3.15.20
Discos / Childish Gambino

3.15.20

9 / 10
Sergio Ariza — 23-03-2020
Empresa — RCA
Género — Soul

Decía Prince cuando presentó el Grammy al disco del año en 2015 que los discos, como los libros y las vidas negras, todavía importan, y parece que su discípulo Donald Glover se ha tomado al pie de la letra el consejo y ha hecho un disco para consumirse a la antigua usanza, de un tirón, sin interrupciones, ni saltos de canciones. Además se ha encontrado con una coyuntura ideal para volver a reengancharnos al placer de escuchar un disco como una obra individual y no como una simple colección de canciones, el mundo está en cuarentena.

Por eso cuando el 15 de marzo apareció una página con el nombre de Donald Glover Presents en el que se reproducía en ‘loop’ el disco, una y otra vez, parecía un regalo perfecto para estos tiempos de encierro en casa. No había mucha más información pero no tardó en saberse el nombre de los colaboradores y en ponerse títulos a las canciones. Pero después de varias horas la página desapareció y nadie supo si había sido un original sistema de promoción o un ‘leak’ muy elaborado. Lo que estaba claro era la calidad de la música que allí se ofrecía, algo alejada de su canción más conocida, la espectacular “This Is America“, pero que sí que tenía algo más en común con ese ejercicio de actualización del P-Funk de George Clinton que fue “Awaken My Love!” (16), aunque ahora el foco se pone en Prince.

Finalmente, el domingo 22 de marzo, el disco vio finalmente la luz y se pudo ver que Glover, al final ha vuelto a recurrir a su seudónimo Childish Gambino, quiere que veamos esto como un todo, eliminando el título de las canciones (a excepción de “Algorythm” y “Time”) y sustituyéndolo por el momento en el que aparecen en el disco. Así se abre con “0:00”, una introducción en toda regla en la que solo se escucha repetido con mucho autotune “We Are We Are We Are”, es un comienzo intrigante que hace que le prestes toda tu atención, “Algorythm”, un juego de palabras entre algoritmo y ritmo, empieza oscura y con la voz de Glover tratada para sonar más grave, hasta llegar a un estribillo en falsete con aromas soul.

El disco fluye como un continuo, las transiciones entre canciones son un mundo en sí, como esa percusión que da paso a la luminosa “Time”, la única canción del disco que podría parecer un ‘single’ (¿le habrá dejado el título por eso?). Es el momento más pop del disco pero, aun así, como el resto de canciones, funciona mejor dentro del engranaje del disco, con ese final góspel que da paso a otra transición muy bien trabajada, con un bonito piano que nos lleva hasta el sonido de unos grillos que nos anuncian la llegada de “12:38”, la canción que mejor podría funcionar en un club a altas horas de la madrugada, con esa mezcla de vibraciones soul de los 70 y un punto trap vacilón al que ayuda la presencia de 21 Savage, además de nuevas referencias a Prince, con un punto a “The Ballad Of Dorothy Parker“. Al final nos metemos en medio de una ensoñación con la increíble voz de SZA, hasta que se distorsiona, nos despierta y se convierte en “19:10” uno de los momentos más movidos del disco, derrochando soul.

“24:19” es puro Prince, en la melodía, en la producción, en la forma de cantar (que suena calcada a su alter ego Camille de la época de “Crystal Ball“), es una gozada de tema que se va haciendo cada vez más soulero, dándole la oportunidad a Glover de demostrar su versatilidad como cantante, la canción cambia a otra segunda parte, a la que llamaremos “Thank You”, que continúa con las mismas vibraciones y retrotrae a otro gran nombre de la música negra que tanto Glover como Prince también admiraban, Sly Stone. Al final otro precioso interludio que hace uno de los pocos ‘fade out’ del disco. Hasta en eso este disco es un disco de toda la vida, fin de la cara A, y comienzo de la cara B.

En un disco con unas vibraciones muy positivas, “32:22” es la canción más abrasiva y oscura del disco, con un sonido más actual y sucio, parece la versión trap del “Yeezus” de Kanye West. Es agobiante y asfixiante, un sentimiento que se verá disipado durante el resto de esta segunda cara. Sin irse muy lejos, tras el sonido de unos animales de granja (que recuerdan a la transición entre “Lovely Rita” y “Good Morning” en el “Sgt. Pepper’s“) aparece “35:31” con su rima de canción infantil y su cambio absoluto de registro. Ha salido el sol, hace buen tiempo y nos sentimos felices. Si esto fuera el ‘Doble Blanco‘ de los Beatles este sería su ‘Ob-La-Di, Ob-La-Da’.

“39:28” comienza con una parte vocal que recuerda sobremanera al final del “Darling Nikki” de Prince, claramente la principal influencia del disco. Pero el embrujo de Prince está tan metido en los huesos de Glover, baste escuchar “Redbone“, que no suena a mera copia sino a reinvención. El trío final de canciones es espectacular, comenzando con “42:26”, anteriormente conocida como “Feels like summer” cuando se publicó en 2018. Tengo que decir que cuando salió como sencillo no me pareció una maravilla, en cambio, en el contexto del disco funciona a la perfección, casando con el estilo relajado y fluido del mismo, unas vibraciones de verano y buen rollo.

“47:48” comienza recordando al Stevie Wonder de su periodo de esplendor, es increíble que una canción con una letra sobre el peligro y la violencia en las calles suene tan bella y calmada, con un punto funk a baja cocción que la hace irresistible. Al final Glover mete una conversación con su hijo sobre la importancia del amor propio y a los tuyos que, increíblemente, no suena cursi. El final llega con “53:49″ con un comienzo que coquetea con la fuerza de “This Is America” pero que se relaja con un maravilloso estribillo soul que casa a la perfección con el ambiente del disco.

Un disco que le confirma como el mejor heredero posible de Prince. Si no consigue alcanzar el estatus de obra maestra es por la falta de un hilo conductor lírico, una vez que lo ha logrado de manera tan brillante en lo musical. Eso sí, “3.15.20“ es un nuevo recordatorio de que sigue habiendo belleza en el mundo, aunque este se vaya a pique, y de que los discos nos importan y mucho, para los buenos y los malos tiempos.

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