Trenza mía
DiscosBlanca Paloma

Trenza mía

7 / 10
Víctor Terrazas — 26-06-2026
Empresa — El Tragaluz
Género — Flamenco Fusión

Publicar un álbum debut tres años después de pasar por esa trituradora mediática que es Eurovisión es un acto casi contracultural. Tras el impacto de “EaEa” y toda la exposición que la acompañó, en una industria obsesionada con la velocidad, donde cualquier pico de atención suele traducirse en una cadena de singles pensados para alimentar el algoritmo y mantener la conversación unas semanas más, Blanca Paloma ha optado por otro camino. En lugar de claudicar ante la urgencia y publicar cuatro canciones de reggaetón pop genérico para seguir siendo relevante en TikTok, ha decidido hacer algo cada vez menos frecuente: sentarse, pensar y construir un álbum.

Ese respeto por el formato largo se percibe en “Trenza mía”, un debut atravesado por una misma pregunta: cómo distinguir el amor del apego y aprender a soltar lo que alguna vez nos sostuvo. No es casual que la ilicitana decidiera cortarse la trenza durante la presentación en el Teatro Magno de Madrid; un gesto que funciona como acto fundacional del nuevo camino que quiere recorrer, despojándose de amarras para buscar una identidad sonora propia.

La cuestión es que el discurso resulta más interesante que las herramientas elegidas para desarrollarlo. Mientras contemporáneos como, pongamos por ejemplo, Raül Refree con Maestro Espada exploran nuevas formas de dialogar con la raíz, José Pablo Polo orienta la producción casi en exclusiva a blindar la voz de la ilicitana. Es una estrategia comprensible; su rango vocal es extraordinario y sostiene cada composición, pero en ocasiones acomodada. Al final, piezas como "Lo fugaz", "Alma rota" o "Sentadita en la escalera" orbitan alrededor de un imaginario sonoro muy cercano al Eurovisión que la dio a conocer, alternando guitarras convencionales con tímidos matices de drum & bass o un Eurodance que no termina de sorprender.

Sin embargo, cuando la artista ilicitana sale de las estructuras convencionales, el disco crece. Ocurre al adentrarse en terrenos ligados al bolero-bachata de “Te recuerdo”, a la bulería con Rocío Márquez en “Tarara Loca” y, sobre todo, en el díptico que conforman “Un instante” y “Tiene tu nombre”. Aquí, campanas de iglesia, un poema de Lina Abu Hashish Behoul sobre Palestina y el rango vocal de Blanca construyen el pasaje más emocionante del largo. Canciones que quizá no tienen esa urgencia de electrónica expansiva, pero que sin duda amplían la renovación de la música de  raíz actual.

 

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