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Las constantes peleas conyugales que mantenía Jason Isbell con Shonna Tucker, en el seno de Drive-By Truckers, provocaron la salida del guitarrista de la banda en 2007 y su descenso autodestructivo en manos del alcohol. Poco o nada podíamos imaginar en ese instante que su carrera en solitario alcanzaría, ya sobrio, redimido y con una nueva pareja, unas cotas tan excelsas como las logradas en sus tres últmos trabajos. Un ejercicio de redención en el que ha tenido mucho que ver tanto la figura de su actual esposa, la brillante violinista Amanda Shires, como la de un productor de aromas clásicos como Dave Cobb responsable del sonido alcanzado por otros nombres importantes de la americana actual como Sturgill Simpson o Chris Stapleton.

Y es que este “The Nashville Sound”, en el que nuestro protagonista se vuelve a rodear de los 400 Unit, suena a tratado de cómo hacer un disco de americana que suene actual, pero no rompa con el pasado; que suene sólido pero a la vez delicado; que asuma sin miedo que a menudo los que van a disfrutar de sus tonadas, no van a estar para nada de acuerdo con el mensaje que se narra pero que eso, lejos de ser un hándicap, puede ser una oportunidad única para inserta una semilla de luz en mentes algo palurdas que posiblemente contribuyeron con sus votos al ascenso de Trump hasta la Casa Blanca.

Todo en este disco está pensado para huir del cliché, pese a lo difícil que resulta ponerse en la piel de otro para contar una historia sin caer en lo obvio. Así, canciones como la excelsa letanía roquera que es “White Man’s World” pueden levantar más de un sarpullido entre los que, como dice la canción: han callado ante las risas que un chiste de blancos ha provocado entre los blancos. Es solo un ejemplo, pero el álbum está repleto de poderosas imágenes en las que, como ha citado el mismo autor, la figura de Randy Newman y sus historias cotidianas de ricos que cada vez son más ricos y pobres que cada vez tienen más difícil donde caerse muertos, han sido una gran influencia. Solo hay que escuchar un tema tan sentido. poderoso y profunco como “Anxiety”, en el que el autor cuenta el miedo que siente ahora a perder todo lo que ha logrado, para darse cuenta de lo mucho que ha crecido Jason Isbell a la hora de mirar a sus demonios frente frente y superarlos alejado de la botella. Eso le ha dado una seguridad como autor que va mejorando, aunque pueda parecer imposible, a cada nuevo disco que edita. Y en este con temas como la delicada “Tupelo”; la más musculosa “Hope The High Road” o esa “Chaos And Clothes” que recuerda la sensibilidad tonal del malogrado Elliott Smith por los cuatro costados, simplemente lo ha bordado.

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