En sus orígenes, la banda guipuzcoana Los Veletas comenzó berreando y tocando hardcore, pero algún cambio de formación hizo que el proyecto diese un volantazo, para acabar transitando por carreteras y territorios más limpios, melódicos y variados. Tras la publicación, en 2024, de su LP "Amor, playa y más cosas", saltan a la palestra de nuevo con "Petit Paris", EP de seis canciones de sonido fino y redondo.
'Bukowski' funciona de maravilla como carta de presentación. Ritmo, melodía, potencia, estribillo chispeante y garra, con unos teclados fascinantes que crean una fantástica atmósfera, y con una sección rítmica que no se deja nada en el tintero. Un single con todas las de la ley.
"Verte marchar" se podría describir como una balada romántica de aires surferos, que recuerda, sobre todo en su parte vocal, al pop lánguido donostiarra de toda la vida, aunque instrumentalmente aporta ramalazos guitarreros que crean un envoltorio más sólido a un conjunto que hace un guiño al universo indie.
El tema que da título al disco recuerda a los Pixies con esa intro de bajo, para ir desembocando en un pepinazo poprockero que tira de ironía para describir la realidad de la nueva Donostia, ciudad cada vez más turística y fomentadora de un ambiente de lo más artificial.
"Sabes muy bien" continúa con la deriva indie, ese indie noventero, el auténtico, el que tantas alegrías nos trajo en aquella lejana década, mágica y maravillosa. Pop sencillo, tal vez algo ñoño a primera vista, pero que acaba convenciendo con su optimismo y buen rollo.
Con "Solo estamos tú y yo", Los Veletas declaran su amor, aparte de a la persona a la que dedican la letra, al pop luminoso que facturaban Los Brincos y demás adalides de la explosión musical española que tuvo lugar en los años sesenta, así como a la psicodelia de la costa oeste norteamericana, y que sorprende con un minuto final trepidante y apoteósico.
La grabación concluye con "Ayer follé", llamativo y cachondo título para un tema no del todo instrumental, pero casi, que ejerce de optimista epílogo, con esos gemidos femeninos incluidos, que hacen viajar la imaginación a esas míticas bandas sonoras del cine erótico del siglo pasado.
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