas emprendidas por nombres como el de Michael Kiwanuka. Y es que este un disco en el que en no pocas ocasiones aparecerán “tiznadas”, con mayor o menor profusión, las “raíces” de Isbell, incluso en su propia forma de cantar.

Van a ser precisamente los temas que encierran ese sentido más cálido y delicado los que exponencien el nivel del álbum, convirtiéndolo en un emisor de belleza casi inabarcable. De ahí que la incorporación de rasgos claramente campestres a ese “alma” favorezca la aparición de canciones que, como la sensible y extraordinaria “Dreamsicle“, parecen encontrar su sitio en un espacio intermedio entre The Delines y el Ryan Adams más íntimo. Una lujosa avanzadilla para un buen puñado de temas que merodearán ese territorio aplicando un aroma sureño con melódica entonación pop en la simbólica “River”; acurrucándose sobre la única luz que permanece encendida para entonar “Only Children” o desatar el lado mas nostálgico en el recordatorio a otro genio como el desaparecido Neal Casal (“St. Peter’s Autograph”). Un recorrido que acabará por todo lo alto a través de un final apoteósico con la balada country, y su leve zarandeo a paso de vals, que es “Letting You Go“. Preciosa dedicatoria a su hija de la que estaría orgulloso haber sido su creador alguien como, por ejemplo, Willie Nelson.

Todos los títulos mencionados funcionan como la columna vertebral que consigue estilizar y sostener majestuosamente el conjunto. Pero si buena parte de su mérito reside en el ejercicio, llevado hasta su resolución más perfecta, de haber sido decorados con sabiduría hasta hacerlos recalar en su óptimo destino, no sucederá en el mismo grado con las piezas que se desarrollan bajo un ámbito más rockero, dispuestas por lo general sobre un escenario demasiado recargado. Las siempre bienvenidas reminiscencias a la que fuera su banda, aquí sin embargo no consiguen trasladar en su totalidad esa crudeza tan característica, que terminará desviada hacia una abigarrada épica, visible mayormente en “Be Afraid” o en una no tan saturada “Overseas” que sí permite hacernos partícipes de su carga emocional. Menos excesivos serán los ejercicios ornamentales en las pegadizas andanadas de “It Gets Easier“, reflexión sobre el duro proceso de mantenerse sobrio, o en el sinuoso medio tiempo, que parece extraído de la radio fórmula de los años ochenta, “Running With Our Eyes Closed“.

Si algo tenemos claro, por lo visto en sus canciones, es que Jason Isbell nunca ha renunciado a pelearse con las sombras que acompañan -y que irremediablemente lo seguirán haciendo- su camino. Sabe perfectamente que el único método para poder avistar algo de claridad es siendo consciente, y enfrentándose, a la existencia de la oscuridad. Envite que no solo no rehúye sino que escenifica en un nuevo álbum repleto de pasión y sentimiento en el que pese a que, quizás, quién sabe si por ese exceso emocional, no acaben de encajar todas las piezas de un modo perfecto, poco importa, porque precisamente los pasos más verdaderos y valiosos dados en la vida nunca suelen serlo, y no por eso dejan de ser los más recordados.

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