La sala Zentral fue testigo de la presentación de las nuevas canciones de Toundra. El grupo madrileño, como los navarros Berri Txarrak, tiene el honor de ser un grupo bisagra de muchas cosas que se hacen en la música alternativa de guitarras. En sus conciertos podemos ver al fan metalero mas irredento junto al entusiasta de su vertiente más calmada y atmosférica. Todo un logro si a ello le sumamos el carácter innovador en un género en ocasiones tan estanco como el que llevan adelante en donde no han dudado en colaborar con gente como el Niño de Elche en su proyecto Exquirla.

Y es que su post-rock instrumental los ha llevado a lugares inaccesibles para muchos otros artistas de sus coordenadas a lo que han añadido la vertiente internacional, demostrando que se puede ser profeta en tu propia tierra y en la ajena sin perder un ápice de personalidad. Si por algo destaca la sala en la apertura de puertas es por su mayoritaria presencia del público masculino, asignatura pendiente que vamos a dejar ya a nuestros hijos, la de que los grupos de guitarras poderosas no sea una cuestión de género.

En un día difícil para un concierto por la sobreabundancia de oferta, los madrileños fueron capaces de congregar a casi 400 personas en una noche fría y lluviosa. Abrieron La Red Bullet, el grupo que con sus devaneos post-rock fueron un gran aperitivo en un concierto que se hizo incluso corto. Los pamplonicas son una rara avis dentro de la escena foral por lo que deberíamos permanecer atentos a la continuación del fabuloso “Origin Of Seeds”.

Con un telón cerrado y el “Breathe in the Air” de Pink Floyd aparecieron Toundra en escena. Abrieron con “Cobra” y “Touareg”, dos poderosos temas que en directo aún suenan más majestuosos si cabe en lo que es todo un viaje entre guitarras por el desierto como el que ilustra la bonita portada de su último disco. No sé si por vergüenza o por la rara liturgia que conlleva un concierto en Pamplona, fue el propio grupo el encargado de hacer moverse a hacia las primeras filas.

Porque si por algo destacan Toundra es por la complicidad en escena, se saben parte de un engranaje como generadores de sonido y las continuas miradas entre ellos durante todo el show así lo demuestran. Su manera de transmitir emociones no necesita de micros y sume a la colectividad en una especie de trance colectivo en el que su guitarrista Esteban J. Girón hace las veces de nexo entre público y banda gracias a su energía y entusiasmo. La fuerza por tramos de “Kitsuné” de su anterior disco, el tema que, en sus propias palabras, casi acaba con el grupo “Magreb” y los once minutazos dream rock metaleros de “Mojave” nos traen a una banda consciente de que su fijación en trabajar temas de larga duración son los que finalmente les proporcionan unos mayores réditos artísticos en escena .

La intensidad de sus canciones crece exponencialmente sobre las tablas en una montaña rusa de cambios de registro perfectamente sincronizados. Su música podría pasar por seria pero tiene una aureola positiva, como de catarsis metalera en la que buscan la comunión con el público. Con un final con “Kingston Falls” y tras el bis, la vista puesta en el puesto de merchandising nos daba la prueba más clara de que lo de Toundra había sido un triunfo.