Diez años después de “Junun”, el debut de esta asociación multicultural que junta a Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead y compositor de un buen puñado de bandas sonoras, Shye Ben Tzur, músico israelí especialista en tradiciones sufíes y The Rajasthan Express, prestigioso colectivo indio, llega esta continuación que propone algunas diferencias en su concepción que son notorias en lo sonoro. Partiendo de la base de que aquel primer sólido primer disco, con el que el colectivo acompañó a Radiohead en gira, se había grabado en un templo en India y este en el estudio de Greenwood en Oxford. Esta “comodidad” (observada desde un punto de vista occidental) permitió, según Ben Tzur, disponer de herramientas técnicas que dotaron a esta música de un espíritu renovado.
Ciertamente se encuentra algo más de inmediatez en “Ranjha” que en “Junun”, pero otra vez, es posible que esta sensación llegue a través de los lentes occidentales con los cuales observamos estas melodías tan ajenas como fascinantes y que, a su vez, si nos entregamos a la escucha activa, resultan cautivadoras y hasta emotivas. Para apreciar cada detalle de esta aventura sonora es importante entender que sin querer o queriendo también se transforma en una declaración política. Ben Tzur es un neoyorquino criado en Israel que a temprana edad se obsesionó con la música india, en concreto con el qawwali y el folk del Rajasthan, una de las regiones indias que dictan el rumbo cultural del gigante asiático desde tiempos inmemoriales.
Si bien no es este un proyecto que se pronuncie directamente en lo político, sí que su propia concepción ha dado qué hablar en todas las latitudes posibles, aún cuando Ben Tzur dedicó buena parte de su vida a tocar en entornos musulmanes. Hecha esta pequeña introducción es más sencillo comentar que en “Ranjha” aparecen obviamente las tradiciones de la India del norte, cruzadas con arpegios radiohedianos (“Ranjha”), beats post-rockeros (“Aviv” en el que se nota el peso de la batería de Tom Skinner de The Smile), magias folklóricas con ritmos sombríos (“Ishq-e-Majnun”, “Saqi”) o instrumentaciones cinematográficas sobrecogedoras (“Sharminda”).
Del mismo modo que “Junun” de 2015 o el genial “Jarak Qaribak” de Greenwood junto al también israelí Dudu Tassa en 2023, este disco es una puerta a un mundo con una concepción espiritual profunda, capaz de evocar emociones de un modo desafiante y enriquecedor. Un viaje inmersivo de moods potentes, con incisiones occidentales ubicadas con máximo criterio (nada de “ritmos pesados de rock con cítaras por encima” como dicen los artistas en el dossier de prensa) donde nada suena a copy-paste sino que todo emula a esas recetas perfectas, donde la sazón de cada ingrediente es exacta y correspondida. A no perder la oportunidad de dejarse caer en su encanto.
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