No es que Álvaro Benito, Pablo Alonso y Héctor Polo hayan abandonado su fórmula de punk pop juvenil, sino que a estas alturas no queda otra que ampliar el foco con canciones como su single “No vale entristecer”. Insisten en que es su mejor trabajo, y probablemente sea así. En febrero del 26 empezaron dos años de gira, primero en ciudades poco habituales y después, festivales. La culminarán en 2027 en grandes recintos.
Llegan con puntualidad británica a la oficina de su promotora. Cordiales y con las cosas claras, sostienen algunos puntos de vista sobre la industria alejados de lugares comunes y amateurismo mitificado. Insisten en que siempre han hecho lo que han querido, lo cual no les ha garantizado ser tomados en serio por cierta “policía musical”, como Álvaro ha definido el fenómeno.
“La vida es hacia delante hasta que llega un momento en el que miras mucho por el retrovisor”
Lo que parece claro es que en sus nuevas composiciones permea una madurez que les sienta bien. (Álvaro) “Más allá de la percepción que puede tener la gente de nuestras canciones mas conocidas, han pasado veinte años de la mayoría de ellas. El grupo es mucho mejor. Somos mejores músicos, yo soy mejor compositor…Es inevitable simplemente por las horas de vuelo”.
No obstante, “a nivel estilístico hemos intentado mantener la esencia, abrazar lo que es nuestro concepto y nuestra manera de expresarnos, lo que pasa que con las herramientas que tenemos ahora. Yo entiendo tu percepción, porque las canciones están mejor hechas. Es que es así, a pesar de que no podamos competir con los éxitos del pasado. Algunas las conocen hasta gente a la que no le gusta Pignoise. Es difícil que una canción de las nuevas cale tanto, pero son mucho mejores”.
La longevidad, que un grupo mantenga y en el mejor de los casos renueve su público, no es fácil y menos en estos tiempos de extrema volatilidad y competencia. Ellos lo han conseguido. (Héctor) “En Spotify For Artists sale nuestro rango de público: de dieciocho a veinticinco años tenemos más de un veinte por ciento, y de veinticinco a treinta y cinco, un cuarenta. En los conciertos hay gente muy joven. Es lo bueno de cómo está la industria ahora, que todo el mundo tiene acceso y la gente joven es la que más metida está en las plataformas de streaming. Es difícil, pero nosotros hemos dado como un salto generacional y estamos muy contentos”.
Álvaro tiene claro por qué en las letras de este disco asoma una melancolía que hipotéticamente debería chocar con su estilo. “La vida es hacia delante hasta que llega un momento en el que, aunque tienes que seguir mirando hacia delante, miras mucho por el retrovisor. Esa etapa llegó a mi vida hace años; en diciembre hago cuarenta y nueve, con lo cual estoy claramente en la segunda mitad del libro. Empiezas a hacer un ejercicio de análisis, de reconstrucción, de los porqués, de qué rápido ha pasado todo y cuántas cosas te quedan por conseguir. Yo pienso que estas inquietudes se acaban reflejando en las letras. Tienen mucho que ver con el momento vital, y una lógica”.
Además, la letra en su caso llega siempre al final. “Primero busco algo que me seduzca a nivel sonoro por la melodía, el arreglo…hay canciones que tienen algo y hay que buscarlas y encontrarlas. Para eso, yo le dedico muchísimo tiempo a la composición. No somos de ese tipo de grupos que se meten en un estudio dos meses a ver qué sale. Yo estoy siempre componiendo, porque hay que encontrar esas canciones que tienen algo especial. De repente, lo notas”.
“Nunca es nada impostado -continúa-, yo me dejo llevar mucho por lo que me va saliendo a partir de diferentes estímulos: a veces es un ritmo de batería, otras una idea que se me ha ocurrido tararear o con la guitarra. Busco diferentes estímulos a la hora de crear, y lo último que hago son los textos. Me maqueto las canciones ya instrumentadas y tarareadas, y como viajo mucho por mis trabajos, intento aprovechar para escribir las letras”.
Desde 2010, cuando grabaron en el salón de la casa del cantante y guitarrista, han apostado por la autoproducción en su propio estudio con medios cada vez más sofisticados. Han acumulado equipo, porque “los previos y los micrófonos son caros". (Héctor) “Lo hacemos así precisamente para tener tiempo para grabar. El proceso de este último disco ha durado casi dos años entre que Álvaro iba componiendo, nos pasaba las canciones, las grabábamos…hemos maquetado sesenta canciones y grabado para el disco veinte”.
En realidad, las maquetadas han sido noventa y cuatro, corrige el cantante. Redujeron ese número inabarcable hasta veinte, entre las doce del disco y los descartes. (Héctor) “Imagínate eso en un estudio cerrado y pagado, te cuesta tres millones de euros” (risas). Las maquetas le llegan siempre “muy producidas” a Dani Alcover (Amparanoia, La La Love You), el técnico que lleva tiempo ocupándose de las mezclas.
(Álvaro) “Yo pienso que no hay una situación ideal concreta. Cada uno elige su manera de funcionar. Pero teniendo en cuenta, sobre todo, que yo no puedo meterme dos meses seguidos en un estudio, hemos aprendido a funcionar de esta manera. ¿Que a lo mejor nos perdemos esa parte del productor que puede tener una visión externa? Bueno, hace muchos años que lo producimos todo nosotros. Pero también por necesidad, tiempos…hemos tenido que aprender, y a mí especialmente me gusta mucho”.
La idea de publicar cuatro singles seguidos en vinilo y con seis caras B que no estarán en plataformas de streaming se le ocurrió a Álvaro. “Intento en la medida de lo posible -porque como grupo nacional tienes tus limitaciones logísticas- hacer lo que los grupos que me gustan me gustaría que hicieran. Como soy coleccionista de formato físico, me gustan las ediciones exclusivas. La música no solo se escucha, yo crecí “tocándola”, “viéndola”…es la experiencia completa. En este caso, Acqustic nos ha permitido este capricho. Queríamos premiar a la gente que hace un esfuerzo y todavía compra formato físico con esas canciones extra”.
Para el batería, el título del álbum “refleja mucho el momento. Estamos muy ilusionados, sobre todo después de que la gente respondiera tan bien a nuestra vuelta. Después de una gira tan grande con “Diversión” y tras el veinte aniversario -que ha tenido un resultado fantástico-, y la guinda del Movistar Arena, ahora estamos con las ganas al cien por cien. Yo personalmente pienso que este es el mejor disco que hemos hecho. Son las mejores canciones que ha hecho Álvaro”.
“Hemos dado como un salto generacional, y estamos muy contentos”
El cantante no está seguro de que esto se deba a su “madurez”, aunque algo de eso hay. “Yo pienso que como con cualquier actividad en la vida, con las canciones vas mejorando cuantas más haces. Hay que dedicarles muchas horas. Yo lo hago, en primer lugar porque me gusta mucho”. En este disco ha refinado su habilidad natural para las melodías de voz, clave en este género. “Cuando empezamos no teníamos ni idea de nada, pero siempre he tenido esa facilidad para las melodías y soy muy exigente”.
Esa facilidad sigue conectando con público de muy distintas generaciones. “Lo hablaba con David Summers -añade-. Volvían de llenar otra vez en Estados Unidos pabellones como el Madison Square Garden, pero aquí no les dan mucha bola. Y me decía que a Hombres G les escuchan ahora niños de doce años y se enganchan cuarenta años después. Porque las canciones son cojonudas”. (Pablo) “A mis hijos les gustan, es increíble, luego escuchan cosas que no tienen nada que ver”.
La conversación desemboca en un tema espinoso: ¿Se sospecha en España de quienes tienen éxito y navegan sin complejos entre el mainstream y lo alternativo? (Héctor) “Para mí el éxito es poder vivir de lo que te gusta. Hacer lo que te gusta sin tener que atarte a nada, con la libertad con la que nosotros hacemos las cosas. Es poder defender este disco sin ayuda de nadie. Dedicamos todo nuestro esfuerzo a eso. Todo lo que no podemos controlar, nos da un poco igual”.
(Álvaro) “La percepción del éxito que puede tener una persona desde fuera es diferente. Un grupo es una empresa. Yo lo concibo así. Tiene su departamento artístico, el logístico, de marketing…y nosotros lo llevamos todo. Implica mucho trabajo y mucha pasión. A veces, mucha frustración” (risas amargas). Pablo interviene para dejar claro que las han visto de todos los colores. “Esto es una montaña rusa. Hemos pasado por el principio con el trabajo duro, luego un poquito de éxito, luego más éxito, de repente te borran del mapa, hemos vuelto…”
El trío llegó a dar 140 conciertos hacia 2007, receta perfecta para el desastre. Además, muchos de aquellos conciertos eran gratuitos. (Álvaro) “Esto ha cambiado mucho. Los festivales, a pesar de la pequeña crítica que se pueda hacer y que yo no comparto, han traído mucho bien. Por lo menos han acostumbrado a la gente a pagar por ver música en directo. Durante muchos años las giras fueron fiestas patronales, y la gente no quería pagar por ver a artistas nacionales. Se devalúa el producto. Esto tiene una lógica: si a ti te gustan mucho Foo Fighters y hacen cuarenta conciertos gratuitos en España, cuando quieran venir nadie va a pagar por una entrada”.
Respecto a su puesta en escena, se ven mejor que nunca sobre el escenario, aunque su género requiera una energía juvenil que no es eterna. ¿Estarán tocando con la edad de, ya que lo han mencionado, Hombres G? (Héctor) “No nos lo planteamos, porque ahora estamos bien. Estamos haciendo mejores canciones que nunca, y eso te incita a seguir. Pero igual dentro de cinco años decidimos bajarnos del barco, no lo sabemos”.

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