El pasado viernes el Festival Paraíso abría sus puertas por segundo año consecutivo en el Campo de Rugby de la Universidad Complutense de Madrid, esta vez con el apoyo del festival Sónar. Bien organizado -sin dramas de baños o espacio insuficiente para el aforo- y con detalles de agradecer, como zona de baterías portátiles o comida ecológica, esta edición se presentaba jugosa ya desde primera hora de la tarde.

Los canadienses Bob Moses daban buena cuenta de ello haciendo cantar al personal a golpe de los singles que pertenecen a sus dos discos publicados por el sello Domino, mientras que a la misma hora  Nicola Cruz abarrotaba el escenario Manifiesto by Absolut: sorprendió su presencia en un escenario claramente insuficiente en términos de aforo para el interés que despierta hoy por hoy la propuesta del productor franco-ecuatoriano.

Sin embargo, el principal plato fuerte de la noche, los escoceses Chvrches, dejaron al público a medio gas, tras una actuación correcta pero con un sonido un tanto intermitente, algo que de alguna forma se intuía desde los primeros compases del show, en los que la voz no terminaba de escucharse. No obstante, su vocalista Lauren Mayberry derrochó actitud en directo y hasta tuvo un par de intentos de hablar en español. Mientras Mayberry adornaba los temas con giros en bucle cual una bailarina de ballet, la banda repasaba los éxitos de su penúltimo y último trabajo; Kaleidoscope, Rise Above, el más nuevo Graffiti y The Mother We Share  para el postre. Se quedó en el tintero Here With Me, el tema junto a Marshmello que debería haber situado a la banda en ese mainstream que tanto anhelan. Pero la polémica por cuestiones vinculadas con la posición del DJ norteamericano sobre cuestiones relacionadas con el machismo han hecho que la banda opte por no interpretar el tema en directo.

Al rato ese superclase que es Cerrone maridaba sus temas con madurez. El retorno al escenario Paraíso se hizo más llevadero y eléctrico gracias a un set cargado de bases setenteras, disco y minimal New Wave, como si de un cruce en directo entre Flight Facilities y ABBA se tratase. En ocasiones Barbara Tucker, la vocalista elegida para la ocasión, lograba transportar a la audiencia a un universo mitómano cual Grace Jones en Studio 54, y así lo denotaban las visuales). Clásicos del sonido disco como Supernature, Je Suis Music o Hooked On You, ya como broche final, dejaron el listón en todo lo alto.

Los franceses Polo & Pan ofrecieron probablemente la visión más ensoñadora de la noche, con sus tropicales ritmos y sonidos orgánicos que hicieron que todo el público bailase en comunión en el más abierto espectro cognitivo. Y mientras el DJ barcelonés John Talabot hacía de las suyas en el escenario Club con un set correcto pero algo monótono para el slot de programación, el madrileño Jackwasfaster entrenaba su audaz techno entre los fieles que se acercaron al nuevo escenario Nido, estrenando para la ocasión su nuevo tema Luddites Fan Page, incluido en su nuevo EP Perro viejo). La otra sorpresa de la noche fue el set de Young Marco -no en vano al australiano le apodan “el DJ de manos mágicas”- con una exhibición de ambient, house y psicodelia jazz que terminó en prórroga casi avisada.

El segundo día, con un considerable menor número de asistentes -quizá los efectos de la resaca, quizá la contra programación típica del fin de semana- Rhye salían al escenario principal tras un potente set de Superorganism con el que había arrancado la jornada. Desde el inicio, la audiencia se mantuvo casi absorta con el magistral ejercicio de directo que tuvo lugar durante casi hora y media. No solo por el despliegue de instrumentos que cubrían el escenario: además de guitarra y bajo, violín, contrabajo, piano, batería y teclado, más una batería extra de pie para uso personal del vocalista. La exuberancia ambiental subía de nivel cada vez que el bajo y la percusión hacían de las suyas, o sucedía algún momento tan señalado como los solos de la violinista y la pianista, maravillas solo al alcance de algunas formaciones como la de Toronto. Los canadienses nadaron hábilmente entre su discografía, con en su último trabajo (Spirit, editado hace tan solo un mes) muy presente en el set. Su elegante mezcla de R&B, soul y folk-rock les sale tan natural como demuestra el componente improvisatorio de Milosh, que no dejó de usar las palmas y la batería de pie para acompañar a las líneas vocales en algunos temas. Tras un concierto mágico Rhye confirmaron que son un must en cualquier festival de altura.

Una magia cuyo testigo no tardó en recoger Charlotte Gainsbourg. A la artista multidisciplinar gala le acompañaban otros cinco músicos increíblemente acompasados hasta en la indumentaria. Con una nueva propuesta más electrónica, a la pequeña del clan Gainsbourg le costó entrar en escena sentada con su piano, en medio de una eficiente puesta en escena a base de luces de led. Sin embargo, a la tercera canción ya estaba demostrando su conocimiento del idioma español y dos más tarde agarraba el micrófono para situarse de pie junto a su corista. No retomaría el asiento hasta el penúltimo tema, hilando éxitos en su cada vez más interesante propuesta: a magnífica Deadly Valentine -con producción a cargo de Sebastian-, Rest, Sylvia Sais… Un tributo a lo chic que nadó entre el disco, el mininalismo y el french touch noventero.

Con tan fina ejecución, la elección posterior era arriesgada. Peggy Gou fue una artistas de las más esperadas, preparando el ambiente con una foto con Laurent Garnier horas antes de su actuación. Se nota la escuela, ya que la surcoreana ofreció uno de los sets más cañeros de la noche, quizá un poco precoz para haberse adelantado a Mount Kimbie. Los británicos perdieron casi treinta minutos de su set debido a problemas técnicos en el escenario, por lo que pidieron sinceras disculpas antes de irse, con la frustración aun palpable. Sin embargo, si lo bueno es breve, tanto su elección de set -con preferencia al apoteósico Love That Survives, su última referencia de estudio- como su impecable puesta en escena con una vocalista y teclista encargada de empastar cada parte muy eficientemente, resultaron irresistibles. Un aperitivo a modo de recena para coger fuerzas cara a la tanda final de propuestas nocturnas.

En el escenario Club, Pional ofreció un techno sublime para el personal más adelantado de la noche. El DJ y productor madrileño se manejó con el upbeat entre los ritmos tropicales, el house y el pop, con el éxito de los mixes de Malamente o Samba Di Janeiro. Quizá por eso cuando llegó el turno del irlandés Mano Le Tough (que enlazó la pinchada sin presentación de por medio) la oferta se presentaba un tanto monótona. Pero en este punto de la noche, Laurent Garnier castigó con su techno más elevado a un público aun deseoso de quemar la pista de baile hasta el cierre. Plato exquisito para el consumidor fan, el reputado DJ y productor francés ofreció una digna sesión para dejar el listón (y los ánimos) de esta edición muy arriba tras despedirse a las 5.30 con una sonrisa en la boca. Definitivamente una oda a la electrónica de calidad muy necesaria en nuestra ciudad.