Dani Miller, la vocalista de Surfbort, subió al pequeño escenario de La Ribera con chándal de fantasía, tacones y maquillaje ochentero. Tras ella Alex Kilgore y David R. Head Jr. en las guitarras y Sean Powell a la batería. Eso es, sin bajo. La formación de Brooklyn (NY), en la cresta de la ola tras girar con The Black Lips, Amyl and The Sniffers, The Growlers, Wolf Alice y fichar por el sello de Julian Casablancas (The Strokes) empezó a todo volumen, dejando claro desde el principio que iban a degüello, que venían a descargar buen noise-punk-garagero, como si se tratara de una reencarnación skater de The Stooges.

Tras encadenar las tres primeras canciones sin apenas espacio para coger aire, finalmente la descarada cantante de Surfbort se dirige al respetable para presentar “Where’s my shit”, canción que va “de cuando te despiertas después de un buen pedo y no sabes dónde estás”. Más cercana a Ari Up (The Slits), que a Courtney Love (Hole) a pesar del deje grunge de algunos pasajes que recuerdan a L7, la presencia escénica de la vocalista es innegable. Sobre todo cuando entona himnos de liberación sexual como “Les be in love”. Descarada y divertida, no hay momento para el aburrimiento de Dani. Si hace falta canta con dos micros aunque uno de ellos acabe en el suelo del escenario, baja a cantar entre y con el público, se queda en bikini alardeando de pelos en las axilas o se burla de nuestra adicción a los móviles antes de entonar ese himno milenial que es “Selfie”. “You take five hundred selfies a day, you can´t look away from the mirror or your camera…” Mensaje irónico que se pierde en la traducción mientras parte del escaso público congregado se dedica a inmortalizar y compartir el momento en lugar de disfrutarlo.

Un escueto parón provocado por problemas técnicos en la batería sirve de descanso antes de que los neoyorquinos encaren la recta final del concierto con su particular mezcla de sleazy NY rock y west coast hardcore punk que los hace intensos sin llegar a cansar, incendiarios sin llegar a abrasar. Sensación liviana que rematan terminando su set a los 40 minutos de haber comenzado. En la gira de “Is This It?” The Strokes tocaron 47 minutos en La Riviera de Madrid. Igual que aquel día, nada que objetar. Punk’s not dead!