“Para nosotros era la música o la muerte”
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“Para nosotros era la música o la muerte”

Carlos Pérez de Ziriza — 08-05-2026
Fotografía — Archivo

El periodista Alex Serrano (Valencia, 1976) ha trazado una fiel radiografía de la trayectoria de una de las bandas más emblemáticas del pop independiente español de los últimos tiempos en el libro "Dorian. A cualquier otra parte. Veinte años y un día de la banda que cambió el rumbo del indie español" (Plaza & Janés).

El resultado refleja no solo la historia de Dorian sino también la evolución de la escena estatal a lo largo de casi tres décadas, y es la excusa para charlar con el autor y con Marc Gili, vocalista y compositor principal del cuarteto barcelonés.

Creo que el libro refleja muy bien la trayectoria del grupo, que se podría haber solventado como una historia oral pero es una narración. Y creo que uno de sus logros es que brinda un equilibrio muy logrado entre el contexto y la vivencia de Dorian.
Marc: Se ha intentado, desde luego. Se pueden explicar las cosas de un modo más o menos crudo, pero lo que hay es verdad.
Alex: Por una parte, a la gente le gusta leer historias. Todos los grupos tienen canciones pero no todos tienen una historia: lo digo en el comienzo del libro. La de Dorian es muy interesante y corre en paralelo a la historia de los últimos veinte años de música en España. Y sobreviviendo a enormes cambios. No hay muchos casos así. Su historia tiene un valor narrativo en sí mismo. Y recordemos que a veces parece que el tramo inicial de los primeros años 2000 no existió porque no había redes sociales. El contexto le da más valor a lo que han conseguido Dorian a lo largo de los años. No lo han tenido fácil. Y se han mantenido fieles a una identidad y a una ética de trabajo, muchas veces con el mar en contra.
Marc: Yo creo que el libro que ha escrito Alex tiene un poderoso valor periodístico en sí. Aparte del trabajo que supone entrevistar a más de cuarenta personas, con sus correspondientes chapas (risas). El marco ofrece un diálogo generacional que le da a este libro un rasero que trasciende la mera biografía. Si sobrevive a la vorágine editorial, una persona que tenga ganas de investigar sobre la evolución de la industria discográfica en los últimos veinte años podrá formarse una idea leyéndolo. Se habla de muchas bandas, de los cambios en el consumo, de lo precaria que era nuestra escena antes de los grandes festivales. Aquí no había prácticamente nada, y nos olvidamos: tres festivales, cuatro ayuntamientos y un montón de salas precarias. Y ahora es una de las escenas independientes más poderosas de Europa y diría que del mundo.

"El mercado empuja a los artistas a producir más de lo que pueden al año, al menos con calidad"

Dorian ha tenido que adaptarse a los tiempos, surfear distintas olas.
Marc: Creo que las bandas que guardan una singularidad en su sonido, tienen la capacidad ir evolucionando dentro de sus propias coordenadas y de capear las modas, que son muy perniciosas en la música. Vivimos en una sociedad turbocapitalista que necesita que en el mercado haya productos nuevos cada equis tiempo, porque si no, la gente se aburre. Y eso es saludable, aunque más cuando surge del underground que del mainstream. Pero cuando tienes un sonido personal, es más fácil que las balas pasen sobre tu cabeza.
Alex: Creo que tener una apuesta artística y laboral total, es una de las claves. A veces parece que haya que hacer bandera del amateurismo, y no.
Marc: Bueno, en España cuando tienes sueños, te intentan cortar las piernas por todas partes (risas).
Alex: Dorian tenían claro lo que querían y el peaje que supone. El libro es un viaje que refleja toda clase de penalidades. No todos los grupos están dispuestos a tocar una noche en A Coruña y la siguiente en Alicante, viajando en un coche y cruzando la península sin dormir. Es el triunfo de una ética de trabajo y de una actitud insobornable.
Marc: Siempre hemos estado en la independencia, sin tener nada en contra de las multis. Hasta Sonic Youth estuvieron en una: nada que objetar si respetan al artista. Pero siempre nos ha costado que nos domaran. Tenemos muy dentro la autogestión. Eso nos permitió empezar de cero en Mexico, en Argentina o en Perú, cuando en España ya nos iba muy bien. Nos gusta ese espíritu independiente, como el que siempre han tenido Fugazi. Lo que pasa es que dimos el salto a un público muy masivo. Tienes que ser soberano de tu carrera. Rosalía lo es, por mucho aparato promocional que tenga detrás. A la vista está: ha hecho el disco que le ha dado la gana. En los noventa era más difícil llegar al gran público desde lo independiente.

¿Habéis estado alguna vez a punto de tirar la toalla y dejarlo?
Marc: No. Sé que es una cosa muy bestia. Bart (Sanz), Belly (Hernández) y yo, que somos quienes nos comimos los años más complicados, nunca desfallecimos. Porque para nosotros era la música o la muerte. Sentía una gran tristeza alguna vez, volviendo de Murcia, de Euskadi, de Aragón o de Madrid, por haber tocado delante de muy poquita gente, llegar destrozado un domingo por la noche a Barcelona con el coche o con la furgo y tener que ir a trabajar al día siguiente de cualquier cosa. Por supuesto. Te sientes miserable. Sientes que es muy crudo este mundo cuando te quieres abrir camino. Pero no sentía ganas de abandonar: sentía rabia. Desdén. Nos costó unos cinco años empezar a despegar. No a despegar: tener nuestro primer contrato discográfico. Pero el abandono nunca estuvo en nuestro vocabulario. No entendíamos por qué el mundo no nos entendía, algo que supongo que también tiene algo de post adolescente. Pasaban los años y no pasaba nada. Fue como cruzar el océano y no ver tierra, hasta que avistamos una isla, que fue nuestra canción “Te echamos de menos”. Y luego vino más tierra firme. Pero la música era nuestra vida, nunca hubo un plan B.

¿Qué diríais ambos que es lo mejor y lo peor de la música en este momento, en comparación con lo que era hace 25 años?
Alex: Como periodista, la madurez te da una serenidad y una tranquilidad que quizá antes no tenías. Y creo que he conseguido asimilar muchos años de escuchar música hasta ser menos beligerante y prejuicioso que antes. Lo malo es llegar al periodismo musical en un momento en el que parece que se acabó la fiesta. Aunque el panorama nunca fue muy boyante, la verdad.
Marc: Nosotros también teníamos esa impresión como grupo cuando empezamos. Sacamos el primer disco en plena crisis del formato físico. Y hemos ido encadenando crisis o cambios en la forma de consumir música. Da la sensación de que estamos en una provisionalidad permanente.
Alex: Claro, y la gente que no ha conocido otro mundo que no sea el digital, ya no te compra esa película que dice que si te esfuerzas mucho puedes conseguirlo y no sé qué. Nosotros hemos vivido el final de una era para lo malo y el principio de otra también para lo malo. Como bien saben Dorian, vivimos una época que quiere lo nuevo, lo joven, lo fresco, y parte de esto aplica también para los músicos. Ahora te tienes que multiplicar, haciendo muchas más cosas que simplemente ensayar, ponerte a hacer canciones y subirte a un escenario.
Marc: En el aspecto positivo, creo que ahora tienes más facilidades para grabar un buen disco, ahora mismo el techo de tu creatividad puede ser el cielo, si tú quieres. A nivel técnico, puedes grabar un disco que suene como el mejor, con un presupuesto medio. Tienes bancos de samplers, mil pluggins de instrumentos… esto era impensable hace veinte o treinta años. Por otra parte, la gran explosión de los festivales ha comportado una mayor profesionalización de las escenas. Los grupos se pusieron las pilas para sonar igual o mejor que los extranjeros y tener unos directos igual de solventes, eso es algo a poner en valor. Por el contrario, el gran Leviatán es para mí la gran saturación de música que hay, y la práctica desaparición del periodismo musical de la primera línea de la conversación no es una buena noticia. Necesitamos, como siempre dice Santi Carrillo, un semáforo en la jungla. Un chaval joven no es capaz de gestionar tantísima información al alcance de un click. Necesitamos un periodismo musical de calidad que nos oriente a todos, y me incluyo. La saturación del mercado impide que los árboles dejen ver el bosque. Me angustia que a los sellos se les estén pasando por alto grandes talentos porque no pueden verlo. No podemos publicar en las plataformas todos a la vez. No sé cuál es la solución, pero esto no es bueno para la música. El mercado empuja a los artistas a producir más de lo que pueden al año, al menos con calidad. Hay que publicar menos y que sea de mayor calidad. Habría que frenar esta deriva de la hiper producción, donde los artistas se esclavizan a sí mismos.

También es verdad que hace 25 años hubiera sido casi impensable la publicación de este libro. Eso es algo positivo.
Alex: Aquella época de los libros de Midons y La Máscara, en los noventa… eran la única manera de saber algo sobre muchos grupos cuando aún no existía internet. Ahora se están publicando más libros de música que nunca, especialmente de música española, y eso es algo muy positivo, porque era una anomalía. Hasta hace unos pocos años no había un libro decente sobre Julio Iglesias, por ejemplo. Imagínate que en EE.UU. no hubiera habido un libro sobre Elvis hasta hace cinco años. Salvando todas las distancias. Sigue quedando mucho que contar sobre música española, más cuando apenas quedan revistas ni medios que puedan apostar por textos largos.
Marc: Y esto es posible, volviendo a lo que hablábamos antes, gracias a que la escena independiente ha explotado. Yo sitúo el estallido en torno a 2009. Ese paso al mainstream de parte de la escena española, que no ha parado de superar récords. Podemos estar orgullosos de la escena que hemos construido entre todos, y aquí incluyo también, obviamente, a medios como Mondo Sonoro. En la vorágine diaria es muy fácil olvidarnos de dónde estábamos y dónde estamos ahora. Qué maravilla que se puedan publicar tantos libros porque hay un público al otro lado, dispuesto a consumirlos. Y ojalá este libro pueda inspirar a chicos o chicas jóvenes para dedicarse a esto.
Alex: Yo antes de escribir este libro no conocía personalmente a los miembros de Dorian, ni siquiera los había entrevistado. Y su inmensa generosidad a la hora de trabajar conmigo y abrirse por completo, cuando era un desconocido para ellos, ha sido un privilegio.

 

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