Load Records, paraíso terrenal para enajenados y reducto para el terrorismo en el rock. El lugar idóneo para cobijar a depravados como Ned Meiners y Adam Stonehouse.
Otro dúo más (en este caso de San Francisco) que se añade a la enorme lista de parejas surgidas en los últimos tiempos (a cada cual más freak) que en este segundo disco vuelve a destrozar géneros establecidos y, de paso, todos los tímpanos posibles. Acoples, chirridos, ruido inconexo, atmósferas viciadas, trash irreverente, garage deconstruido, feísmo controlado: sus temas son una apología del primitivismo formadas por un material de derribo situado en un punto no definido entre Einstürzende Neubaten, Jon Spencer, Royal Trux y Sightings. Una maraña de canciones anómalas, defectuosas, caóticas, despedazadas, pero esencialmente intensas y esperpénticamente sustanciales. Una confluencia en clave lo-fi de voces deformadas y sonido metálico, materia informe perfecta y suma potencial de todo aquello que nos hace vibrar, a cargo del hijo bastardo y deforme que nunca quiso tener el rock´n´roll.
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