Con la fiebre del electroclash reducida a ascuas, la atención mediática que hace dos temporadas se centró en Nueva York más propensa ahora a orientar su radar hacia otras latitudes (léase una Canadá en ebullición) y la guardia ya muy atenta a no comulgar con ruedas de molino ni a aceptar cualquier propuesta más o menos resultona como animal de compañía, llega el momento de preguntarse: ¿aguantan el tipo A.R.E. Weapons como banda medianamente relevante en el contexto rock actual? Uno más bien se inclinaría por decir que no.
Y es que no otra cosa puede decirse de su segundo álbum, alimenticia entrega que parece predestinada a engrosar las cubetas más devaluadas de aquí a un par de años. En ella se suceden, con algo más de pena que de gloria, los cafres exabruptos a mayor gloria del espíritu de Stooges o MC5 (“Push Em Back” o la inicial “These Tears”; esta última, con todo, de lo más decente del disco), las agrestes y rudimentarias andanadas de furibunda filia pro-Motorhead (“Reggie”, “Be Nice”) y las rutinarias muestras de cacharrería electrónica lo- fi hijas bastardas de Suicide (caso de “Doghouse”) o P.I.L. (“Weakest Ones”). El álbum acaba haciéndose un mazacote repetitivo, denso y excesivamente largo.
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