El pasado sábado recalaba en Bilbao Soundhood, una iniciativa de Son Estrella Galicia que busca dar vida a los barrios de las grandes ciudades. En esta ocasión, los eventos se centraron en la zona de Bilbo Zaharra (Bilbao La Vieja o “Bilbi”), con diferentes actividades a lo largo del día, incluyendo varios conciertos en locales del barrio. Y como colofón, la propuesta final no podía ser más atractiva: un concierto con un cartel triple en Bilborock, protagonizado por tres bandas jóvenes con mucho que decir.
En primer lugar, salieron a escena Toldos Verdes, desde el madrileño barrio de Las Delicias, representantes de esa corriente punkpopera y garagera de la capital, y que tiene sus grandes exponentes en bandas como La Paloma, Shego y, sobre todo, Carolina Durante, de quienes Toldos Verdes se diferencian, sobre todo, en el aspecto lírico, ya que los de Las Delicias se caracterizan por el carácter romántico de la mayoría de las letras de sus canciones, tal y como evidenciaron en su concierto de Bilbao. Con un repertorio basado en los temas de su último trabajo, publicado este mismo año, “Hace tiempo que quiero estar así”, el cuarteto interactuó constantemente con el público de la sala, y dieron rienda suelta a su vena popera en canciones como la inicial “Contigo en sitios”, en las dos colaboraciones que en estudio hicieron junto a San Tosielo (“Sin ti” y “Es una pena”) o en “Si por mí fuera”, el tema que, en su momento, grabaron junto a otra prometedora banda joven, como son Agosto.
Toldos Verdes también se acercaron al punk gamberro en temas como “Formigal” o “Amor Vampiro”, y al post punk en “Tres días” o “Ascensión Bielsa”, y aceleraron la propuesta en varias fases del show, como cuando ejecutaron “Estoy al otro lado”, mostrando una cara más macarra de la banda, donde personalmente, creo que podrían funcionar aún mejor.

Tras este primer bolo, llegó el hostión descomunal con Big Special, sin duda –o al menos para mí- lo mejor de la noche. Desde Birmingham llegaban Joe Hicklin y Callum Moloney para dar un conciertazo que todos y los que estábamos en Bilborock tardaremos en olvidar. Porque con una propuesta que podría parecer tan minimalista, y que podría recordar a bandas ya reconocidas como sus compatriotas Sleaford Mods o Bob Vylan, los del Black Country demostraron una personalidad brutal en un repertorio disparado a bocajarro, y en el que fueron pasando del spoken más puro de temas como “Black Country Gothic”, o “Mongrel” al hip hop de “God sabe the pony” o “Proffesionals”, el jungle de “Hug a bastard”, el hardcore de “Yessboss”, el punk de “Shithouse”, e incluso acercándose, a su manera, al soul con “This here ain´t water”, donde por cierto, Hicklin se lució a las voces de una manera descomunal.
Todo ello sin parar de arengar al público ni un solo segundo, intercalando pasajes que se acercaban al rock industrial como “Shop music” o la oscura “Dig!”, con divertimentos como “Tree”, y dejando mensajes potentes contra el poder y la preocupante situación social, que aunque ellos centraron en la política de su país natal, podrían extrapolarse a la mayoría de países de esta sociedad occidental nuestra que tan lentamente agoniza, al son de lo que marcan los cuatro “tarados” que dominan el mundo hoy en día… en fin, ese es otro asunto, pero en lo que concierne a Big Special, y resumiendo muchísimo: un lujazo de concierto, tan breve como intenso... “rápido y sucio”, que dirían los gazteiztarras Obligaciones. Y es que, personalmente, cada vez tengo más claro que así deben ser los buenos conciertos, porque como alguien me dijo alguna vez (creo que, precisamente, fue el cantante de Obligaciones, el Pela), “lo que no has sabido contar en 50 minutos de bolo, ya no lo vas a contar”. Una verdad que, en estos tiempos de inmediatez parece más que evidente.
Y así, igual de rápido, igual de directo, e igual de intenso fue el último concierto de la noche. En este caso, Sprints, llegadas desde Dublín mantuvieron el nivel con una propuesta totalmente diferente, pero igual de válida. Lideradas por la hiperactiva vocalista Karla Chubb, ofrecieron un bolo de algo más de 45 minutos en los que repasaron los temas de sus dos álbumes publicados hasta el momento: “Letter to self” (2024) y “All that is over” (2025).

Comenzaron desatando la furia con “Something´s gonna happen”, que daba paso a un huracán que, sin dar un segundo de tregua, transitó por el rock trepidante de “Descartes”, “Need” (la mejor del lote para un servidor) o “Heavy”, el punk oscuro y distorsionado de “Beg”, el garage de “Deceptacon”, el post punk de “Literary mind” o de “Little Fix”, pasando por el pop de “Feast”, e incluso un leve acercamiento al black metal en ciertos pasajes de “Up and comer” y al trash en “Cathedral”, otra de las cimas de un concierto notable, con el que se daba por concluida una jornada maratoniana que demostró, una vez más, la importancia de salirse del circuito festivalero y de megaconciertos, y de acercarse a las salas de pequeño y mediano formato para descubrir bandas como las que pudimos disfrutar en Bilborock donde, por cierto, hay que destacar que el trabajo de los técnicos de sonido fue impecable.
Tres bolos en algo más de tres horas que se pasaron como un suspiro, y que nos sirvieron para conocer –y adorar, en alguno de los casos- a tres jóvenes bandazas. Y es que, insistimos, “Lo bueno si es breve…”. Pues eso: Rápido y sucio. Siempre mejor.
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