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Soy muy fan de laCharlotte Gainsbourg actriz. Es una de esas actrices que sin ser extremadamenteguapa (pertenece a ese grupo de intérpretes que yo llamo cariñosamente feguapas) tiene mucho talento y algo especial, ojo,y acaba resultando mucho más atractiva que otras que le superan en belleza eimportancia mediática. Ahora bien, cuando llevado por mi fanatismo por la galatenía que defender en cenas su talento como cantante, llegaban los problemas.Su debut oficial tras sus devaneos teenagers con la música en los ochenta fue “5:55”, un disco apañado y poco más. De ahí queun servidor necesitara como agua de mayo una delicia como este “IRM”, un álbum que por fin nos descubre a unaGainsbourg pletórica como intérprete de canciones ajenas. Y es que el nuevodisco de la protagonista de “Anticristo” está escrito y compuesto en su totalidad por un Beck que ha sabidopotenciar las virtudes de la Gainsbourg: su frágil y susurrante forma decantar, y la variedad registros que es capaz de alcanzar. Canciones excelentescomo “Heaven Can Wait”, “Me And Jane Doe” “In The End” o “Time Of TheAssassins”, demuestran que esta unión ha sido todo un éxito

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