Más allá de que en reseñas como estas puede ser necesario dar algo de contexto en cuanto a lo referido a estilos musicales autóctonos, contexto histórico y devenires personales, en el caso de “Massa” de la cantante, guitarrista y actriz maliense Fatoumata Diawara, la luz de su musicalidad tiene una presencia tan directa, tan transparente que sin preámbulos podríamos dirigirnos a las sensaciones que evoca su escucha.
Como en toda experiencia musical, ya sea en una escucha de un disco o en presencia de un show en directo, los condicionantes (coyunturales, técnicos, culturales y hasta climáticos) son parte del resultado final, pero aun así, “Massa” puede tener la capacidad de crear su propio ambiente.
Del mismo modo que pasa con artistas como Erykah Badu o Sade (por poner dos ejemplos arbitrarios) con Diawara, y muy a pesar de ser un acto “exótico” en Occidente, la música logra convertirse en el oxígeno del torrente sanguíneo del escucha, así como por arte de magia.
Por lo dicho es que “Massa” se desarrolla como una historia vista a través de lentes que disparan flares de brillos no estridentes; una zaga que se escucha mediante altavoces que lanzan sonidos, pero también colores de esos que se ven con los ojos cerrados.
Una voz única, soltando verdades existencialistas de las fuertes, vestidas todas de instrumentaciones que rozan la perfección. Es que el enfoque en este caso es personal al nivel de prescindir de colaboraciones, a diferencia del también destacable “London KO” de 2023, en el que abría su juego al talento de gente como Damon Albarn, -M-. Roberto Fonseca o Angie Stone.
En el funk de “Djame”, “Tati Bakary” o “Mogo”, en el pop de raíz de “Tcheba“, en la espiritualidad de “Massa” o de “Farana” y en la dulce calma de “Nden” o “Lahidou”, allí aparece una maravillosidad capaz de transformar un rato cotidiano (el de ponerle play en cualquier situación del día a día) en un auténtico momento de calidad. Un hechizo en el que caer con total tranquilidad.
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