Hablar sobre el nuevo álbum de Fernando Lagreca es lo mismo que hacerlo de la noche como una geometría herida. Este “Motion Tactics” no es música, es una arquitectura de silicios y desvelos que se levanta contra la vulgaridad del estruendo. Lagreca, ese uruguayo abarcelonado de alma europea y sintetizador de seda, se ha tirado por fin a la piscina del techno. Pero no a la balsa municipal de los festivales de plástico y BPMs de infarto juvenil, sino a una charca profunda, oscura y sagrada. Es un disco que suena a lo que queda de nosotros cuando se apaga la luz de la mesilla: una pulsación mecánica, una resistencia de válvulas que se niegan a morir en el olvido del mainstream. Dice Lagreca que lo suyo son granitos de arena; yo digo que es mármol negro. Mi tocayo maneja el bombo con la precisión de un joyero ciego; hay en sus pistas una elegancia de dandy que sabe que el ritmo es la única forma de orden que nos queda en este caos de 2026. No busca el aplauso fácil del clubber que salta, busca el sudor del que piensa mientras baila, del que entiende que la atmósfera es el oxígeno del alma. Es un trabajo de "solo techno", sí, pero con la humildad de quien sabe que para ser puro hay que haber sido antes muchas otras cosas. Un disco magnífico de hardware valiente, de software inteligente y de una belleza fría que quema. Pasen, lean, bailen y, sobre todo, no molesten: Lagreca ha dictado sentencia en la pista.
Elegir un único track de “Motion Tactics” es como intentar elegir una sola sombra en un callejón de Berlín: todas son la misma y todas son distintas. Pero si hay que ponerle nombre al sudor, hablemos de esa arquitectura de silicio, antes ya referenciada, que Lagreca ha levantado con el pulso firme y exacto de un cirujano. En este disco, el techno no es una agresión, es una confesión. Hay cortes donde el bombo no golpea, sino que empuja, con esa elegancia del hardware que Lagreca domina. No busquen aquí el "chimpún" de verbena; busquen la atmósfera, ese oxígeno denso que permite que el oyente, harto de los BPMs de infarto, encuentre por fin un refugio con identidad. Se nota el "workflow" del hardware, esa suciedad limpia que solo dan las máquinas cuando se las quiere bien. Es un trabajo pensado para la escucha atenta, pero con el motor suficiente para que el club se convierta en un templo de resistencia.
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